SOBRE el pecho sangrando quedó una rosa
que con tus leves manos me arrancaste.
¡Ay, dolor de esperanza!
Bajo el pecho el vuelo de tus manos se ha parado.
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En… – Paloma Palao
En
la larga desolación, de que la luna
se tienda sobre mi corazón, aunque yo no lo quiera,
de que el pez
se agarre a mi voz, sin que yo pueda
mover una sola de mis intenciones, atada
para siempre
a una mesa, a la mesa
de un cuarto vacío; en esta larga desolación
me permito
alguna locura, de cuando en vez,
luna quieta,
que se agarra a mi ventana, que quiere
abrir mi corazón, mi puerta, la llaga
la llaga de luz que se ambiciona; la agobiante
asfixia
de entreabrir
esa puerta y ver a alguien, alguien
que no soy yo -pero que finge serlo-
atada a una mesa, en un cuarto vacío,
mientras me ponen una inyección para sobrevivir,
mientras la luna se pasea
por el fondo verde de mi corazón
y
mientras alguien, alguien que no soy yo, entreabre
esa puerta que da
a
una habitación,
a
un cuarto oscuro, oscuridad
que se niega a comprender, mientras
la luna
corre
por entre la oscuridad de aquel cuarto
vacío,
de aquel cuarto, entreabierto, con estantes
llenos de luz -llagas abiertas- que se consuman
en un sacrificio -que no ha sido pedido-,
en ese cuarto, donde alguien,
-que no es aquella que no soy yo-,
finge dolerse, de una llaga
que no da luz, ni se ambiciona.
Son importantes tantas cosas… – Paloma Palao
Son importantes tantas cosas
-madre-. El olor
de naftalina, los baúles
en los que vamos destripando
sueños, años pasados
bajo la misma sombra. Sin embargo,
preparo con prisa mis maletas, vacío
los cajones rencorosa
de una alegría que no pudiste
darme, y es todo tuyo
-madre-. Las maderas
que rechinan vengativas, los cuadros
de dudosa
firma, las bandejas de plata que transportaron
turrones navidades
pasadas y nunca perseguidas.
Hago el inventario
-cruel siempre- que me anuncia
tu presente
concepción de silencios. Hago
y olvido, varias
docenas
de bordadas enaguas y colchas
con mi nombre. Las mantas
-madre- quedan con su olor a naftalina
enmohecida, quedan
dos pares de zapatos viejos, mi primer
par de medias, el bolso
que estrené una mañana, cuando tuve
que esconder mi pañuelo
demasiado grande para una sola
lágrima. Mi estatura
se parte -frente a ti- y sólo
queda un murmullo
de alas vencidas por la vida. Me olvido
de las cosas importantes. Del vaso
de mis fiebres, de las horas
pasadas sobre mí como en la muerte. Me llevo
todo -madre-. Hasta esa lágrima
dormida entre mis ojos. Dejo
a cambio el inventario -firmado y rubricado-
de mis sueños. Abres la puerta, salgo
cierras. Vuelves
por el largo pasillo de la casa. Enderezas
ese cuadro
torcido, que yo moví al pasar y quizá
pienses en pintar las paredes
de mi cuarto, en cambiar las cortinas,
en recoger pisadas que aún
nos viven,
que nos pueblan de adioses
presurosos, como alargados trenes
que no paran. Que no te importe
nada, madre, madre. Que no te importe
la sangre -madre mía- que en río
de silencios nos separa. Que no te importen
las llaves que perdiste
para impedir mi marcha.
Por donde vayas -Annelein- cuéntanos tu tristeza… – Paloma Palao
Por donde vayas -Annelein- cuéntanos tu tristeza.
Cuéntanos de qué madera se rasgaron tus voces,
bajo qué mirada te desnudó la inocencia.
No te vuelvas Annelein. De todas
las partes de tu cuerpo es tu espalda,
la que mejor compone tu semblante. No
nos enseñes nunca el rostro -Annelein-,
porque así podrás vivir siempre en nosotros.
Aprendo un camino para tu pestaña… – Paloma Palao
Aprendo un camino para tu pestaña: luz
abierta que no se desboca.
Acudo
a la razón: todo niega
la posibilidad de ser de nuevo
carne en la conjunción de tu memoria.
