Archivo de la categoría: Poesia española

Será – Elvira Sastre

Será que por ir contracorriente 
hemos acabado mirando en la misma dirección,
que mientras la gente nos llenaba de excusas
tú y yo solo pensábamos en besarnos, 
que justo cuando el mundo se quedaba sin palabras 
nos llenamos la boca con acentos de otro mundo 
y en cierto modo lo salvamos 
-nos salvamos-, 
y nos dio a nosotras en compensación.

Será que me levantaste la mirada del suelo 
mientras tú mirabas al cielo 
y el choque fue algo así con implosionar 
pero de ti para mí, 
y viceversa.

Será que me acariciaste así, 
como si fuera de mi cuerpo 
terminarán los límites de esta ciudad, 
y quise quedarme a vivir en tus manos 
más de lo que dura un beso.

Será que no nos esperábamos 
y por eso ahora no nos vamos, 
porque lo bonito de esto 
es ver que la sorpresa sigue ahí 
cuando abres los ojos

Haces de luz – Esther Giménez

Recuerdo que una vez te di un poema
con los ojitos prietos y asordado,
que aún no llegaba a ser, que era un poema
en estado embrionario.

Se haría de mayor un buen soneto.
Qué habría sido de él si a cada paso
torpe y atropellado, si al boceto
de cada simple hallazgo

no lo esperara un molde de sorpresa,
de asombro rescatado, tu crisol
tallando calabazas en calesa
como quien ve algo nuevo bajo el Sol.

Y al fin creció y se alzó de entre el tumulto;
se irguió luciendo altivo el capirote
de las maneras propias del adulto:
a ser sin ser y a hacer sin que se note.

Pero cuando la luz de la mesilla
-tu lámpara genial, tu falsa luna-
se apaga a largo trecho de la orilla
y vuelve El Coco raudo hacia la cuna,

le apremian veinte toques en el hombro:
¿por qué no das la luz de un nuevo asombro?

Igual que un niño entre rosales canto… – Juan Ramón Jiménez

Igual que un niño loco, entre rosales, canto,
mirando al cielo azul, canciones sin sentido,
el ritmo es de abandono y la rima de llanto,
hablan de sed, de viento, de ceniza y de olvido...

Dulces niñas sin nombre, que, al nacer, se perdieron
con los pies hechos sangre en no sé qué recodo;
llores sin madre, blancas, que un día se cayeron,
de manos descuidadas, en abismos de lodo...

Música envilecida que no pudo ser pura,
coronas que se hicieron de negror y de espinas.
mariposas de luto, que estelan de amargura
un hastío abrileño de doradas ruinas...

Qué será ser tú – Ana Rossetti

Qué será ser tú.
Este es el enigma, la atracción sobrecogedora
de conocer, el irresistible afán de echar el ancla
en ti, de poseerte.
Qué será la perplejidad de ser tú.
Qué, el misterio, la dolencia de ser tú y saber.
Qué, el estupor de ser tú, verdaderamente tú y,
con tus ojos, verme.
Qué será percibir que yo te ame.
Qué será, siendo tú, oírmelo decir.
Qué, entonces, sentir lo que sentirías tú.

Maternidad – María Elvira Lacaci

La venía mirando, penetrando
mi alma,
aquella su palidez hiriente. Macilenta.
Sus ojos,
desbordadas laguas de cansancio o de hambre.
Sus manos,
ennegrecidas y a la vez gastadas.
Sus pómulos
que parecían desprenderse vivos
de su reseca cara
conformada
al hálito podrido de donde emergía.
Sus zapatos, su ropa...
Y yo sentí el dolor de aquella vida (una mujer de apenas treinta
años)
que solamente a Dios le dolería.
Y su miseria floreció en mis ojos,
trepó por mi garganta
y, adherida,
tembló sobre las fibras de mi pecho.
Alguien —fue un varón del Metro—
se levantó para cederle el asiento.
Pude verle de frente
su tan redondo vientre. Palpitante. Y...
súbitamente
sentí la gran belleza de su carne
erguirse luminosa
sobre toda razón de sufrimiento.
Mis pupilas,
brillantes y entregadas,
la veían,
ahora,
con derecho a existir. Junto a los otros.

