Aprendo un camino para tu pestaña: luz
abierta que no se desboca.
Acudo
a la razón: todo niega
la posibilidad de ser de nuevo
carne en la conjunción de tu memoria.
Barro el dolor, porque busco en mi ventana
la nota
que produzca silencio prometido: escribo
sobre un amor, que no llega;
pero no me despeino
en la nostalgia, porque
la fuente me deja su ruido,
promesa de una necesidad
que se intuye. Contra el dolor
yo tengo mi palabra: firme promesa
de resistir.
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Magnolio – Paloma Palao
Soledad de caoba
que la piedra comparte, sigilosa memoria
que hacia el tiempo
confluye y brota prisionera
de la luna y el sueño
y lentamente aspira
la verdad y su belleza.
Manzana de la luz,
suavemente ignorante,
el cáliz terso
de su piel construye,
aroma y fuerza
que el deseo clama.
Nunca sabrás pronunciar tu nombre, hueco… – Paloma Palao
Nunca sabrás pronunciar tu nombre, hueco
como el vientre que perturba tus sueños.
Tu voz suena herida desde tu cuello
y no hay piedad para tu nostalgia. Vuelta
hacia ti, no eres tú misma, ni es tu pasión,
más que un feliz resultado de tu propia
codicia. La voz que te prestaban los que huían
del sueño, sirve de hueco a tu propia nostalgia.
Tu helada sombra te persigue y los vientos del desierto
traen tu última imagen. Desde donde te sueño
las sombras atraviesan tu enigma. Mi voz no sirve,
más que para recorrer el vacío. Todos urdimos
tu abandono, hasta que la luz fue más viva
que tu propia mortaja. Todos sabemos
que has existido y tu inocencia nos conmueve
en la tumba. Sin embargo a veces creemos
las lágrimas nos devolverán a los sueños.
Se abre la puerta de la desolación y el viento
nos desvela su enigma. Ya no hay principio
para tanta ecuación y los ángulos de los espejos
atraviesan la asfixia.
Vivir en tu voz – Paloma Palao
Vivir en tu voz,
doblarme
bajo tu párpado, sería necesario
para compensar
el beso
de nieve, la luciérnaga
de esta resurrección imposible. Pero nada
han hueco como el agua,
donde el pozo
no es medida, sino acumulación
culpable del vacío, inexistencia
proclamada,
fondo desposeído por su transparencia,
recompensa de mirar
hacia la oscuridad
y hacia dentro.
Paloma Palao
Nacida el 24 de agosto de 1944 y tristemente fallecida en un accidente de coche el 1 de abril de 1986. Paloma Palao fue una poeta que dejó profunda huella con una limitada obra poética. Su poemario El gato junto al agua obtuvo el accesit del Premio Adonais en 1970. Resurrección de la memoria, Contemplación del destierro, Retablo profano, Hortus Conclusus (recopilación elaborada póstumamente por sus amigos más cercanos) y Música o nieve. Difícil de encontrar sus libros he tenido la suerte de adquirir hace poco un original de la primera edición de El gato junto al agua. Comienza el libro con un poema de Fernando Pessoa
No tengo ambiciones ni deseos.
Ser poeta no es una ambición mía.
Es mi manera de estar solo.
Con ese inicio ya nos adelanta la belleza de la lectura que nos espera. Hechizó su poesía y su personalidad a Francisco Umbral como podéis leer aquí. Paloma Palao fue una poeta tocada por la gracia de los mejores poetas y por la desgracia que acompaña a los genios.
Sirva el día de hoy como homenaje a tan genial poeta de inolvidable recuerdo. Un viaje por algunos de sus poemas que espero disfrutéis. Os dejo unos enlaces a publicaciones relacionadas con ella y aparecidas en el diario ABC, cuya hemeroteca es una fuente de información histórica.
- Para la amistad verdadera (16-04-1988)
- Paloma Palao, azul y oscura trayectoria de oro. I y II (5-04-1986) por Clara Janés
- Memoria de Paloma Palao (4-04-1986)
- Vedado de Caza, Paloma Palao (artículo del 24-11-1974)
- Su horóscopo por favor, Paloma Palao (artículo del 14-04-1974)
- Las Poetisas: Paloma Palao (8-07-1973)
- Reseña de El gato junto al agua (23-04-1971)
- La carcel y los escritores, Paloma Palao (artículo del 4-08-1974)
LA INSPIRACIÓN – Eloy Sánchez Rosillo
En ocasiones, cuando intenta
escribir y resulta vano
el empeño y se desespera
ante el hostil papel en blanco,
de pronto ocurre, por sorpresa,
después de mucho, mucho rato
de tentativas, de paciencia,
algo que no esperaba, algo
con lo que el cielo recompensa
sus sinsabores: un milagro.
Y, casi sin buscar, encuentra
la palabra justa, el vocablo
que necesita, la manera
de que lo oscuro se haga claro.
Surge la luz. Todo se ordena.
En el papel se posa el canto.
Y cuando al fin queda el poema
completamente terminado,
quien lo escribió, confuso, piensa
que no es verdad, que está soñando.
Corazón nuevo – Federico García Lorca
Mi corazón, como una sierpe,
se ha desprendido de su piel,
y aquí la miro entre mis dedos
llena de heridas y de miel.
Los pensamiento que anidaron
en tus arrugas, ¿dónde están?
¿Dónde las rosas que aromaron
a Jesucristo y a Satán?
¡Pobre envoltura que ha oprimido
a mi fantástico lucero!
Gris pergamino dolorido
de lo que quise y ya no quiero.
Yo veo en ti fetos de ciencias,
momias de versos y esqueletos
de mis antiguas inocencias
y mis románticos secretos.
¿Te colgaré sobre los muros
de mi museo sentimental,
junto a los gélidos y oscuros
lirios durmientes de mi mal?
¿O te pondré sobre los pinos,
-libro doliente de mi amor-
para que sepas de los trinos
que da a la aurora el ruiseñor?
Latitud – José Ángel Valente
No quiero más que estar sobre tu cuerpo
como lagarto al sol los días de tristeza.
Se disuelve en el aire el llanto roto,
al pie de las estatuas
recupera la hiedra
y tu mano me busca
por la piel de tu vientre
donde duermo extendido.
El pensamiento melancólico
se tiende, cuerpo, a tus orillas,
bajo el temblor del párpado, el delgado
fluir de las arterias,
la duración nocturna del latido,
la luminosa latitud del vientre,
a tu costado, cuerpo, a tus orillas,
como animal que vuelve a sus orígenes.
Para ganar la luz – Eloy Sánchez Rosillo
Cuánta pureza en esta luz que hoy
baja del cielo, y cuánta libertad
para mi corazón, que con frecuencia
en lo oscuro se obstina.
No es fácil ver la luz,
mirarla simplemente y ser dichosos.
Muchas cosas impiden que ese don que nos salva
a nuestros ojos llegue.
Para ganar la luz es necesario
que todo sea mirada en nuestro espíritu,
que mientras la miramos olvidemos
afanes y dolores, hábitos que nos ciegan.
A pesar de negarla tantas veces,
hoy de verdad la veo, la respiro, la escucho.
Mis ojos quieren ver. Y la luz deja
que descienda a mi vida su piedad, su alegría.
EXTRAÑA FORMA DE VIDA – Carlos Marzal
A Vicente Gallego
Bajo el yunque de fuego
que el sol de agosto enciende
en el muro encalado, se derriten los pétalos
de una sedienta buganvilia grana.
Qué extraña esta belleza moribunda,
esta desaforada desnudez grandiosa,
esta sílaba escueta del milagro.