Lo dijo la mujer de un político español
de aquella patria que fue la Segunda República
y yo lo adapto mutatis mutandis:
—Si yo la quiero tanto,
¿cómo va a extrañarme que los demás la quieran?
Lo dijo la mujer de un político español
de aquella patria que fue la Segunda República
y yo lo adapto mutatis mutandis:
—Si yo la quiero tanto,
¿cómo va a extrañarme que los demás la quieran?
Si me extraviase tan absolutamente
como el tesorero de abyección
si negase
que en el vasto lenguaje simbólico del mundo
alienta el delirio de un amor ingobernable
sin otro apetito que su transparencia
si acariciase las romas vértebras del verdugo
si de sopetón me durmiese por un siglo
si no supiese quién soy
como un grano de sal condenado a muerte
si asesinase a un gato
para ganar la lepra en algún sedicente paraíso
bastaría que me rozara un dedo tuyo
la resurrección de un solo dedo tuyo
para regresarme.
Una vez llegaste tan pronto
que no había flor que no fuese semilla
mano que no fuese garra
ni amor nocturno que el sol no descubriese
en los cines de barrio o en los parques.
Otra vez llegaste tan tarde
que el prólogo ya estaba en el epílogo
un pinzón cantaba a medianoche
las castañas asadas sabían a sobresalto
de muchachitas muertas.
A veces llegabas cabalgando una tormenta
y te asombrabas de encontrarnos empapados.
A veces custodiada por un tigre
y te ofendías mortalmente si yo le daba la mano
sin quitarme los guantes.
A veces llegabas desde detrás del tiempo
me tapabas los ojos
y yo tenía que adivinar
si el beso o la agonía
la entrega o cuántos surcos
arados en tu cuerpo por estaciones de un año
donde ya no había plaza para mí.
Hoy te estoy esperando en el momento justo.
En el fruto maduro. En la frente del día.
En una espuma que equidista de la rosa y del cenit.
Amor mío
no tardes.
Velar frente a tu cuerpo no como frente a un espejo:
como frente a una puerta.
Noche ventral iluminada por tu cuerpo. No sé acabar las frases
que comienzas tú.
Recorro el estupor de las avenidas de tu cuerpo. Poseer es un
acto de debilidad.
Tu sexo como una boca nocturna abierta contra mi piel, por la
que inhalas y exhalas el oxígeno de los sueños.
Déjame abrazarte antes de la desecación de la noche.
Noche ventral iluminada por tu cuerpo.
Agua sólo quiero de tus labios de musgo. Luna, de tus pechos.
Tu cuerpo, vértice de existencia donde se cortan el tiempo y el
deseo. La certidumbre tangible -acariciable- de poder no olvidar.
En cuántas noches de soledad, aún por venir, podré arrebujarme
en la película de calor que hoy he robado nupcialmente a tu cuerpo.
Noche ventral iluminada por tu cuerpo.
Aurora vertebral, corazón de vigilia.
tu claridad en cada gota de rocío.
En cada brizna de hierba mi deseo.
El sol desata una herida
de la que acaso mañana
seré digno.
El mejor vestido para mi cuerpo
es tu cuerpo desnudo.
el mejor vestido para tu cuerpo
es mi cuerpo desnudo.
Vestido así,
no tengo ganas de desnudarme
nunca.
«De ti me fío, redondo
seguro azar»
Pedro Salinas
Te encontraré
postrada tras una revuelta del otoño
-estandartes de sol helado,
barricadas de hojas secas-
o no te encontraré.
Te encontraré
desnuda frente al mar en el rellano
de una escalera oscura
-y no me atreveré a rozar tu cuerpo-
o no te encontraré.
Te encontraré
sucia de soledad o de heroísmo,
acribillada de pájaros sin vuelo,
inmensa e íntima cual cielo sin heridas.
Te encontraré.
No eres
posible,
no es posible
que todo el calor del mundo
haya cobrado la forma de tu cuerpo
tendido e irradiante junto al mío,
no es posible tu cuello
girando sobre la almohada lentamente
como fanal de dicha,
tanta fructificación no es
posible, tan alta primavera
desbordando tus pechos y tus manos
hasta inundar todas las alcobas de mi vida,
no es posible el latido de tu sueño
cuando convoca
paisajes como caricias, dédalos susurrados
de fraternidad y auxilio y maravilla,
no es posible la paz de tu vientre rubio
si te busco debajo de las sábanas.
Desnuda no eres posible. Junto a mí, no es posible.
Eres lo más real y no es posible.
1
Hemos venido para festejar.
La fiesta de dos cuerpos y una sombra.
Dos cuerpos desgarrados por raíces
y la savia amarga de tu vulva dulce
bautiza mi traición.
2
Tu voz está aquí, pero tú no estás aquí.
Están tus ojos, pero tú no estás.
Tu cuerpo está, tú no.
Como un árbol arrancado,
como una oreja arrancada,
como un barquito tallado en corteza de pino
que se pierde en el arroyo de la infancia.
3
Increíble azar
de una moneda no trucada
que cayese sobre la misma cara siempre
pero vivir es eso.
Inspiración crear un código
y expiración quebrarlo. No sigas arrojando esa moneda.
Anochece a las cuatro de la tarde
el cielo desmiente a todos los espejos
y sé que te he perdido.
Ausencia
exactamente con tus ojos.
Ausencia diestra
como la miel de tus manos.
Ausencia dulce cual si tus tobillos
me acariciasen debajo de la mesa.
Ausencia
pletórica de ti,
desgarrada, estremecida de ti.
Ausencia indistinguible de tu realidad.