1
No te acerques a la playa
si no quieres ver el mar...
Pero si dejas la orilla,
déjate en la orilla el ancla
que te impida navegar.
2
Tierra adentro, o bajo el cielo
salpicado por la sal.
Tierra adentro o mar adentro...
Pero no donde la playa
se confunde con el mar.
3
¡Qué bien brillan las escamas
salpicaditas de mar!
¡Qué bonito es el pescado
que va a mi red a encallar...!
¡Qué lástima que la barca
donde me vengo a pescar
sea de un amo que nunca
conoció el sudor del mar!
4
Para el próximo verano,
la barca, madre, ya nuestra.
Para dentro de dos años,
quizá nuestra choza abierta...
¡Pero nuestra vida, nunca,
nunca, madre, nunca nuestra!
5
Me voy de la tierra, madre,
que no me quiero encontrar
la cadena en el sembrado
cuando me pongo a sembrar.
Me voy de la tierra, madre,
que no lo pudo encerrar
ni puso cadenas nadie,
ni puso cadenas nadie
para sujetar el mar.
En otro meridiano – Eugenio Montejo
No alcanzo el tiempo de tu cuerpo,
nací lejos, en un país que es aire, nube, noche,
aunque me oigas tan cerca.
Nací a destiempo de tu risa, de tus ojos,
en otro meridiano.
Nos amamos de mar a mar,
de un astro a otro,
no importa que hoy me sientas a tu lado.
Aunque despiertes desnuda aquí conmigo,
tu tiempo va delante,
el tiempo de tus manos, de tu rostro;
estoy junto a tu sombra y no te alcanzo.
Las horas de tu amor me quedan lejos,
bajo una luz de nieve,
en alguna ciudad que desconozco.
Nuestras vidas se alcanzan, se confunden,
intercambian sollozos, besos, sueños,
pero andamos a leguas uno de otro,
tal vez en siglos diferentes,
en dos planetas errantes que se buscan
cansados de no verse.
Pequeño poema a Sancho – Carlos Álvarez
A José Esteban
Ya los héroes no visten armadura
ni aprenden el manejo de la lanza,
ni van por los caminos
en busca del amor y las batallas.
Hubo un tiempo quizá, o acaso nunca,
–ni entonces ni mañana–
para los héroes que buscaban sueños
en tanto el campesino alimentaba
la gleba con su sangre
enraizando en la tierra sus entrañas,
y que en sueños y sangre
y una sutil materia se bañaban,
pero no en el sudor de cada día
ni en el quehacer continuo
de cultivar la tierra y abonarla.
Acaso Dulcinea fue un instante
la mujer fatigada de La Mancha,
pero su nombre ahora
es Aldonza Lorenzo: tal se llama.
Ése es su nombre, y su destino es ése:
levantarse de sol cada mañana,
trabajar sin descanso todo el día
desde la luz que anuncia la jornada
hasta el primer silencio de la noche,
juntarse con la tierra y fecundarla,
agrietarse las manos contra el viento,
curtirse bajo el sol cada segada,
endurecer su piel bajo la lluvia
y por dentro ser blanda como el agua.
Ya los héroes no visten armadura,
mas no por eso faltan;
si veis con ojos limpios,
es fácil encontrarlos de mañana
cuando van al trabajo o, por la noche,
cuando vuelven cansados a sus casas.
Ya no atacan la paz de los molinos
–son hermanos del pan, y el pan les falta –
y apenas tienen tiempo
para soñar con bellas encantadas...
es muy duro el trabajo cada día,
y empieza muy temprano la jornada.
Ya los héroes no visten armadura
–un mono azul es su uniforme y gala –
ni se bañan en sangre de dragones
sino en sudor y grasa.
Pero a veces descienden a la tierra:
al silencioso centro de su entraña
misteriosa y oculta (como Orfeo
en busca de su amada)
y encuentran el grisú entre las tinieblas
o alguna muerte antigua y más lejana.
Ya no buscan el sol como, otro tiempo,
rebelde, Prometeo lo intentara,
pero queman sus ojos y sus manos
mordidos por el oro de las fraguas,
o a Ícaro recuerdan en su vuelo
desde el andamio hasta el dolor, sin alas.
Ya los héroes no visten armadura
ni aprenden el manejo de la lanza,
pero están con nosotros en la tierra
sembrando su sudor y alimentándola.
