El paso del tiempo se hace insoportable y temible
cuando el cuerpo y el espíritu del amante
nos han abandonado en las regiones del GRANIZO.
Estamos desde siempre condenados a MUERTE,
somos los hijos perdidos de los MANANTIALES,
la pena tritura nuestros huesos
como al maíz rojo en el mortero.
la pena por el amor cuyo fin
no podemos comprender,
la fragancia de la SANGRE derramada inútilmente
dulce y tenebrosa como el beleño.
¿Qué hay de ti para mí en los nenúfares navegantes
que se SABOREAN COMO JAZMINES molidos?
Solamente dolor y remordimiento,
solamente el rumor de las cañas melodiosas
y su embeleso,
el aroma de la MIEL y el sonido de las FLAUTAS.
¿Qué queda entre la guirnalda
de plumas AZULES?
el FUEGO perdido en lo alto de las montañas
las lentas agonías en la casa de los TIGRES,
el negro ESCORPIÓN
Que durante el sueño
ENVENENA mi carne frágil,
la horrible pesadilla
que resbala en la LUNA DE TODOS LOS ESPEJOS,
la ESTRELLA granate con su LLAGA LÍQUIDA
en el ESTANQUE DE ORO
DONDE BEBEN LOS CIERVOS,
el satélite resinoso , que sahuma
la casa de los ruiseñores,
cuando se cumple el ciclo engañoso de las marcas,
el canto de Venus, poseída y musgosa
encerrada con las aves en la celda de los esclavos.
Somos inocentes y crueles como los visones,
siempre tenemos cinco años maltratados,
cinco años de desarraigo y orfandad;
el néctar doloroso y esquivo del sexo
nos persigue desde el nacimiento,
nuestra SANGRE verde aletea
cuando el PÁJARO bate las aguas con su plumaje,
e inaugura el latido de los corazones en las ondas,
nos han robado el MAR DE LAS ARTERIAS,
nos hurtaron el calor de los miembros.
¿Qué harías si yo fuera a MORIR?
¿Te extinguirías como una candela en la tempestad?
¿Te arrojarías jubiloso
en el regazo de la hierba haschich?
Ya nada queda por decir,
únicamente lo que no puede olvidarse.
El silencio feroz que convoca al SUICIDIO.
La lluvia con su rostro de AZÚCAR derretido,
captura todos los PANALES
de las ABEJAS ANTROPÓFAGAS,
la lluvia del trópico,
la que disuelve en sus ALUCINACIONES
a la arenas calientes del DESIERTO
y procrea un fabuloso camino de Santiago
en los oasis TURQUESAS;
la MEDIA LUNA INCENDIADA por las manos
LUMINOSAS de los enanos
que viven entre las AMAPOLAS y el incienso,
que crujen sus diminutos DIENTES
junto a la HOGUERA DE ALAS DE MARIPOSA
Y PLUMAS DE ARCÁNGEL,
todo el corazón del SOL
arrojando gemas de colores a los ILUMINADOS.
Desesperación , vamos a caminar por la vida
con una NARANJA en la mano;
PALOMA DE LOS TORRENTES
PIEDRA ROSA HEMORRAGIA de los sacrificios,
algunos gramos más de plácido VENENO
y las tinieblas caerían sobre nuestros OJOS.
¿Quién lo duda?
ese sería nuestro triunfo inútil
el infinitesimal tiempo de las mujeres
que pudieron elegir su propia MUERTE.
Subterráneos guardianes de SEPULCROS
MANZANAS oscuras
camalotes
golosinas de caña pegajosa,
perfumando el RIO ASESINO.
Las SERPIENTES en las ORQUÍDEAS
y en los coágulos del polen
espantadas SEDIENTAS.
Callar – Jesús Munárriz
Callar es más prudente,
más seguro, más cómodo, más práctico,
callar es más astuto,
más rentable,
más útil,
callar no da problemas,
callar evita líos,
callar trae más cuenta,
callar impide que se cuelen moscas
en la boca, callar propio es de sabios,
se está muy bien
callado.
Porque el que calla
otorga
licencia, impunidad,
perdón, facilidades
y patente de corso,
y por la boca muere el pez y siempre
se ha de sentir lo que se dice y nunca
decir lo que se siente
si se quiere triunfar
en sociedad
y recibir migajas
del gran pastel
del mundo.
Materia nupcial – Pablo Neruda
De pie como un cerezo sin cáscara ni flores,
especial, encendido, con venas y saliva,
y dedos y testículos,
miro una niña de papel y luna,
horizontal, temblando y respirando y blanca
y sus pezones como dos cifras separadas,
y la rosal reunión de sus piernas en donde
su sexo de pestañas nocturnas parpadea.
Pálido, desbordante,
siento hundirse palabras en mi boca,
palabras como niños ahogados,
y rumbo y rumbo y dientes crecen naves,
y aguas y latitud como quemadas.
La pondré como una espada o un espejo,
y abriré hasta la muerte sus piernas temerosas,
y morderé sus orejas y sus venas,
y haré que retroceda con los ojos cerrados
en un espeso río de semen verde.
La inundaré de amapolas y relámpagos,
la envolveré en rodillas, en labios, en agujas,
la entraré con pulgadas de epidermis llorando
y presiones de crimen y pelos empapados.
