Te palpo, te toco, y las yemas de mis dedos buscan las tuyas porque si yo te amo y tú me amas tal vez no todo esté perdido. Las montañas duermen abajo y quizás las margaritas enciendan el campo de flores blancas. Un campo donde Los Andes y el Pacífico abrazados en el fondo de la tierra muerta despierten y sean como un horizonte de flores nuestros ojos ciegos emergiendo en la nueva primavera. ¿Será? ¿será así? las margaritas continúan doblándose sobre el mar difunto, sobre las grandes cumbres hundidas y en la oscuridad, descendidos, como dos envejecidas pieles que se buscan, mis dedos palpan a tientas los tuyos porque si yo te toco y tú me tocas tal vez no todo esté perdido y, podamos adivinar algo del amor. De todos los amores muertos que fuimos y de un campo de flores que crecerá cuando nuestras mortajas blancas, cuando nuestras mortajas de nieve de todas las montañas hundidas nos besen boca abajo y nos vuelvan para arriba las erizadas pestañas.
Caminamos de la mano por el supermercado entre las filas de cereales y detergentes Avanzamos de estante en estante hasta llegar a los tarros de conserva
Examinamos el nuevo producto anunciado por la televisión Y de pronto nos miramos a los ojos y nos sumimos uno en el otro
Y después de tener perdida lo mismo que un pomar la vida, —hecho ceniza, sin cuajar— me han dado esta montaña mágica, y un río y unas tardes trágicas como Cristos, con qué sangrar.
Los niños cubren mis rodillas; mirándoles a las mejillas ahora no rompo a sollozar, que en mi sueño más deleitoso yo doy el pecho a un hijo hermoso sin dudar...
Estoy como el que fuera dueño de toda tierra y todo ensueño y toda miel; ¡y en estas dos manos mendigas no he oprimido ni las amigas sienes de él!
De sol a sol voy por las rutas, y en el regazo olor a frutas se me acomoda el recental: ¡tanto trascienden mis abiertas entrañas a grutas, y a huertas, y a cuenco tibio de panal!
Soy la ladera y soy la viña y las salvias, y el agua niña: ¡todo el azul, todo el candor! Porque en sus hierbas me apaciento mi Dios me guarda de sus vientos como a los linos en la flor.
Vendrá la nieve cualquier día; me entregaré a su joya fría (fuera otra cosa rebelión). Y en un silencio de amor sumo, oprimiendo su duro grumo me irá vaciando el corazón.
A la vuelta de las escarificaciones el parpadear de la locura y la obsesión de los objetos hirientes. Disturbios que reemplazan el alma por la sed en que prueba el alcohólico el gusto de sus vísceras. No se puede dormir en horas sucesivas, completar este cántaro con una arcilla erizada de vidrios sino en todo mezclar la vigilia y la sangre y el miedo al crimen y la eyaculación sobre la arena tórrida.
Levantamos un faro en medio del mar un faro de paredes de papiro que usábamos para guardar los vinos y para echarnos a beber con mujeres pero no hacíamos nada para la posteridad Una noche que intentamos dar Macbeth nos demorábamos meses en darla y se nos olvidaba en qué íbamos Habíamos levantado un faro en el mar para no hacer nada en la vida y gozar desnudos y con mujeres Ma a veces maravillados por un Mirage por una clona que nos hacía los ojos asaltábamos a la sexta flota española y promovíamos graves desórdenes bajo cubierta Pero no hacíamos nada grande la verdad Abusábamos del amor del ocio y del porvenir y bebíamos hasta moverle el piso al mar.
Plena mujer, manzana carnal, luna caliente,
espeso aroma de algas, lodo y luz machacados,
qué oscura claridad se abre entre tus columnas?
Qué antigua noche el hombre toca con sus sentidos?
Ay, amar es un viaje con agua y con estrellas,
con aire ahogado y bruscas tempestades de harina:
amar es un combate de relámpagos
y dos cuerpos por una sola miel derrotados.
Beso a beso recorro tu pequeño infinito,
tus márgenes, tus ríos, tus pueblos diminutos,
y el fuego genital transformado en delicia
corre por los delgados caminos de la sangre
hasta precipitarse como un clavel nocturno,
hasta ser y no ser sino un rayo en la sombra.
Abriendo los ojos como vasos y tomando el agua dulce
y viviendo en la frescura y en el aire,
llego a existir sin fiebre, humanamente.
Pero en los ojos caen las estrellas
como las horas en la tarde,
y las estrellas sufren en el pozo de la vida,
turbias y melancólicas.
Tú estás viviendo y el alma polvorienta
abraza la pasión de sufrir y la muerte,
y yo amo tanto el alma que a su sombra
deposito el regalo de mi cuerpo.
Habíamos dado más de mil órbitas sobre el mar sin haber jamás arribado a ningún cabrón puerto Coritani nos traía por mar perdidos algún tiempo para después dormirse y dejarnos otra vez perdidos No quedaba un solo Harrier a bordo y las cargas de armamentos y alcohol arrojadas al mar por unas rocas que eran como olas varadas MaCoritani hacía detener el viento para salir a guerrear a cubierta pero amodorrado por el rocío y el sueño veía nubes que se hundían en el mar Entonces alucinó hundir el portaaviones hasta la mitad, hasta dejar flotando sólo las gigantescas velas en cubierta para que parecieran unas dunas de mármol levantando una capilla Mientras el arsenal de agua debajo del casco y el mar rodeando por todos lados a la vez hacía estremecer de gozo a los rapsodas druidas porque PatrescaOssavinci de una belleza que mandaba a irse de lado al cielo iba levantando el mármol y lo socavaba con su cuerpo hurgándole un hombre la ternura despiadada de un hombre y con sus ojos hurgándole un faro.
Me falta tiempo para celebrar tus cabellos.
Uno por uno debo contarlos y alabarlos:
otros amantes quieren vivir con ciertos ojos,
yo sólo quiero ser tu peluquero.
En Italia te bautizaron Medusa
por la encrespada y alta luz de tu cabellera.
Yo te llamo chascona mía y enmarañada:
mi corazón conoce las puertas de tu pelo.
Cuando tú te extravíes en tus propios cabellos,
no me olvides, acuérdate que te amo,
no me dejes perdido ir sin tu cabellera
por el mundo sombrío de todos los caminos
que sólo tiene sombra, transitorios dolores,
hasta que el sol sube a la torre de tu pelo.
Había una luna grande en medio del mundo
Era vieja de muchos años y flaca
Como si le hubieran estirado el cuero
Esta es mi muerte dijo
Si usted viera el gentío de ánimas
Que andan sueltas por la calle
Estoy aquí boca arriba
Pensando en aquel tiempo para borrar mi soledad
Me mataron los murmullos
Y se fue montado en su macho sin mirar hacia atrás
Dejándonos la imagen de la perdición
Él duerme
No lo despierten
No hagan ruido
Duró varias horas luchando con sus pensamientos
Tirándolos al agua negra del río
Y se fue desmoronando
Como un montón de piedras