Archivo de la categoría: Poesia española

Lección de gramática – Carlos Álvarez

Se rebela mi mano si la escribo,
me traiciona la lengua si la nombro,
se va de mascarada por las calles
la palabra que arranco de mi pecho.

La necesito aquí, junto a los míos,
en esta casa lóbrega y en este
momento de llorar, petrificado.
No quiero darle el pésame al espejo.

¿Qué le pasa a la gente que me mira?
¿O qué me pasa a mí si, como a un loco,
tapando la sonrisa me señalan
con un gesto de duda y aceleran

el paso? No comprendo lo que dicen.
No entienden lo que digo. Eso que veo
volando en torno a mí sé que es un pájaro.
¿Qué nombre le darán los que me niegan?

...de la misma manera, ellos pronuncian
«justicia», «libertad», «amor» y «patria»,
y sé que están nombrando algo distinto
de lo que esos vocablos significan.

¡Liberemos, amigos, el idioma!
Desnuda en su pureza la palabra
de la trampa social del adjetivo,
tendrá el mismo sentido para todos.

Serán las cosas todas para todos.

Causa incausada – Juana Castro

La noche de san juan		
en la hora más ciega se aparece		
coronada de rosas, como una llama blanca.		
¿A quién festeja, a quién		
busca encendida, a quién,		
lasciva y dulce, entregará su boca?		
Los que la vieron, sueñan		
con camelias azules estallando en las manos,		
con bambúes fragantes y caobas y garzas.		
Pero Ella, que mana de Sí misma		
y a Sí propia regresa,		
lleva en Sí todo el vino,		
toda la miel, el heno, la salvia y los enjambres		
florecidos en ojos y en caricias.		
Con el alma en las manos		
la Magna, la Dichosa, ferviente sobre atlas		
atraviesa la tierra,		
porque Ella es el mundo.

Poética al estilo de Espronceda – Carlos Álvarez

No sé esculpir el verso, pues prefiero
la paloma que vuela a la que mira
su graciosa silueta cincelada
sobre un rico cristal.

Palabras en reposo no las quiero,
ni la belleza estática me inspira;
me gusta la que colma, derramada,
su cauce natural:

el grito de liberación del río
que invade el mar; el bosque cuando canta
su agreste sinfonía a toda orquesta;
la euforia del volcán...

y vuela desbordado el verso mío
para el hombre que lucha y que levanta,
sin que le estorbe el miedo, su protesta
con los que piden pan.

De los jardines mágicos, dolientes,
bañados por la luna y por el frío,
de indolente belleza refinada,
no brota mi canción...

delante del rosal, indiferentes,
corren mis pensamientos como un río...
mas nunca desatienden la llamada
que angustia el corazón.

Y así son las palabras que os entrego,
dictada por el ansia y la certeza
de que un día vendrá para el hermano
que hoy sangra de sudor...

palabras que os entrego con un ruego:
que las tiréis si, bajo su corteza,
no tropezáis con la caliente mano
rendida del amor.

Ponente – María Sanz

Fugaz está la luz en mi turgencia,
fugaz en la mirada que me vuelve
paisaje enrojecido,
con un hombre a la espera
del aire que desplazan mis destellos,
cuando va la ciudad a hacerse noche
dejándose acunar por fuegos fatuos.

Los brazos vespertinos
me han rendido despacio, mientras sigue
la anónima mirada
vagando por las calles,
buscando mi turgencia
rosácea, que le alumbre mientras muere
su luz de cada día. 

Pero este amor… – Carlos Álvarez

Pero este amor...
A veces me da miedo de este amor
que empuja,
que ciega,
que puede agarrotar mi mano en torno
de un pedazo de hierro, de un pedazo
de vida,
        porque
con el amor a mil que están debajo
del pan que no les llega,
del aire que no rozan,
del ocio de otras manos,
debajo
de todo lo que infecta mi garganta,
puedo
llenar hasta los bordes,
apurar
una copa de odio
para el hombre entre mil a quien no amo;
puedo
odiar hasta que cruce al otro lado
–orilla de la vida –
al que descarga el látigo,
comprueba los cerrojos,
esconde los trigales,
                     se emborracha
de espuma sin saberlo:
sin saber que se embriaga con su sangre.

