Ah la sonrisa, alegría cierta
que como una paloma blanca
vuela en tu pequeña ciudad.
Los atardeceres del valle
coronando de guirnaldas breves
la lejanía honda y azul.
Desde la cima, en primavera,
el oleaje verde y claro
de la llanura floreal.
Y nuestros árboles, doseles
de fibra y luz, entrelazados
por los rosales del amor.
Y la penumbra, con la fuente.
Y el aire, maravilla, nuestro,
al respirar en él y en ti.
...Quién diría que no es un sueño
el mundo; que es más bello todo
para vivir que al recordar.
Quién soñaría lo que he visto
en tus ojos, ni la ternura
que puede acariciar tu voz.
O quién te adoraría, oh noche
de suaves claveles unidos,
sino el que besa, por amar.