Si las palabras no se arrugarán, si
fuera posible ponérselas cada mañana,
como una blusa o una falda, previo
uso del quitamanchas, el cepillo y la plancha.
Si no se pudieran pronunciar ya más
por lo brilladas y rodillonas.
Si, después de un largo viaje, se
botaran como la maleta, tan descosida,
tan llena de letreros y de mugre. Si no se
cansaran, si fuera normal y corriente
someterlas a chequeo médico cada año,
con diagnósticos y exámenes de laboratorio,
vitaminas y reconstituyentes y hasta
menjurjes para la anemia. Si las
palabras hicieran sindicato en defensa
de sus fueros más legítimos y reclamaran
indemnizaciones por abuso de confianza
a aquellos que las tratan como a violín
prestado. Si algún día hicieran huelga,
¿qué opina usted, García?
Archivos Mensuales: enero 2021
Pigmalión – Guillermo Valencia
En líbico marfil tallas tu sueño
de amor, la ninfa de tu ser exalta,
y entre labios de olímpico diseño
flores de perla tu buril esmalta.
Sufres; el bloque de mirar risueño
donde la fiebre de la vida falta
yace inmóvil: la sangre de tu dueño
bajo las curvas gélidas no salta.
Atiende el cielo tu clamor. «Resurge»,
Apolo clama; la beldad esquiva
tórnase carne y a la vida surge;
la besas bajo el ático plafondo,
y entre la red de su pestaña viva
hallas lo azul sin límite ni fondo…
Un poema – José Asunción Silva
Soñaba en ese entonces en forjar un poema,
de arte nervioso y nuevo obra audaz y suprema,
Escogí entre un asunto grotesco y otro trágico
Llamé a todos los ritmos con un conjuro mágico
Y los ritmos indóciles vinieron acercándose,
Juntándose en las sombras, huyéndose y buscándose;
Ritmos sonoros, ritmos potentes, ritmos graves,
Unos cual choques de armas, otros cual cantos de aves,
De Oriente hasta Occidente, desde el Sur hasta el Norte,
De metros y de formas se presentó la corte.
Tascando frenos áureos bajo las riendas frágiles
Cruzaron los tercetos, como corceles ágiles
Abriéndose ancho paso por entre aquella grey
Vestido de oro y púrpura llegó el soneto rey,
Y allí cantaron todos… Entre la algarabía,
Me fascinó el espíritu, por su coquetería,
Alguna estrofa aguda que excitó mi deseo
Con el retintín claro de su campanilleo.
Y la escogí entre todas… Por regalo nupcial
Le di unas rimas ricas, de plata y de cristal.
En ella conté un cuento, que huyendo lo servil
Tomó un carácter trágico, fantástico y sutil,
Era la historia triste, desprestigiada y cierta,
De una mujer hermosa, idolatrada y muerta,
Y para que sintieran la amargura, exprofeso,
Junté sílabas dulces como el sabor de un beso,
Bordé las frases de oro, les di música extraña
Como de mandolinas que un laúd acompaña,
Dejé en una luz vaga las hondas lejanías,
Llenas de nieblas húmedas y de melancolías
Y por el fondo oscuro, como en mundana fiesta,
Cruzan ágiles máscaras al compás de la orquesta,
Envueltas en palabras que ocultan como un velo,
Y con caretas negras de raso y terciopelo,
Cruzar hice en el fondo las vagas sugestiones
De sentimientos místicos y humanas tentaciones…
Complacido en mis versos, con orgullo de artista,
Les dí olor de heliotropos y color de amatista…
Le mostré mi poema a un crítico estupendo…
Y lo leyó seis veces y me dijo… No entiendo!
déjate, dice, reposar sobre la pelvis, cuenco – Olvido García Valdés
déjate, dice, reposar sobre la pelvis, cuenco
de huesos, alas arrancadas del temblor, ahí
en la pelvis aquiétate, date tiempo, que otra
dulzura llegue, halle cabida, otra calma
te acoja
Cabellera negra – VICENTE ALEIXANDRE
¿Por qué te miro, con tus ojos oscuros,
terciopelo viviente en que mi vida lastimo?
Cabello negro, luto donde entierro mi boca,
oleaje doloroso donde mueren mis besos,
orilla en fin donde mi voz al cabo se extingue y moja
tu majestad, oh cabellera que en una almohada
derramada reinas.
En tu borde se rompen,
como en una playa oscura, mis deseos continuos.