Primeros pasos – Carlos Álvarez

Mis versos no son míos: lo confieso.
Estaban en el borde del camino
cubiertos por el polvo,
muy lejos de la ruta
vertical hasta el cielo de mis sueños,
y apenas alcanzaban
la incierta ingravidez de mis sandalias...
(la mano en los bolsillos, y en el pecho
la canción y el sosiego,
las estrellas dictaban mi camino).
No supe descubrirlos
hasta el primer tropiezo:
cuando azoté la tierra con las manos
y la noche murió sobre mi espalda,
y sólo entonces supe
que entre el polvo y el barro se escondían
el manantial primero
que alumbra el río,
el río de incansable singladura
que vierte sobre el mar su propia entrega,
el mar que se alimenta
de su escena de amor sobre la playa...
Pero caí de bruces en el polvo
y me dolió la tierra,
y cuando nuevamente
me alcé sobre mí mismo y contra el cielo
y la noche volvió a tener su espejo,
mis manos ya no estaban
ociosas en el fondo del bolsillo,
y buscaban con gesto sorprendido
la causa soterrada
de la voz dolorida que se apretó en mi carne;
la palabra antes dicha
gota a gota de sangre, verso a verso,
con amor y dolor puesta en barbecho
a cada nueva siembra
por los hombres que hicieron el camino
para que yo pudiera recorrerlo.

Nancy Flor bailará siempre – Ana María Moix

"Nancy Flor bailará siempre
porque Johnny ya murió.
Un bribón le dio la muerte,
nadie sabe a dónde huyó.

Fue testigo un pistolero
rey en los bares de New York,
pasado luego a carcelero
contó la historia en un block.

Jim, Johnny y Nancy Flor
tres personajes de antología,
de apología,
extraña historia del terror.

Ella tenía los ojos grises,
Johnny pintaba flores de azahar,
Jim era dulce, un soñador.

Ella bailaba todas las noches,
Jim la soñaba en un bazar
rodeada de otros muñecos
que la adoraban por su candor.

Eran hermanos los dos adoradores de Nancy Flor.

Por la calle caminaban
los tres en silencio,
mas el corazón no calla, traidor.
Y Jim lo supo.
Daban las doce en el cuco.

Caía el sol en la acera
y Dulce Jim vio un gran amor
en las dos sombras de Johnny y Nancy Flor
unidas a ras de tierra.

El dolor apenas quema
cuando nada queda en el hueco
de un antiguo corazón.

El asesino huyó de la justicia
pero le persigue el eco
de una loca ilusión
que con diabólica malicia
persiste en tener razón.

Una flor era Nancy para Jim,
mas una flor pintada antaño
por un solo enamorado
que no fue Jim, sino John. "

Óscar Wilde en París – Guillermo Carnero

Si proyectáis turbar este brillante sueño
impregnad de lavanda vuestro más fino pañuelo de seda
o acariciad las taraceas de vuestros secreteres de sándalo,
porque solo el perfume, si el criado
me tiende sobre plata una blanca tarjeta de visita,
me podría evocar una humana presencia.
Un bouquet de violetas de Parma
o mejor aún, una corbeille de gardenias.
                                         Un hombre puede
arriesgarse unas cuantas veces, sobre la mesa
la eterna sonrisa de un amorcillo de estuco,
nunca hubo en Inglaterra un boudoir más perfecto,
mirad, hasta en los rincones una crátera de porcelana
para que las damas dejen caer su guante.
Oh, rien de plus beau que les printemps anglais,
decidme cómo hemos podido disipar estos años,
naturalmente, un par de guantes amarillos no se lleva dos veces,
cómo ha podido esta sangrienta burla
preservarnos del miedo y de la muerte.
Un hombre puede, a lo sumo unas cuantas veces,
arriesgar el silencio de su jardín cerrado.
Pero decid, Milady, si no estabais maravillosa preparando el clam-bake
con aquella guirnalda de hojas de fresa!
Las porcelanas en los pedestales
y tantísimas luces y brocados
para crear una ilusión de vida.
No, prefiero no veros, porque el aire nocturno,
agitando las sedas, desordenando los pétalos caídos
y haciendo resonar los cascabeles,
me entregará el perfume de las flores, que renacen y mueren en la sombra,
y el ansia y el deseo, y el probable dolor y la vergüenza
no valen el sutil perfume de las rosas
en esta habitación siempre cerrada. 

Matchmaking – Vicente Molina Foix

Con los años
me estoy haciendo
un excelso
casamentero
de antiguos
amores.

Visito en las ciudades
más pobladas
de tres países
a parejas estables
que se cogen la mano
agradecidas
y tienen el detalle de tenerme
en el altar
de sus aparadores
con una foto
de entonces,
muy favorecedora.
He llegado a contar
en hogares felices
seis libros dedicados

de mi puño y letra
con promesa
de amor eterno.

Y en un caso reciente
pude reconocer
la chaqueta de punto
tejida a mano
que regalé a mi amante
por Reyes
llevada por el otro,
y unas manchas de vomitona mía
en el entarimado
de la alcoba
que hoy me está prohibida.
Soy el visitador
de los enamorados.

Si es verdad, como dices,
tú, conciencia,
la que no miente,
que ya no sé amar,
reconoce al menos
que preparo muy bien
a quienes yo renuncio
para las duras pruebas
del amor de verdad.