Obertura – Félix Grande

Has sido aquí infeliz y alguna vez dichoso.
Muchos años son ya recorriendo estas calles.
Como un verdín, tu historia se sumerge en los muros:
junto a ellos has amado y vomitado y muerto.

Derramaste tu insomnio como ardiendo o borracho
en las plazas vacías, clementes, silenciosas.
¿De qué huías errabundo por la ciudad? ¿Qué buscas
errabundo hoy, entre la suma de tus fugas?

Estos ancianos edificios, estas aceras
preservan tu fantasma. Las gentes se retiran,
la oscuridad adormece a las calles, y quedas
solo, entre vagas luces, solo entre vagos años.

Desesperado y lentamente, con emoción
caminas en la noche llena de levadura.
Se diría que escuchas un órgano: es el mundo
y el tiempo, y un sonido de ilusión y orfandad.

Desamor – Blas de Otero

Cuando tu cuerpo es nieve
perdida en un olvido deshelado,
y el aire no se atreve
a moverse por miedo a lo olvidado;
y el mar, cuando se mueve
e inventa otra postura,
es solo por sentirse de este lado
más ágil de recuerdos y amargura.

Cuando es ya nieve pura,
y tu alma señal de haber llorado,
y entre carta y besos
amarillos suspiras porque, al verlas,
no te serán ya ésos
más que —pendientes de los ojos— perlas;
y los rosas ilesos,
y los blancos sin roce,
entre cintas desnudas, enterradas,
reavivan el goce
triste de ver ya frías, desamadas,
las prendas y el amor que aún las conoce.

Entonces a mí puedes
venir, llegar, oh pluma que deriva
por los aires más solos:
yo tenderé y tiraré hacia arriba,
altos sueños, mis redes,
para que eterna, si antes fugitiva,
entre mis alas, no en mis brazos, quedes.

Este es el primer poema que escribo completamente desnuda – Luna Miguel

Sé que llega el verano porque bajo la manta mi pies descalzos
chocan contra tus pies descalzos y todo es suave
el corazón que hubo en mi vientre fue corazón y no latía
fue vida y no latía
fue nuestro mejor deseo
hoy me despierto descalza y es casi verano
bajo la manta me rozo contra mí
me restriego contra mí
ya llevo más de quince días sangrando
sé que llega el verano y hasta que llega escribo desnuda
porque desnuda es como hacemos a los bebés
y así siento cariño
estoy contenta
todo es más suave

Secreto – Luis García Montero

NOS pusimos de acuerdo.
Yo esperaba sin prisa por la esquina,
me hacía el despistado,
hablaba con el niño y los borrachos,
encendía un cigarro o compraba el periódico.
Aparenté no verte
llegar casi sin prisa,
arreglarte un momento en el descapotable,
abrir la puerta,
subir hasta el segundo.
Yo despisté al portero de las barbas rojizas,
y allí,
sin los silencios
del joven que se enfrenta,
sin tu arbolado anillo de goleta
que surca el matrimonio,
a pesar de tus pieles y mi piel,
nos pusimos de acuerdo.

El cansancio – Chantal Maillard

El cansancio. De nuevo, el
cansancio. El esfuerzo por
sobrevivir. Reiterado

Observar las nubes.
Dentro.
Barrer.
Dentro.

Elegir quedar.

                       Toda nube
lleva una trayectoria. Asumir
la trayectoria. Imposible
barrer todo siempre. Está el
cansancio.

                  Aunque también el de
las trayectorias. De ver pasar las nubes.
También ese cansancio.

                             Entonces,
por un momento, ahora.
Sin voluntad. Y casi está bien.
Hasta pensar el estar bien y convertirlo
en nube. En trayectoria.