Me desperté soñándote aquel día
en que estrenó mi corazón latido,
y le puse tu nombre y tu apellido
al cielo, al sol, al mar y a la alegría.
Poco después, cuando la tarde fría
se echó a morir privada de sentido,
supe que, con la luz, tú te habías ido
y que jamás la luz retornaría.
Pero hoy mi corazón incontenible
siente otra vez brotar, como una fuente,
el ávido reclamo de la vida.
¿Por ventura es aún todo posible,
o es que el dolor prepara, reincidente,
con pasos de paloma su embestida?.
Noche inútil – Elena Martín Vivaldi
Le seul bien que me reste au monde est
d’avoir quelques fois pleuré…
MUSSET
Rompe tu indiferencia a mis suspiros,
oh luna, luna gris, austera y fría,
recuerda de mis voces los clamores,
no des, para mi mal, tu sombre esquiva.
No sentiré al mirarte, apasionada,
de los hombres el golpe de su risa,
fiel al destino cierto de mi sangre,
si luces, blanca, soñaré a tu orilla.
Abre la claridad de tu nostalgia
sobre mi alma —penetrante herida—;
revela a mi palabra, doloroso,
del Universo su secreto enigma.
Yo con mi llanto riegue tus estrellas,
con mi pasión la noche te persiga;
tiemblen mis labios, al sollozo amigos,
pálida tiembles tú de mi agonía.
La luna nos buscó desde su almena,… – Antonio Gala
La luna nos buscó desde su almena,
cantó la acequia, palpitó el olivo.
Mi corazón, intrépido y cautivo,
tendió las manos, fiel a tu cadena.
Qué sábanas de yerba y luna llena
envolvieron el acto decisivo.
Qué mediodía sudoroso y vivo
enjalbegó la noche de azucena.
Por las esquinas verdes del encuentro
las caricias, ansiosas, se perdían
como en una espesura cuerpo adentro.
Dios y sus cosas nos reconocían.
De nuevo giró el mundo, y en su centro
dos bocas, una a otra, se bebían.
A veces la memoria es una casa – Jorge de Arco
A veces la memoria es una casa
por habitar, un ámbito
oscuro, al que se accede
a través de un postigo que carece de llave,
pero que se resiste
a ser abierto.
Empujas
inútilmente. Un llanto
te llega desde el fondo
de las habitaciones desoladas,
y no hay nadie allá dentro, nadie vivo.
Nadie vive en sus largos corredores,
en sus salas de muebles polvorientos,
y sin embrago, queda
el eco lastimado
de unas pisadas que no cesan nunca
de resonar en los sombríos huecos
del corazón.
Árabe de Granada tú, y romano… – Antonio Gala
Árabe de Granada tú, y romano
yo de Córdoba, no nos engañemos:
aunque el amor acerque los extremos
siempre algo habrá recóndito y lejano.
En este misterioso mano a mano
en que hace tiempo ya que nos perdemos,
distintos y obligados seguiremos:
así el otoño va tras el verano.
Al verde altivo de Sierra Morena
no agravia el filo de Sierra Nevada,
ni mi silencio entre tus muros suena.
El agua por tu vega derramada
en mi campiña, oculta, se serena:
como el amor en Córdoba y Granada.
Intimidades – Santiago de Navascués
Al mundo le queda poca intimidad:
se ha cruzado el firmamento
innumerables veces
en busca de tierras nuevas
y apenas quedan islas,
árboles, bacterias
y especies sin catalogar;
el Oeste se ha agotado:
los desiertos proclaman
su vacío infinito
y son las montañas
meros deportes de riesgo;
los tigres, espectros de luz
en el visor de una cámara.
Al mundo le queda su infinita soledad,
encerrada en sus misterios:
la Polinesia, los volcanes,
el lenguaje secreto de las selvas,
la convulsión de cielo y tierra,
la tenaz marcha de los insectos,
los hielos que se resisten a enseñar
su corazón de cristal.
Le queda al mundo su silencio
ante los caprichos de un ser mortal.
A trabajos forzados me condena… – Antonio Gala
A trabajos forzados me condena
mi corazón, del que te di la llave.
No quiero yo tormento que se acabe,
y de acero reclamo mi cadena.
Ni concibe mi mente mayor pena
que libertad sin beso que la trabe,
ni castigo concibe menos grave
que una celda de amor contigo llena.
No creo en más infierno que tu ausencia.
Paraíso sin ti, yo lo rechazo.
Que ningún juez declare mi inocencia,
porque, en este proceso a largo plazo,
buscaré solamente la sentencia
a cadena perpetua de tu abrazo.
La Poesía – Salvatore Quasimodo

El espejo ovalado – María Elvira Lacaci
Un espejo ovalado.
Un radiador pequeño de calefacción.
Mis manos calentándose.
Mis ojos
se clavaron en él.
Un rostro, que no reconocí,
me miraba
paralíticamente avejentado.
Afloraba
a los oscuros ojos de aquel rostro
un profundo dolor
que venía de adentro. Que era oscuro y tenaz.
Cristalizó.
Y, en forma de agua amarga,
resbaló
hasta la piel de mis zapatos húmedos.
Un caos
de innumerables dardos afilados
castigó mis sentidos.
Con las manos abiertas golpeé la pared
de ambos lados del espejo ovalado.
¡Dios es bueno!
Me asusté de mi grito.
Los dueños de la casa al otro lado...
Acerqué mis oídos al tabique azotado.
La radio transmitía un estridente mambo.
Respiré sosegada. Me arrojé sobre el lecho.
Y miré largo rato
los fantasmas
que la humedad
había dibujado sobre las paredes.
Todo es víspera – Ida Vitale
TODO es víspera.
Todo sueña un renuevo
y mueve el corazón a defenderse
de los derrumbaderos.
Cada uno en su noche
esperanzado pide
el despertar, el aire,
una luz seminaria,
algo donde no muera.
Algo inviolado, exacto, fehaciente,
para afrentar la sombra,
un puro manantial,
raíz de agua, algo
como esa jarra tuya, Isabel,
donde acaso
hay claridad humana,
amor con su poder resplandeciente,
más misterioso que la sombra misma.