Entierro II – Wislawa Szymborska
"Tan de repente, quién lo hubiera dicho"
"los nervios y el tabaco, yo se lo advertí"
"más o menos, gracias"
"desenvuelve estas flores"
"su hermano también murió del corazón,
seguramente es de familia"
"con esa barba jamás lo hubiera reconocido a usted"
"él tiene la culpa, siempre andaba metido en líos"
"he de hablarle pero no lo veo"
"Casimiro está en Varsovia, Tadeo en el extranjero"
"tú sí que eres lista, yo no pensé para nada en el paraguas"
"qué importa que fuera el mejor de ellos"
"es un cuarto de paso, Bárbara no estará de acuerdo"
"es cierto, tenía razón, pero eso no es motivo"
"barnizar la puerta, adivina por cuánto"
"dos yemas, una cucharada de azúcar"
"no era asunto suyo, por qué se metió"
"todos azules y sólo números pequeños"
"cinco veces, y nunca contestó nadie"
"vale, quizá yo haya podido, pero tú también podías"
"menos mal que ella tenía ese empleo"
"no lo sé, tal vez sean parientes"
"el cura, un verdadero Belmondo"
"no había estado nunca en esta parte del cementerio"
"soñé con él hace una semana, fue como un presentimiento"
"mira qué guapa la niña"
"no somos nadie"
"denle a la viuda de mi parte... tengo que llegar a"
"y sin embargo en latín sonaba más solemne"
"se acabó "
"hasta la vista, señora"
"¿qué tal una cerveza?"
"llámame y hablamos"
"con el tranvía cuatro o con el doce"
"yo voy por aquí"
"nosotros por allá"
Después… – Carlos Álvarez
A mis amigos
Belén y Julián Marcos
Después parecerá lo más sencillo
repartirse entre todos, con la calma
fecunda de la lluvia,
que madura la tierra y la alimenta
con su noble cadencia acompasada;
sentir el goce pleno del instante;
nacer cada mañana
con toda vida nueva que amanece,
y acabarse y surgir a cada vuelta
con la tranquila sencillez del alba;
reírse con la risa del hermano;
morder la fruta amarga
del dolor de los otros y, entre todos,
deshojar el rosal de la esperanza;
sentir sobre los hombros
el tamaño y el peso de la tierra
con la medida a cada esfuerzo exacta,
y tener siempre a punto entre los labios
una nueva canción para el momento,
y una nueva ilusión para el mañana.
Hombre y perro – Manuel del Cabral
Hombre que vas con tu perro:
con tu guardián.
Cuida mi voz, como el perro
cuida tu pan.
Perro que vas con un hombre
que amigo tuyo no es...
Acércate un poco al pobre,
huélelo bien.
Fíjate que tengo boca,
fíjate en mí.
Mira que soy hombre, pero...,
con estas manos vacías
cómo me parezco a ti.
Perro que vas con tu amo,
fíjate bien:
que al hablar contigo, hablo
conmigo mismo... ¿No ves
que tan cerca del patrón,
no somos tres,
sino dos...?
Hombre que vas con tu perro:
tu servidor.
¡Qué grueso que está tu perro,
y qué flaco que estoy yo!
¡Estoy flaco porque tengo
gorda la voz!
En la taberna – Carlos Álvarez
Pero a veces las cosas no resultan tan claras.
Abandono las calles del centro, y las afueras
me acogen con su clima de misterio
y el tenue parpadeo de sus luces escasas,
y entonces, ante un vaso,
con los amigos viejos y los amigos nuevos,
en la tasca del barrio, cuando muere el crepúsculo
y el vino más barato nos inunda de besos,
(huésped agradecido de los labios
pero que quiere ver, como hermano indiscreto,
la sombra más oculta
y el rincón más lejano del corazón despierto)
entonces, ante un vaso, me embriagan las palabras
de los amigos viejos y los amigos nuevos:
–De acuerdo estoy en todo lo que dices...
–Estamos convencidos, compañero...
–Lo que piensas, muchacho, es muy hermoso...
–El momento, verás, ya no está lejos...
Y cuando, ya borracho de escuchar los abrazos,
y de apretar palabras, y de beber ensueños,
abandono a los míos y me lanzo a la noche
ya no sé si dormido, ya no sé si despierto,
las cosas me resultan cada vez menos claras...
Porque si bien es cierto que es muy fácil
encontrar la palabra donde estamos de acuerdo,
el hambre no se cansa de andar por nuestras calles,
y continúa el barro, y el hastío, y el miedo.