La haré huir escapándose por uñas y suspiros,
hacia nunca, hacia nada,
trepándose a la lenta médula y al oxígeno,
agarrándose a recuerdos y razones
como una sola mano, como un dedo partido
agitando una uña de sal desamparada.
Debe correr durmiendo por caminos de piel
en un país de goma cenicienta y ceniza,
luchando con cuchillos, y sábanas, y hormigas
y con ojos que caen en ella como muertos,
y con gotas de negra materia resbalando
como pescadores ciegos y balas de agua gruesa.
Solo su cuerpo dulce – Carlos Castro Saavedra
Su cuerpo es una aldea
donde yo me refugio cuando truena en el cielo,
y tiemblan los follajes de mis venas
y las agrupaciones de mi pelo.
Su cuerpo dulce y hondo
y sus dos brazos claros como ríos sin puentes,
donde me oculto con mis tempestades
y las constelaciones furiosas de mis dientes.
Vientos como caballos
me pisan todo el pecho de pan de amapolas
pero voy a su cuerpo
y su cuerpo me lava la sangre con sus olas.
Olas blancas y largas,
en cuyos precipicios y cimas espumosas
recobro mis batallas,
pero las que se ganan con caricias grandiosas.
Sólo su cuerpo dulce
en medio de estos días con sabor a ceniza,
y a semana nocturna
sobre la matutina tela de la camisa.
Su cuerpo dividido
en colinas, en valles, en boscajes, en nidos,
y prados de amapolas
donde hay niños oscuros y linajes dormidos.
Miel tibia, leche tibia,
y el rumor de la sangre bajo la piel delgada,
el rumor de la vida
bajo la piel desnuda y levantada.
Sólo su cuerpo dulce
para el mío de fibras y de zumos amargos, que ya está fatigado
de las noches oscuras y los caminos largos.
Tu barco – Tere Medina
Nunca tu quilla agresora
ha penetrado
tras la muralla de rocas,
cárcel cruel de mis orgasmos.
¿por qué caminos, dime, te has entrado
al recóndito mar de mis hormonas?
(Tu barco
va espoleando mis olas).
España – Andrés Trapiello
Más que una piel de toro, una sotana.
Eso es verdad. Pero con todo era
para mí aquella patria una bandera
de vida pueblerina y virgiliana.
¿y ahora? Un mapa sólo de colores
que igual que unas cenizas llevó el viento
a ciudades vulgares de cemento
y a este paisaje de marchitas flores.
No más que la memoria de una guerra
que a mi padre dejaba pensativo,
y aquella copla en el recuerdo incierto
que yo oía en la radio. Es de esta tierra:
«Sólo para olvidarte sigo vivo,
sólo de recordarte no me he muerto.»
Laberintos – Abelardo Linares
Aún no ventea sangre la jauría
ni la trompa resuena por el bosque
y en su temblor la corza presiente ya la herida.
Aún no me has mirado con esos ojos tuyos,
tan hermosos que duele contemplarlos,
y ya mi vida toda presiente qué locura,
qué iluso y torpe afán será quererte.
Qué atroz y exacto laberinto
de ternura, de muerte y de deseo.
Patria mía – Jon Juaristi
Llamarla mía y nada todo es uno
aunque naciera en ella y siga a oscuras
fatigando sus tristes espesuras
y ofrendándole un canto inoportuno.
Juré sus fueros en Guemica y Luno,
como mandan sus santas escrituras,
y esta tierra feroz, feraz en curas,
me dio un roble, un otero y una muno.
Y una mano —perdón—, mano de hielo,
de nieve no, que crispa y atiranta
yo no sé si el rencor o el desconsuelo.
Y una raza me dio que reza y canta
ante el cántabro mar Cantos de Lelo.
No merecía yo ventura tanta.
No es nada pero duele – Javier Salvago
La soledad no existe.
Dicen que es sólo un tema
que pone el tono triste
en algunos poemas.
Me he plantado mi abrigo
mejor, frente al espejo,
y he salido a la tarde
con un corazón nuevo.
¡Tanta gente...! Imposible
que alguien pueda dudarlo.
La soledad no existe
nada más que en los tangos.
En la mesa vecina
del café, una enfermera
le cuenta a sus amigos
detalles de una juerga.
Pasan dos quinceañeras
y en sus ojos hay algo
de gatitas en celo
con la fiebre del sábado.
La soledad... ¡Mentira!
La niegan las parejas
que en los bancos del parque
se muerden y se estrechan.
La soledad no existe.
Ya ves, sólo es un tema
que pone el tono triste
en algunos poemas.
A la puerta del Cabaret – Ana Rossetti
Hubiera sido venturosísima
amándole toda la vida.
María Alcoforado
Así te mostraron de repente:
el poderoso pecho, como el de un dios, desnudo,
mientras el oro entero, convocado en tu rostro, te nimbaba.
Me fui de aquel lugar,
tu imagen mis visiones presidiendo.
Día tras día te atribuí todo lo hermoso que encontré.
Mas nada igualó a tu luz primitiva
ni pudo superar al equívoco gesto,
tan femenina boca,
bello desdén del curvo labio. No, nada pudo.
Y ninguna invención que trajeron los días
mejoró a aquel fugaz momento.