Otoño en Málaga – Pablo García Baena

Dedicado a Málaga


Huésped ligero el otoño llega
silencioso hasta Málaga. Yo rezo
por sus vendas benéficas de lluvia
fijando el dulce corazón maltrecho
del verano y su carne. Beso llamas
en las murientes hojas del recuerdo.
Adiós, fría glorieta. Sobre el banco
extiende octubre harapos verdinegros.
Caen frutos y pájaros. La niebla
cicatriza los besos.

La abeja – Miguel Gutiérrez

Se acerca un niño goloso
á un panal de rica miel 
y al contemplar, envidioso,
posada una abeja en él
matarla quiere furioso.

Mas de su mala intención
hubo luego de quejarse,
pues al consumar su acción
sintió en su dedo clavarse
la punta del aguijón.

Ayes de dolor exhala,
y al querellarse no advierte
que su ingratitud propala:
ella su miel le regala 
y él, en pago, le dá muerte.

los mejores hombres son más fuertes solos – Charles Bukowski

casi siempre mientras un hombre intenta
escribir
alguna mujer no para de entrar y salir,
quiere tal,
quiere cual.

casi siempre mientras un hombre está escribiendo
mantiene discusiones simultáneas con alguna mujer.

no es fácil discutir con una mujer y escribir
al mismo tiempo.
a veces creo que algunas mujeres tienen celos de
la máquina de escribir.

la máquina de escribir les costea comidas en restaurantes,
un coche decente, ropa, zapatos.
pero tienen celos de la máquina.
«cuando subes a escribir, me quedo aquí
sola», dicen.

cuando subo a escribir yo también estoy
solo.
hubo veces en que no había
adónde subir.
hubo veces en que solo era una habitación
con el retrete al fondo
del pasillo.
hubo veces en que no había habitación
ni máquina de escribir, solo un banco
en el parque.

«esa máquina es tu muleta», dicen
con buen juicio.

soy muy viejo para volver a la fábrica,
la fábrica no me querría
ya.

por suerte
esta máquina me ha sido tan fiel
como cualquier mujer que haya conocido.

y esta noche es una noche especial.
estoy solo de nuevo
igual que cuando empecé.

mis dedos sacuden las teclas.
la guerra nunca ha cesado.
me gusta esta lucha.

y ahora me doy cuenta de que
no hay nada tan hermoso y
tan puro y tan perfecto como una frase
bien escrita.

Versos sobre tu piel – Viviane Nathan

Puedo remontarme al deseado placer
subiendo lentamente,
respirando quieta, inmóvil,
sin que nadie se dé cuenta
hasta la cumbre inaudita de la imaginación
—muy cerca de tenerte—.
Extender mis fronteras tibias
(los bordes de la piel,
los mil años junto a ti
y toda mi vergüenza)
romper con ruido este silencio
y soñar con tu cuerpo
—dulce imagen que cautiva—
haciendo de mis ojos —fuego—
de mi aliento —una caricia—
de mi voz una lluvia de besos,
de mi deseo un verso.
Puedo querer tocarte con los dedos
y revivir la pasión que se durmió no sé que día
bajo las sábanas blancas de mi lecho...
Porque soy una balada ronca de amor,
una boca que se mueve despacio
buscando, húmeda, un beso.
Y me encuentro loca en tu ancha cordura
sintiendo esto que siento...
Porque soy hembra como la vida misma,
fuego que arde bajo el sol de tu rostro
desde hace tiempo.
Yo puedo remontarme al deseado placer
y cabalgar toda la noche
sobre las colinas de tu cuerpo
mientras te cuento dulcemente que me gustas
y te confieso mi pasión en un verso...

Fui su amante – Charles Bukowski

ahora me toca a mí
ascender a través de la ola verde
de burbujas de sangre,
mi cuerpo,
cebo en algún inmenso anzuelo;
nombres, ciudades, sueños,
ahora me toca a mí,
los he visto irse a todos,
amigos y amantes,
he visto al pianista seguir tocando
después de que se hubiera ido el público,
ahora me toca irme a mí,
toda la magnitud reducida a un dedal,
abajo,
abajo
con ellos, con ella,
ciudades tomadas y enterradas
así,
animales como montañas
y las propias montañas,
relámpagos y plegarias y luego
el mar,
extinguidos somos
como la nada,
como la nada somos
y el pianista sigue tocando
mientras diablillos se deslizan barandilla abajo,
me hundo
ahora a través de la ola verde
donde ningún rayo alcanza,
sostenedme,
aire y agua,
sostenedme,
apagad las
voces de las caras que comen pan duro y rechinan los dientes
y no dicen más que mentiras,
fui su amante y ella era la vida
y volvió la espalda y se marchó.

