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¿Al guna vez has besado a una pantera? – Charles Bukowski

esa mujer cree que es una pantera
y a veces cuando hacemos el amor
gruñe y bufa
y el pelo le cae sobre la cara
y mira por entre las hebras
y me enseña los colmillos
pero la beso de todos modos y nos seguimos amando.
¿alguna vez has besado a una pantera?
¿alguna vez has visto a una pantera hembra gozando
con el acto del amor?
no has amado, amigo mío.
tú con tus ardillas y cobayas,
elefantes y ovejas.
tendrías que acostarte con una pantera,
ya no querrás nunca
ardillas, cobayas, elefantas, ovejas, zorras,
lobeznas,
nunca más nada que no sea una pantera
la pantera que cruza por mitad de la habitación
la pantera que cruza por mitad de tu alma,
todas las demás canciones de amor son embustes
cuando esa piel negra y tersa se mueve contra tu cuerpo
y el cielo te cae en la espalda,
la pantera es el sueño que se ha hecho realidad
y no hay vuelta atrás
ni ganas de que la haya...
la piel contra tu cuerpo,
la búsqueda ha terminado
y estás inmovilizado ante los ojos de una pantera.

Esa – Charles Bukowski

tu hijo no tiene nombre
tu pelo no tiene color
tu cara no tiene carne
tus pies no tienen dedos
tu país tiene diez banderas

tu voz no tiene lengua
tus ideas se deslizan cual serpientes
tus ojos no son iguales

comes ramos de flores
echas carne envenenada a los perros

te veo rondar los callejones con una porra
te veo con un cuchillo para cualquiera
te veo hacer pasar una cabeza de pescado por corazón

y cuando el sol caiga a plomo
vendrás de la cocina
con una copa en la mano
tarareando la canción más reciente
y sonriéndome con tu ceñido vestido rojo
extraordinaria...

otro poema de amor – Charles Bukowski

qué largas tienes las uñas, dijo,
Dios mío.

y yo dije:
no me corto nunca las uñas de los pies yo,
siempre hay alguna mujer que lo hace
por mí.

cogió el cortaúñas y empezó.

estaba en San Francisco
tumbado en el suelo.
ella era bailarina profesional,
habíamos hecho el amor, ido a Fisherman’s
Wharf, regresado y tomado una infusión
de hierbas, estábamos descansando antes
de hacer el amor
otra vez.

ella tenía un cuarto lleno de discos de música clásica
y libros,
hasta de los míos.

vaya uñas, dijo, Dios mío.
pero quédate quieto, no voy a
hacerte daño.

ya está, dijo cuando acabó de
cortármelas, ahora ya puedes buscar otra zorra
que te las corte la próxima
vez.

luego sacó un aceite y empezó a masajearme
los dedos y los pies.

vas a tener que hacerme un masaje en el cuello
a cambio, dijo.

le hice un masaje en el cuello mientras sonaba Mozart
y poco después estábamos haciendo el amor
otra vez.

ahora estoy de nuevo en Los Ángeles
sentado en la cocina
descalzo
y me vienen
a la cabeza imágenes
suyas.

Nina,
espero que la siguiente zorra que me corte las uñas de los pies
seas tú.

Carta revolucionaria nº 6 – Diane di Prima

Evitad a esa gente
que piensa que Bonnie y Clyde es demasiado violenta
que ve la sangre pero no la forma de energía
nos aman y quieren que controlemos la natalidad
nos aman y quieren que los hindúes maten a sus vacas
nos aman y tienen un polvo incoloro sin sabor
     que es el alimento sintético perfecto...

