...No, Poesía:
No te escondas en las grutas de mi ser,
no huyas de la Vida.
Quiebra los barrotes invisibles de mi prisión,
abre de par en par las puertas de mi ser.
Sal...
Sal para para el combate (la vida es lucha).
las gentes de ahí fuera te llaman,
y tú, Poesía, también eres persona.
Ama los poemas del mundo entero,
ama a los Hombres.
Derrama tus poemas sobre todas las razas,
a todos los seres del mundo.
Confúndete conmigo...
Anda, Poesía:
Toma mis brazos para abrazar el Mundo,
y dame los tuyos para abrazar la Vida.
Mi Poesía soy yo.
Sublimación – Cristina Camacho
Dame una solitaria estrella
y multiplicaré firmamentos,
multiplicaré tu vida
junto a mi cuerpo.
Dame un solo beso
y el movimiento de los planetas
quedará suspendido
en poemas tibios y secretos.
Siento sed de ti,
una sed que no se apaga
ni con todo mi silencio.
Siento tenerte en noches infinitas,
en los rayos del sol
que iluminan el disco de mi sueños.
Dame una solitaria estrella,
un beso, y elevaré nuestro amor
hacia las profundidades giratorias
del universo.
Lloraban los amantes – Raquel Lanseros
Lloraban los amantes
yo los recuerdo
eran
pétalos desprendidos desde una misma llama.
Lloraban sumergidos en la triste corriente
exhaustos como hélices
los amantes lloraban.
Lloraban y están muertos como lo estamos todos
como lo hemos estado y como lo estaremos
amando se alejaban erguidos de la muerte
pero la muerte no ama ni llora ni se aleja.
Lloraban los amantes que están vivos por siempre
su llanto fue camino fue presencia fue flecha.
Lloraban los amantes y sin aquellas lágrimas
no existiría el amor
ni tú ni yo ni el llanto
el sol no existiría
ni las otras estrellas.
El Maelstrom en la sopa – José Luis Rey
En el viaje al confín del alimento,
al fondo de la luz no masticatile,
en esta expedición al sol hirviendo, en nuestro descender
a los misterios de otro corazón
que burbujea en el volcán, volando
en los lagos del norte, en nuestra vida gótica,
en azafrán dorado de los fiordos,
en este remolino acaba el mundo.
La cuchara del náufrago y el cuerpo adolescente
ya no sirven, se quiebran en la fuerza del descenso.
Y el vacío nos lleva, ni siquiera una pluma escapará
de tanta clara gloria.
En el borde del plato se congregan las ranas
como monjas en torno de una espiga.
Acordaos de mí, acordaos de mí,
dice el hombre que va a ser absorbido
y alzando así los ojos
ve arriba una vez más el jarrón con las flores amarillas,
el día puesto allí, desordenado,
el viejo humilde don
que se aleja en el aire. El remolino
ya convierte sus piernas en raíces del mar
y en círculos desciende, más amplios cada vez,
con cangrejos, sirenas y podrido pescado.
Todos los hombres se hunden en la sopa.
Abismo, ten piedad,
pues en la rueda azul del alimento
solamente quisimos ser muy jóvenes
para apretar los pájaros que cantan
en las axilas de una mujer.
Suena, sopa, despierta a tus ahogados.
Y lánzalos, escúpelos de nuevo
a la tierra caliente de Abraham.
En los tobillos del día, en sus escamas,
han de tenderse los despiertos y
cantar, cantar, cantar.
Y del cuerpo aterido, encallado en la costa,
se derrama otra vez
el primero y el siempre último amor.
En este instante – Antonio Rivero Taravillo
Esa temperatura exacta
(afinada hasta lo infinitesimal
pero variable
según mil circunstancias
irrepetibles),
en que la cerveza está a punto de calentarse
pero alcanza su sazón
y su mejor sabor, ya amenazado de muerte:
cuando pide ser bebida en un último sorbo
consciente de su marcha,
rica como no ha estado antes;
así,
gases, burbujas
y la rareza de lo líquido
donde todo amenaza a este estado,
el breve tiempo que le queda
a nuestro sistema solar
antes de enfriarse para siempre:
hay que aprovechar esos millones de años
irreparablemente transitorios
–aprisa, corre, bebe, paladea–
en este instante.
Reseña del poeta
Victoria Menor- Luis Escavy
En el final no encontrarás el miedo
y tampoco la euforia, que lo encubre
con sus falsos desfiles de entereza,
sino un dolor sereno y victorioso.
Juegos de Tahúr – Verónica Aranda
Miré los muros de la vieja Delhi,
sus juegos de tahúr por callejones,
la incertidumbre de los comerciantes.
Se fraguó mi escritura en la oscura trastienda
donde un músico errante
afinaba un sitar. De la extrañeza
al extravío sólo hay siete dunas,
la devoción, sus diosas flotando sobre lotos.
Del extravío al lecho donde asoman las ramas,
pues para adormecerme junto a ti
encadené más de una noche en blanco
en lúdicos vagones de tercera,
un sadhu embadurnado de cenizas
me trazó un mapa astral. La desnudez
se dispersaba por los arrozales.
Llegué indemne al umbral del templo de alabastro,
a la carne asombrada donde se curva el miedo,
a los bazares de la vieja Delhi.
Agua – Nuria Ortega Riba
OJALÁ ser agua
solo agua
y no llamarme Nuria
sino agua
Me anuncian otra vez la esperada – Pedro Casaldáliga
Me anuncian otra vez la esperada.
Me anuncian Tu visita.
Voy a poner en orden la casa del recuerdo.
Voy a vestir de flores de pobreza
mis sueños y mis iras.
A orillas de la tierra me aguarda la canoa...
Después,
mientras se explican
los pájaros, las ruedas,
los soles y las lunas,
yo espero que el silencio
diga, sobre mi sangre,
palabras verdaderas.
La visión de la lluvia – Xavier Villaurrutia
VA POR el camino lodoso y helado
con los ojos fijos, sin volver al lado
la cabeza baja y las manos yertas
que parecen lilas marchitas o muertas…
La lluvia semeja sucia muselina
que se deshilacha en la hierba fina
y el sol desmayado se esfuma a lo lejos,
apenas enviando pálidos reflejos.
¡Visión de la lluvia tan lenta y tan triste
que cantando llora y de gris se viste,
que nubla el paisaje de la carretera
con las humedades de su cabellera…
Visión de la lluvia, la de manos yertas
que parecen lilas marchitas o muertas!