Hemeroteca – Antonio Rivero Taravillo

                I

Aparta ese atril, muchacha.
¿No eres muy joven para el pasado?
Tus ojos, que no son para el ayer
están hechos para que se vean
antes de que tu tiempo se encuaderne,
antes que se desencuaderne tu belleza.

                II

Abuelo a quien nunca conocí,

en esta hemeroteca mexicana
hoy han voceado tu apellido
con acento chilango: nuevamente
ochenta años después de que dejaras
este país caótico y hermoso,
el aire imita al que llevara el tuyo
en la clínica aquella en que nació tu hija.

Pronunciando hoy nuestro apellido
—igualmente llamó la comadrona—,
me traen un atlas del tiempo.
Corriente submarina o viento fuerte,
las sílabas son ondas:
marea entre dos costas y dos siglos
unidos aquí ahora, en este instante.

Como un sismo concierta con su réplica,
me sigo abriendo paso en el pasado.

                III

No fue falsa amenaza:
las largas columnas de blindados
dieron en guerra,
el presidente electo
fue luego asesinado,
pero siguen festejos,
celebraciones,
y aún los soldados no han muerto.

Esa obra será siempre un éxito,
la niña que en la foto sonríe
no va a ser violada, porque ahí
no conoce el horror. Esa pareja
será siempre feliz pese al divorcio
mil números después.

Como en el horóscopo,
escrita está la suerte: solamente
que en un tomo distinto de otro año.

Aquí se completa el crucigrama
de vuestras horizontales con mis vértigos,
y no pocas casillas hoy comparten
la ausencia de sentido, el negro, el hueco,
como el hoyo o la noche
cerrada en que salían los periódicos.

                IV

Extraño este destino que me toca
de daros nueva vida unos segundos
mientras paso las páginas
en busca a la que sois ajenos.
                              Hoy
un instante se cruzan nuestros tiempos.

Os visito y vosotros visitáis
este año que es vuestro futuro.
Poneos cómodos, sentaos:
compartamos noticias, pero ved
que el mundo no es mejor en vuestra ausencia,
que el mundo no es peor en tanto hojeo
el tomo en que alentáis y pido otro.

Ahora relleno otra ficha,
y esa manifestación ya disuelta,
un fuego, un tiroteo, un terremoto,
la canción ganadora, un nuevo récord
regresan y se van como vinieron.

Y todo este volumen polvoriento
se vuelve, dilatada, vuestra esquela.

Reseña del poeta

¿Al guna vez has besado a una pantera? – Charles Bukowski

esa mujer cree que es una pantera
y a veces cuando hacemos el amor
gruñe y bufa
y el pelo le cae sobre la cara
y mira por entre las hebras
y me enseña los colmillos
pero la beso de todos modos y nos seguimos amando.
¿alguna vez has besado a una pantera?
¿alguna vez has visto a una pantera hembra gozando
con el acto del amor?
no has amado, amigo mío.
tú con tus ardillas y cobayas,
elefantes y ovejas.
tendrías que acostarte con una pantera,
ya no querrás nunca
ardillas, cobayas, elefantas, ovejas, zorras,
lobeznas,
nunca más nada que no sea una pantera
la pantera que cruza por mitad de la habitación
la pantera que cruza por mitad de tu alma,
todas las demás canciones de amor son embustes
cuando esa piel negra y tersa se mueve contra tu cuerpo
y el cielo te cae en la espalda,
la pantera es el sueño que se ha hecho realidad
y no hay vuelta atrás
ni ganas de que la haya...
la piel contra tu cuerpo,
la búsqueda ha terminado
y estás inmovilizado ante los ojos de una pantera.

Poesía de todas la épocas y nacionalidades