Sueño de una noche de verano – Joan Margarit

Has aparcado el coche
junto a este largo muro de cipreses.
Treinta años hace que vivimos juntos.
Yo era un chico inexperto y tú una chica
desamparada y cálida. Las sombras
de una última oportunidad
van cubriendo la luna.
Soy un viejo inexperto.
Tú, una mujer mayor desamparada.

CREPÚSCULO DISTINTO – Juan Gelman

Ha caído el crepúsculo sobre la esquina
donde suelo esperarme con un violín.
(Una muchacha, sola de sonatina,
es en el aire una música gris.)

Pasan los infaltables pájaros tristes
que el crepúsculo inventa para que a mí…
(Y esa muchacha siempre sola en su música…
Y yo siempre esperándome con un violín…)

Pasan los niños, traen sobre la punta
de su alegría risas de ta te ti.
(Pienso que esa muchacha, sola en su música…
Pienso que en el crepúsculo, juan, mi violín…)

Pasan los hombres, luchan por su estatura,
por un pan milagroso de porvenir.
(¡ Pero, muchacha sola, deja tu música!
¡Pero, juan que me esperas, deja el violín!)
La vida es roja como la buena sangre.
Dura y alegre, nunca viste de gris.
Ven, muchacha, he llegado. Caminaremos.
(Deja atrás esa música triste.
Con mi juan, el del triste violín.)

NIÑO, tus cuatro letras de ternura
viven en mí.

Niño, seguramente naces cuando
el mar dice que sí.

Niño, te digo, voy por las orillas
de un alegre violín.

Llevo tus cuatro letras de ternura.
Viven en mí.

TÓCAME la mejilla por si encuentras
una humedad antigua y olvidada.
Es del tiempo en que quise ser caballo
para no ser fantasma.

Tócame la mejilla. Vamos, anda…

Amor, ¿cómo es que vienes… – Carilda Oliver Labra

Amor, ¿cómo es que vienes
a darle al pensamiento tu estocada
si estoy entre las sienes
-débil mujer a golpes decorada-
y apenas tengo trato con la aurora
por no mirar la luz que eres ahora’?

Amor, ¿cómo es que usas
el mismo corazón en que naufrago
y arrimas tus confusas
palabras al silencio este tan vago
y en brote que es de gloria me enajenas
mientras ardiendo estoy entre las penas’?

Amor, ¿cómo es que tocas
el mundo donde salgo desmentida,
y vuelves y provocas
de nuevo los dolores de tu huida
si a tiempo de morirme tanto y tanto
te yergues sin cadáver en mi canto?

Soneto amoroso – Francisco de Quevedo

Si dios eres, Amor, ¿cuál es tu cielo?
Si señor, ¿de qué renta y de qué estados?
¿Adónde están tus siervos y criados?
¿Dónde tienes tu asiento en este suelo?

Si te disfraza nuestro mortal velo,
¿cuáles son tus desiertos y apartados?
Si rico, ¿do tus bienes vinculados?
¿Cómo te veo desnudo al sol y al yelo?

¿Sabes qué me parece, Amor, de aquesto?
Que el pintarte con alas y vendado,
es que de ti el pintor y el mundo juega.

Y yo también, pues sólo el rostro honesto
de mi Lisis así te ha acobardado,
que pareces, Amor, gallina ciega.

El amor y la locura – Félix María de Samaniego

Habiendo la Locura
Con el Amor reñido,
Dejó ciego de un golpe
Al miserable niño.
Venganza pide al cielo
Venus, mas ¡con qué gritos!
Era madre y esposa:
Con esto queda dicho.
Queréllase a los dioses,
Presentando a su hijo:
«¿De qué sirven las flechas,
De qué el arco a Cupido,
Faltándole la vista
Para asestar sus tiros?
Quítensele las alas
Y aquel ardiente cirio,
Si a su luz ser no pueden
Sus vuelos dirigidos.»
Atendiendo a que el ciego
Siguiese su ejercicio,
Y a que la delincuente
Tuviese su castigo,
Júpiter, presidente
De la asamblea, dijo:
«Ordeno a la Locura,
Desde este instante mismo,
Que eternamente sea
De Amor el lazarillo.»

Poesía de todas la épocas y nacionalidades