Fuegos fatuos – Esther Giménez

Esposo:
Quiero cerrar los ojos,
entre la oscuridad buscar la nada.
Hallar en mis despojos
la libertad soñada:
no puedo desclavarme tu mirada.

Esposa:
Pero no son tus cruces
más que de dioses mártires y mías.
A imagen me reduces,
altar donde me expías
es tu mirar rezándome elegías,

eternas, como llagas
que han de doler por más que resucite
de tantas muertes vagas.
Cristiano es el desquite;
un fin sin fin de ojos sin remite.

Al último suspiro,
difusa entre lo humano y lo celeste,
le contaré que aspiro
a Ti, que desde el Este
me elevas como un dios tras esta peste
de inmendables errores,
de taliones corruptos y de atilas
cuidándonos las flores.
Mientras de arañas hilas
con sedas de mi alma en tus pupilas.

Esposo:
Me das el Universo
por un gran verde-miel caleidoscopio
igual por el reverso.
Igual parece propio
tu espejo de quimera, igual mi acopio

de fuerzas resistentes
a otra visión daltónica del Mundo.
Pero el iris son lentes
y aumentan en profundo
el bicolor mosaico en que me hundo,

el mar de algas que mecen,
que lentamente rozan, ciernen lento
y acariciar parecen
como amoroso viento
hasta cegar el cuello, el pensamiento.

Esposa:
De agua extrasalada
se escuece tanto valle, pudre, anida
muertos de tanta nada.
Ojos cavando herida.
Sangra paloma inútil concebida

sin alas y sin tacto.
Cree que en el horizonte será un ave,
allí, en lo más abstracto
después de ti. No sabe
que ni siquiera existe aunque lo alabe

como tú apenas eres
frontera imaginaria de amor-llanto
aunque estás, los difieres,
pero ellos mientras tanto
a escondidas reflejan, mezclan canto.

Esposo:
Quiero cerrar los ojos…
y entre la oscuridad también advierto
tus dos infiernos rojos,
los soles de desierto
secando y agrietando el pecho abierto.

Esposa:
Se apaga, se silencia,
se va desmoronando y se hace trizas
cada brizna de esencia;
me esparces, me atomizas,
requemas, desintegras las cenizas.

Esposo & Esposa:
Las tiras a los ojos
para que observe bien: yo soy la nada.
Ni tan sólo despojos
ni libertad vetada.
Una mota de polvo en tu mirada.

¿Ars Poetica? – Czeslaw Milosz

Siempre he aspirado a una forma más plena
que estuviese libre de las demandas de la poesía o de la prosa,
y que nos permitiera comprendernos sin exponer
al autor o al lector a sublimes agonías.

En la propia esencia de la poesía hay algo indecente:
una cosa de la cual ignorábamos su existencia es extraída de nuestro interior,
así que pestañeamos como si un tigre hubiera emergido de nosotros
y se postrara a la luz, azotando su cola.

Por tanto, es correcto afirmar que la poesía ha sido dictada por demonios,
aunque sea una exageración sostener que debieron ser ángeles.
Es difícil suponer de dónde proviene el orgullo de los poetas
cuando continuamente se avergüenzan de la evidencia de su fragilidad.

¿A qué hombre razonable le gustaría ser una ciudad de demonios,
que se comportasen como si estuvieran en casa y hablasen en muchas lenguas;
y quienes, no satisfechos con manipular sus labios o sus manos,
le cambiaran el destino a su propia conveniencia?

Es cierto que lo mórbido es altamente valorado hoy en día;
y quizá crean que sólo bromeo,
o que compruebo simplemente uno más de los significados
del elogiable arte ayudándome de la ironía.

Hubo una época en que sólo se leían libros de sabios
que nos ayudaban a soportar el dolor o la miseria;
esto, sin embargo, no es exactamente lo mismo
que hojear miles de obras frescas, procedentes de clínicas psiquiátricas.

Y sin embargo el mundo es diferente de lo que aparenta ser
y nosotros somos distintos de los que vemos en nuestro delirio;
por eso la gente conserva una silenciosa integridad
que le permita ganar el respeto de parientes y vecinos.

El propósito de la poesía es recordarnos
qué tan difícil es permanecer como una sola persona
pues nuestra casa está abierta, las puertas no tienen llave
e invisibles invitados entran y salen a placer.

De acuerdo: lo que estoy diciendo aquí no es poesía,
pues los poemas deben escribirse raramente y de mala gana,
bajo una coacción insoportable, y con la sola esperanza
de que los buenos espíritus y no los perversos, nos han elegido como su instrumento.

Silencio en poema – Elías Nandino

Para poder decirte lo que ansío
busco lo más sutil, lo más celeste,
lo que apenas se acerque al alba pura
de iniciar su existencia,
sin haber sido herido
ni por una mirada
ni tampoco por nadie imaginado.

El aroma del sueño,
la estela sin color que va quedando
cuando la nube avanza,
la oración que se eleva de la espuma
al nacer y morir,
la queja que pronuncia la corola
cuando vuela el rocío
o el íntimo gorjeo
del agua que abandona su venero:
no pueden ayudarme
porque ya están violados sus secretos
y opacan la avidez
del solo intento de querer pensar
lo que anhelo decirte.

No hay palabra, ni canto de paloma,
ni roce, ni suspiro, ni silencio,
que puedan expresar la frase virgen
con que yo quiero hablarte.
Es idioma que traigo sumergido
en estado naciente, inmaculado,
que lucha atravesando mis tinieblas
como la luz de estrellas ignoradas
que viene, desde siglos, descendiendo
para tocar la tierra…
Así es la profunda voz sedienta
que llevo atesorada
como raíz de antigua resonancia
en mi marino caracol de entraña,
y que vive conmigo, desde siempre,
brotando del amor inapagado
del amor primitivo de otros seres
que amaron antes, con el mismo amor,
y prosiguen en mí
fundidos en espera
enamorando aún lo inalcanzable.

Para poder decirte lo que anhelo
me falta lo inasible, lo perfecto,
y al no poder tenerlo:
con sombras duras, con dolor desnudo,
con el creciente caos de mi delirio
y el humo intacto del callar que oprimo,
escarbo el pozo donde entierro a solas
la forma del intento,
el inmóvil temblor
de quererte expresar los inexpresable.