Barro el dolor, porque busco en mi ventana
la nota
que produzca silencio prometido: escribo
sobre un amor, que no llega;
pero no me despeino
en la nostalgia, porque
la fuente me deja su ruido,
promesa de una necesidad
que se intuye. Contra el dolor
yo tengo mi palabra: firme promesa
de resistir.
Magnolio – Paloma Palao
Soledad de caoba
que la piedra comparte, sigilosa memoria
que hacia el tiempo
confluye y brota prisionera
de la luna y el sueño
y lentamente aspira
la verdad y su belleza.
Manzana de la luz,
suavemente ignorante,
el cáliz terso
de su piel construye,
aroma y fuerza
que el deseo clama.
Nunca sabrás pronunciar tu nombre, hueco… – Paloma Palao
Nunca sabrás pronunciar tu nombre, hueco
como el vientre que perturba tus sueños.
Tu voz suena herida desde tu cuello
y no hay piedad para tu nostalgia. Vuelta
hacia ti, no eres tú misma, ni es tu pasión,
más que un feliz resultado de tu propia
codicia. La voz que te prestaban los que huían
del sueño, sirve de hueco a tu propia nostalgia.
Tu helada sombra te persigue y los vientos del desierto
traen tu última imagen. Desde donde te sueño
las sombras atraviesan tu enigma. Mi voz no sirve,
más que para recorrer el vacío. Todos urdimos
tu abandono, hasta que la luz fue más viva
que tu propia mortaja. Todos sabemos
que has existido y tu inocencia nos conmueve
en la tumba. Sin embargo a veces creemos
las lágrimas nos devolverán a los sueños.
Se abre la puerta de la desolación y el viento
nos desvela su enigma. Ya no hay principio
para tanta ecuación y los ángulos de los espejos
atraviesan la asfixia.
Vivir en tu voz – Paloma Palao
Vivir en tu voz,
doblarme
bajo tu párpado, sería necesario
para compensar
el beso
de nieve, la luciérnaga
de esta resurrección imposible. Pero nada
han hueco como el agua,
donde el pozo
no es medida, sino acumulación
culpable del vacío, inexistencia
proclamada,
fondo desposeído por su transparencia,
recompensa de mirar
hacia la oscuridad
y hacia dentro.
Paloma Palao
Nacida el 24 de agosto de 1944 y tristemente fallecida en un accidente de coche el 1 de abril de 1986. Paloma Palao fue una poeta que dejó profunda huella con una limitada obra poética. Su poemario El gato junto al agua obtuvo el accesit del Premio Adonais en 1970. Resurrección de la memoria, Contemplación del destierro, Retablo profano, Hortus Conclusus (recopilación elaborada póstumamente por sus amigos más cercanos) y Música o nieve. Difícil de encontrar sus libros he tenido la suerte de adquirir hace poco un original de la primera edición de El gato junto al agua. Comienza el libro con un poema de Fernando Pessoa
No tengo ambiciones ni deseos.
Ser poeta no es una ambición mía.
Es mi manera de estar solo.
Con ese inicio ya nos adelanta la belleza de la lectura que nos espera. Hechizó su poesía y su personalidad a Francisco Umbral como podéis leer aquí. Paloma Palao fue una poeta tocada por la gracia de los mejores poetas y por la desgracia que acompaña a los genios.
Sirva el día de hoy como homenaje a tan genial poeta de inolvidable recuerdo. Un viaje por algunos de sus poemas que espero disfrutéis. Os dejo unos enlaces a publicaciones relacionadas con ella y aparecidas en el diario ABC, cuya hemeroteca es una fuente de información histórica.
- Para la amistad verdadera (16-04-1988)
- Paloma Palao, azul y oscura trayectoria de oro. I y II (5-04-1986) por Clara Janés
- Memoria de Paloma Palao (4-04-1986)
- Vedado de Caza, Paloma Palao (artículo del 24-11-1974)
- Su horóscopo por favor, Paloma Palao (artículo del 14-04-1974)
- Las Poetisas: Paloma Palao (8-07-1973)
- Reseña de El gato junto al agua (23-04-1971)
- La carcel y los escritores, Paloma Palao (artículo del 4-08-1974)