Canción de luna por la mañana – Sylvia Plath

Oh, luna ilusoria,
que encantas a los hombres
inoculando en sus venas
visiones de oropel,
los gallos levantan
a tu rival cacareando
para que se ría en tu cara
y eclipse ese óvalo
que nos impele a perder
la razón y a allegarnos
a este horizonte de fábula
y de capricho.
El alba rasgará
tu velo de plata
que hace creer al amado
que su amada es hermosa;
la luz de la lógica
nos hará ver que tu magia
disoluta nos enloquece:
ningún amable disfraz
resiste esa mirada
cuyo candor revela
que el amor es una esfera
que nos vuelve pálidos.
En los jardines sórdidos
los durmientes despiertan
mientras su dorado verdugo
aumenta el tormento;
los cuerpos sagrados
que se rinden a la noche
son aplastados por el
microscopio que lo estudia:
los hechos han hecho estallar
el marco del ángel,
y la cruda verdad ha retorcido
el radiante miembro.
El sol abrasador
brilla aterrorizado:
se zambulle en tu espejo
y se ahoga.

Destino de exiliados – Sylvia Plath

Ahora, al regresar de las catedrales abovedadas
De nuestros colosales sueños, llegamos a casa para hallar
Una majestuosa metrópolis de catacumbas
Erguida en los profundos pasadizos de nuestra mente.
Las verdes alamedas donde nos regocijábamos se han transformado
En la infernal guarida de unos peligros diabólicos;
La canción y los violines seráficos han enmudecido;
Cada tictac del reloj consagra la muerte de los extranjeros.
Mejor sería dar marcha atrás y reclamar el día
Antes de que caigamos deshechos, como ícaro;
Aquí no hay más que altares en ruina
Y palabras profanas garabateadas en negro en el sol.
Y, aun así, nos empeñamos en intentar partir la nuez
En la que yace encerrado el enigma de nuestra raza.

Prólogo a la primavera – Sylvia Plath

El paisaje invernal cuelga ahora en equilibrio,
Traspasado por la mirada azul, furiosa de la Gorgona;
Los patinadores se hielan en un cuadro de piedra.
El aire se vuelve cristalino y el cielo entero
Quebradizo como una taza de porcelana inclinada;
La colina y el valle se atiesan, hilera a hilera.
Cada hoja que cae, cae convertida en acero,
Arrugada como un helecho en este ambiente de cuarzo;
Un sosiego escultural mantiene el campo aquietado.
¿Qué contrahechizo podría deshacer el ardid
Que ha inmovilizado in situ esta estación
Y dejado en suspenso cuanto podría ocurrir?
Los lagos yacen encerrados en ataúdes de cristal pero,
Mientras nosotros nos preguntamos qué puede surgir del hielo,
Los pájaros que anuncian el verde irrumpen desde las rocas.

Soneto a Satán – Sylvia Plath

En la cámara oscura de tu ojo, la mente alunada
da un salto mortal hacia el falso eclipse:
los ángeles brillantes pierden la consciencia en la tierra
de la lógica, tras el obturador de sus impedimentos.

Ordenándole al cometa en espiral que arroje un chorro de tinta
para embadurnar el mundo con un remolino de brea,
nublas todos los rangos del cenit del orden
y ensombreces la fotografía radiante de dios.

Serpiente ascendiendo en espiral bajo esa luz opuesta,
invades las lentes dilatadas del génesis
para imprimir tu flameante imagen en la mancha de nacimiento

con caracteres que ningún canto de gallo puede borrar.
Oh, creador del orgulloso negativo del planeta,
oscurece el sol abrasador hasta que todos los relojes se paren.

Terminal – Sylvia Plath

Volviendo a casa desde las crédulas cúpulas azules,
el soñador refrena el despertar de su apetito
aterrorizado en la cosecha de las catacumbas
que surge de noche como una plaga de setas venenosas:
los refectorios en los que se deleitaba se han transformado
en una fonda de gusanos, cuchillas rapaces
que urden en el blanco útero del esqueleto
una podredumbre de lujosos brocados a modo de caviar.
Volviendo las tornas de este gourmet de ultratumba,
entra el diabólico mayordomo y le sirve como banquete
la dulcísimo carne de la obra maestra del infierno:
su propia novia pálida sobre una bandeja flameante:
adobada con elegías, la joven yace de cuerpo presente
aguardando a que él la consagre con su bendición.