Archivo de la categoría: Premio Nacional de literatura

Frente al tiempo – Rafael Cadenas

Eres tú el amor antiguo.

(Por buscarte, me recogí, dejé, suprimí, me abstuve, aplacé.
Guárdate de la esperanza.)
Amor, detenido en el aire como una mano por otra mano.

Una mañana descubierta, pero perdida
—cae su luz donde los labios no están preparados.

Auge fantasma,
A ningún ave deslumbra este brillo.

Los rayos de tu beso obligo a devolverse.

Amor sin palabras – Óscar Hahn

Las manos hablan
hablan los párpados la piel habla

Mudos los amantes
el silencio también habla
y lo que dice sólo ellos lo saben

El amor hace hablar a las cosas
voz secreta que sólo ellos escuchan

Habla el tren que se aleja
el olor en los dedos
los discos en la almohada

Allá afuera
el estridente idioma del mundo

Aquí adentro los amantes
penetrándose compenetrándose

sin pronunciar ni una sílaba

Rosario – Jon Juaristi

Yo la quería mucho, pero entonces
amar y destruir sonaban parecido,
como en los más confusos poemas de Aleixandre.
Nos casamos con otros. Tal vez así perdimos
lo mejor de la vida. Quién sabe. Hubo una noche
en que ambos acordamos que pudo ser distinto
el rumbo de esta historia de culpa y cobardía.
Se quitó el pasador de su cabello oscuro
y me lo dio al marchar, y nunca volví a verla.
Murió. No lo he sabido hasta esta tarde misma,
varios años después, en su pequeño pueblo
y frente a la serena desolación del mar.
Ahora intento evocarla, pero se desvanece:
No he encontrado siquiera su pasador de rafia.

Nuestra noche – Luis García Montero

QUISIERA perseguir algún poema
que hablase de mis noches, nuestra noche,
la misma noche cálida de rostros conocidos,
en el mismo rincón, ya no hace falta
preguntar lo que bebe cada uno.
Escribir, por ejemplo, puedo cerrar los ojos
y todo sigue igual, abro despacio
la puerta fría de color madera,
intimidad con humo de luz almacenada,
y risas en el fondo,
y una voz que denuncia mi costumbre
de llegar siempre tarde.
Escribir, por ejemplo, son ahora
mucho menos frecuentes estas noches,
y recuerdan inviernos negociados
con renta de amistad,
y tienen algo
de temblor fugitivo.
Las caras han cambiado, saben cosas
y se parecen más a nuestras vidas.
Escribir, por ejemplo, que los ojos,
cuando pasa la noche y en la calle
duele la luz del alba,
tienen otra manera de mirarse,
un modo más avaro de pensar
en los años, los meses, las semanas,
los días y las horas.
Noche eterna, tal vez
será mejor llamarte reincidente.

Padre nuestro – Nicanor Parra

Padre nuestro que estás en el cielo
lleno de toda clase de problemas
con el ceño fruncido
como si fueras un hombre vulgar y corriente
no pienses más en nosotros.

Comprendemos que sufres
porque no puedes arreglar las cosas.
Sabemos que el Demonio no te deja tranquilo
desconstruyendo lo que tú construyes.

Él se ríe de ti
pero nosotros lloramos contigo:
no te preocupes de sus risas diabólicas.

Padre nuestro que estás donde estás
rodeado de ángeles desleales
sinceramente: no sufras más por nosotros
tienes que darte cuenta
de que los dioses no son infalibles
y que nosotros perdonamos todo.