Una estaba tendida y a la luz de la luna,
suelto el broche del hombro, mostraba un pecho blanco;
a otra desató el costado izquierdo
la danza impetuosa y desnuda enseñaba
a la visión del cielo un cuadro vivido;
lo blanco de la piel contrasta luminoso
con las negras labores de la sombra.
Una, que ha desnudado los brazos tan hermosos,
al cuello de otra joven se abrazaba.
Y otra bajo los pliegues rasgados de su túnica
dejaba ver un muslo, y desesperanzado
el deseo marcaba con su sello la hora jovial.
Les hacía caer la somnolencia sobre los calamentos
y les quiebran las alas negras a las violetas
y al azafrán, que imprime en el tejido de los peplos
su silueta de sol, y sobre prados tiernos
sus cuellos reclinaron.
El silencio – Isla Correyero
Todo el silencio de mi vida
está encerrado en un grano de ámbar.
Todo lo que callé y aún callaré
está escondido allí.
La sola voz desnuda que me obliga al secreto
y ni lágrimas vierte ni impaciencia,
en un punto negro dentro del amarillo fulgor
que el alma tiene,
una extensa planicie de oro en el desierto
esférica y helada
con un solo habitante en su interior:
un pájaro gigante, muy lejano
atrapado en la quietud de la resina
derretidas las patas por el tiempo
y la mirada ingenua del que muere inocente.
Todo el silencio cabe en un segundo
en un sueño
en una seña
o en el último estertor junto a otra boca.
Por eso escribo sin violar las leyes del silencio
con la tristeza en flechas arrancadas del labio
escarchada en cristales de azúcar y aguardiente
cual ramo de anís en la botella blanca
o faisana soñando solitaria
en los bajos espumeros de la sal.
Todo mi reino está rayado a esmeril
y es pasto del olvido
costa brumosa surcada de aguanieves
intenso mar que vive en mí
con la niebla y la sombra.
De sus playas extraje todo el ámbar
de mi azotado corazón, todo el silencio.
Hablan los ojos – Esquilo
Les entorna los ojos el pudor
a las jóvenes puras, inexpertas
en los lechos nupciales.
…
No se me ocultan, no, los ojos chispeantes
de una joven que acaba de gozar a un varón.
Tengo mi corazón experto en ese asunto.
Claro fue nuestro amor; y al fresco halago… – Leopoldo Lugones
Claro fue nuestro amor; y al fresco halago
plenilunar, con música indecisa,
el arco vagaroso de la brisa
trémulas cuerdas despertó en el lago.
En la evidencia de sin par fortuna,
dieron senda de luz a mis afanes
tus ojos de pasión, ojos sultanes,
ojos que amaban húmedos de luna.
Con dorado de joya nunca vista,
tu mirada agravaba su desmayo.
y removía su ascua en aquel rayo
la inquietud de león de mi conquista.
Sin placer – Simónides
Pues sin placer
¿qué vida de mortal, qué encumbramiento
resulta deseable?
Desprovista de aquél, no mueve a envidia
la eternidad siquiera de los dioses.
Mariposa – Francisco Hernández
Tu sexo,
una mariposa negra.
Y no hay metáfora:
entró por la ventana
y fue a posarse
entre tus piernas.
Mujer en la ventana – Praxila
—Oh, tú que miras con gracia por la ventana,
virgen por la cabeza y por debajo casada.
Entre exilios – Aziz Amahjour
El exilio...
¡El exilio tiene color de nube blanca
O puede ser alquitrán exprimido!
¡El exilio está en ti
Se proyecta desde ti
Y hacia ti!
¡Te expulsaron de una oscuridad
En cuyo cielo se esparcían las llamas!
¡Para verte desorientado en una blancura
Que semejaba
Un auténtico espejo!
Donde quisiste ver reflejado
Tu rostro, tu alma, tu pasado…
Pero en seguida se hizo añicos
El espejo
Esparciéndose por todos los rincones…
¡Y NO ME ENCONTRASTE EN TI!
Yo, ahora,
¡Eh amigo!
Soy como tú
Un nuevo morisco
Huido de un gran peligro
De una fortaleza de hierro
¡Que nada la mueve
Ni vientos
Ni huracanes!
Yo soy tú ..
El exiliado en mí
El exiliado desde mí
Y hacia mí.
Yo fui expulsado del Norte
Soy el emigrado del Sur
Soy el exiliado de la fe
Y toda ideología
¡Ni izquierda, ni derecha
Conocen mi camino…!
Mi destino es él del delfín
Una huida continua
En un mar siempre agitado…
Te fundiste tú conmigo
Te diluiste en mí
¡¿En quién me buscaré yo, acaso?!
¿En quién?
¿Quién seré?
¡¿Acaso quién seré?!
Indómita – Anacreonte
¿Por qué, potrilla tracia,
me observas de reojo
y me huyes, implacable,
creyendo que no soy
experto en nada útil?
Pues sabe que hábilmente
el freno te pondría
y tomando tus riendas
doblarías conmigo
las lindes del estadio.
Ahora paces en prados,
brincas con ligereza
retozona: no tienes
ningún jinete diestro
que a tus lomos se suba.
Iniciación – Chantal Maillard
Estoy creciendo de la nada.
Mis ojos tantean
la claridad difusa
mis manos
se posan y tantean
abro agujeros
mi cuerpo agujeros
en el cielo agujeros
tanteo las estrellas
agujeros que llueven
y es dolor
y el dolor penetra
mi cuerpo tantea
el dolor tal vez
el gozo
indaga
descubre el mí
mi boca dice
vuelvo sobre mí
misma y tanteo
¡es tanta la ceguera!
cierro los ojos
lo cierro todo
y de repente me abro
veo
veo lo que no hay
veo
estoy creciendo de la nada.