En una de esas tardessin más pintura que la de mis ojos,te desnudéy el viaje de mis manos y mis labiosllenó todo tu cuerpo de rocío.Aquel mundo amanecido por la tarde,con tantos episodios sin historias,fue silenciosamente abanderadoy seguido por pueblos de ansiedades.Entre tu ombligo y sus alrededoressonreían los ojos de mis labiosy tu cadera,esfera en dos mitades,alegró los momentos de agoníaen que mi vida huyó para tu vida.Estamos tan presentes,que el pasado no cuenta sin ser visto.No somos lo escondido;en el torrente de la vida estamos.Tu cuerpo es lo desnudo que hay en mítoda el agua que va rumbo a tus cántaros.Tu nombre, tu alegría…Nadie lo sabe;ni tú misma a solas.
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River Rouge – Gilberto Owen
Cómo llega a pesar un haz de brisa
contra un río sin tacto a la cintura
a estatura de alas cómo rueda Cristóbal
a ras de todavía corazón
a mil por hora
su voz sin sueño
mi voz sin tiempo
a sueño de constelación
esa mano clava cuatro mil cuatrocientos tornillos al día
y ése escribe la ese de stop ocho mil
y esos cilindros que no han bailado en Chalma ni en
Palestina
y una mujer se enciende
duérmete al sur
duérmete duérmete niño Jesús
o es verdad el behaviorismo
y llega el frío llamado Ford
y hay la mirada fría y plana del acero
que nos unta a su espejo sin amor
y cuando salimos tenemos tres dimensiones
pero la tercera es el tiempo no más
cómo duele el haber jugado a ángeles
si ellos no juegan a ser hombres ya
Alta traición – José Emilio Pacheco
No amo mi Patria. Su fulgor abstracto
es inasible.
Pero (aunque suene mal) daría la vida
por diez lugares suyos, cierta gente,
puertos, bosques de pinos, fortalezas,
una ciudad deshecha, gris, monstruosa,
varias figuras de su historia,
montañas
(y tres o cuatro ríos).
Amor – Eduardo Lizalde
La regla es ésta:
dar lo absolutamente imprescindible,
obtener lo más,
nunca bajar la guardia,
meter el jab a tiempo,
no ceder,
y no pelear en corto,
no entregarse en ninguna circunstancia
ni cambiar golpes con la ceja herida;
jamás decir "te amo", en serio,
al contrincante.
Es el mejor camino
para ser eternamente desgraciado
y triunfador
sin riesgos aparentes.
EN LA ORILLA DEL AIRE… – Jaime Sabines
EN LA ORILLA DEL AIRE(qué decir?, ¿qué hacer?)hay todavía una mujer.En el monte, extendida sobre la yerba, si buscamos bien: una mujer:Bajo el agua, en el agua,abre, enciende los ojos,mírala bien.Algas, ramas de peces,ojos de naúfragos,flautas de té,le cantan, la miran bien.En las minas, perdida,delgada, sombra también,raíces de plata obscurale dan de beber.A tu espalda, en donde estés,si vuelves rápido a ver,la ves.En el aire hay siempre oculta,como una hoja de un árbol,una mujer.
De la historia – Julia Santibáñez
Son necias las barricadas
los torreones, inútiles
si en la aldea las niñas codician al extraño
espían su arma fulminante
buscan su saeta
si se abrasan al ataque sugerido
ansían quedar de bruces
hinchada la boca
la blusa, un jirón.
Y yo
sin barricadas
sin torreones.
La despedida – ROSARIO CASTELLANOS
Déjame hablar, mordaza, una palabra
para decir adiós a lo que amo.
Huye la tierra, vuela como un pájaro.
Su fuga traza estelas redondas en el aire,
frescas huellas de aromas y señales de trinos.
Todo viaja en el viento, arrebatado.
¡Ay, quién fuera un pañuelo,
sólo un pañuelo blanco!
La visión de la lluvia – Xavier Villaurrutia
VA POR el camino lodoso y helado
con los ojos fijos, sin volver al lado
la cabeza baja y las manos yertas
que parecen lilas marchitas o muertas…
La lluvia semeja sucia muselina
que se deshilacha en la hierba fina
y el sol desmayado se esfuma a lo lejos,
apenas enviando pálidos reflejos.
¡Visión de la lluvia tan lenta y tan triste
que cantando llora y de gris se viste,
que nubla el paisaje de la carretera
con las humedades de su cabellera…
Visión de la lluvia, la de manos yertas
que parecen lilas marchitas o muertas!
Jardín secreto – Ulalume González de León
En el jardín que recuerdo
sopla un viento que mueve las hojas
del jardín donde ahora estoy escribiendo
En el jardín que imagino
sopla un viento que mueve las hojas
del jardín que recuerdo
Y en el jardín donde ahora
estoy escribiendo
sopla un viento que mueve las hojas
sin jardín:
armisticio
de fronda imaginaria y de fronda recordada
pero tabmién las hojas verdes
del jardín donde escribo
pero también las hojas blancas
en que estoy escribiendo
y nace otro jardín
Epitafio para un poeta – Octavio Paz
Quiso cantar, cantar
para olvidar
su vida verdadera de mentiras
y recordar
su mentirosa vida de verdades.