Alguna vez me sorprendió la noche
muy lejos de mí mismo, en el camino
mil veces transitado
que empieza en dos premisas ya olvidadas
y desemboca siempre en el vacío.
Es hermoso pisar la carretera
o escuchar el crujido de la rama
dormida en el sendero,
cuando se tiene por delante un día
al margen reposado del trabajo,
y comienza el silencio a posarse en los árboles,
y el pecho está sereno y tu momento es tuyo,
y puedes largamente
permitirte el placer de dejar que se pierdan
tus pasos y tus sueños
por el más amplio mar, sin que vigile
tu marcha otro mirar que el de la estrella.
Si acaso lo consigues, es posible
que pienses un momento
al escuchar la música del río,
al contemplar el lienzo de la noche,
que en verdad es magnífico y perfecto
el mundo en que vivimos, y admirable
su belleza templada y apacible.
Pero entonces acaso,
cuando el aire es más límpido y más noble
el curso sosegado del arroyo
y el gozo que del pecho fue a tus labios
y completó el paisaje sorprendido,
ocurre acaso entonces
que el ladrido de un perro vagabundo
se enfrenta con la noche, y es bastante
la imagen que se cruza para hacer que despiertes
y una mano te coja por el brazo
clavándote en cualquier encrucijada,
y te indique el semáforo alumbrado
en el rincón más hondo del cerebro
que conduzcas despacio tus premisas
porque, aunque el bosque es amplio,
la noche no desborda su mensaje de sueños
con la misma medida en cada brote
nacido de la tierra,
y no lejos de ti se halla el hermano
a quien le está prohibido
disfrutar del dormido y admirable
nocturno acompasado de los campos.
A los que dudan – Bertolt Brecht
Nuestra causa va mal.
La oscuridad aumenta. Las fuerzas disminuyen.
Ahora, después de haber trabajado durante tanto tiempo
nos hallamos en una situación peor que al comienzo.
Sin embargo, el enemigo sigue ahí, más fuerte que nunca.
Sus fuerzas parecen acrecentadas y presenta un aspecto invencible.
No se puede negar que hemos cometido errores.
Nuestro número se reduce. Nuestras palabras de orden
se encuentran en desorden. El enemigo
distorsiona muchas de nuestras palabras hasta hacerlas irreconocibles.
Aquello que dijimos, ahora parece falso: ¿Mucho o poco,
con qué contamos ya? ¿Somos lo que ha quedado,
marginados de la corriente de la vida?
¿Marcharemos hacia atrás, sin nadie que nos comprenda
y sin comprender a los demás?
¿No hemos tenido suerte?
Tú preguntas estas cosas. No esperes ninguna respuesta
salvo la tuya.
En busca de la manzana – Carlos Álvarez
Si no hay una manzana sin gusanos en el mundo,
¿para qué quiero yo los sesos?
LEÓN FELIPE
Buscaré sin descanso la manzana...
Por todos los jardines del mundo y los caminos
donde el árbol me tiente con sus ramas.
Me acercaré despacio a cada intento
bajo el limpio frescor de la mañana,
la frente en equilibrio,
abierto el corazón a la esperanza,
y el beso entre las manos
con el gesto preciso al arrancarla...
(y limpiaré mi corazón primero
para morder su pulpa y encontrarla
perfecta de sazón y sin gusanos).
Entonces la manzana
marcará la medida del corazón del hombre,
y su fragancia sana
nos dará el alimento madurado
que permita esperar un distinto mañana.
Los amotinados – Alfredo Gangotena
¡Ah, risa loca!
¿Henos aquí tus compañeros
Ilustres en la ciudad de los políperos?
¡Dispara y modela la línea de nuestra muerte!
Anda, corre y toma entre los astros tu noble impulso.
¡La tierra para nosotros! ¡Y en nuestra angustia
Más bien el cieno de los cerdos
Que el hueso que flota
Como leño podrido del alud!
Escucha cómo, avarienta, la oreja ronca,
Encenegada, después de los calados.
Pero cuídate, sostén de nuestro amor:
Los perros que te rodean
Sabremos allanar los caos y los letargos.
¡Ya la uña se aguza en el viento de altamar!
El cinto y el carbúnculo en la muchedumbre,
¡El anillo constrictor para extenuarte!
Basta de palabras de embrujo
Y del filtro que extraemos de nosotros mismos.
¡Ah! ¡Qué bien se vacía el odre de la sierpe
En el artificio de tus canciones!