¡Oh inundada: aún existes, sobrevives, imperas!
Toda tú victoriosa como un pico e los mares.
Esta muchacha y su hermosura antigua… – José García Nieto
Esta muchacha y su hermosura antigua
y su ademán de enamorada calle
que va con las ventanas de sus ojos
hacia los arcos del amor triunfante,
¿de qué lugar del suelo se ha escapado?,
¿de qué reino en que estuve hace un instante?
Hace mil años ya, pero conozco
de su piel encendida las señales.
Pasa con sus navíos por el agua;
abre sus velas; sabe de cien mares:
quieren dejarse hundir por su madera
y hacer brillar cien veces sus metales.
En la penumbra, un arenal sombrío
intenta recordar los cuerpos ágiles.
Aquí estaban un día, pero el viento
borró la oscura huella de la sangre.
La letra se refugia en la costumbre…
¡Adelante los nombres; adelante!
¿Quiénes sois? ¿Dónde estáis, sílabas muertas?
Es memoria falaz la de la carne.
Esos cabellos sueltos, esos brazos,
esos pies que se hunden, leves, graves,
esa pierna que avanza irrepetible,
ese velado pecho inalcanzable,
¿qué tejados tendrán?, ¿qué fina lluvia
harán caer en un pinar sin nadie
donde algún corazón sienta sus pasos
y estremezca los nidos al mojarse?
Señor, Tú eres el agua que ha anegado
los caminos de oro en esta tarde.
Conocían mi huella entre los pinos
que confunde la noche al acercarse.
Tenía la belleza por fortuna;
tenía un cielo azul por hospedaje,
una plaza cuadrada con palomas
y un palomar donde habitaba el aire.
Arriba estabas Tú con la mañana
llena de sol. Tu mano, dulce y grande,
se apoyaba en los hombros de la tierra,
bajaba a mis balcones a tocarme.
Hoy se han oscurecido de repente
los troncos dibujados de los árboles
donde a tientas persigo inútilmente
el testimonio de las iniciales.
Poema para ser leído y cantado – César Vallejo
Sé que hay una persona
que me busca en su mano, día y noche,
encontrándome, a cada minuto, en su calzado.
¿Ignora que la noche está enterrada
con espuelas detrás de la cocina?
Sé que hay una persona compuesta de mis partes,
a la que integro cuando va mi talle
cabalgando en su exacta piedrecilla.
¿Ignora que a su cofre
no volverá moneda que salió con su retrato?
Sé el día,
pero el sol se me ha escapado;
sé el acto universal que hizo en su cama
con ajeno valor y esa agua tibia, cuya
superficial frecuencia es una mina.
¿Tan pequeña es, acaso, esa persona,
que hasta sus propios pies así la pisan?
Un gato es el lindero entre ella y yo,
al lado mismo de su taza de agua.
La veo en las esquinas, se abre y cierra
su veste, antes palmera interrogante…
¿Qué podrá hacer sino cambiar de llanto?
Pero me busca y busca. ¡Es una historia!
A las órdenes del viento – Raquel Lanseros
Para todos los que sienten que no están al mando
Me habría gustado ser discípula de Ícaro.
Hubiera sido hermoso festejar
las bodas de Calixto y Melibea.
Me habría gustado ser
un hitita ante la reina Nefertari
el joven Werther en Río de Janeiro
la deslumbrante dama sevillana
por la que Don José rechazó a Carmen.
Yo quisiera haber sido el huerto del poeta
con su verde árbol y su pozo blanco
el inspector fiscal
con el que conversara Maiakovski.
Me habría gustado amarte. Te lo juro.
Sólo que muchas veces la voluntad no basta.
Respuesta a la luz – Pedro Salinas
Sí, sí, dijo el niño, sí.
Y nadie le preguntaba.
¿Qué le ofrecías, la noche,
tú, silencio, qué le dabas
para que él dijera a voces,
tanto sí, que sí, que sí?
Nadie le ofrecía nada.
Un gran mundo sin preguntas,
vacías las negras manos
—ámbitos de madrugada—,
alrededor enmudece.
Los síes —¡qué golpetazos
de querer en el silencio!—,
las últimas negativas
a la noche le quebraban.
Sí, sí a todo, a todo sí,
a la nada sí, por nada.
Allá por los horizontes
sin que nadie —él solo: nadie—
la escuchara, sigilosa
de albor, rosa y brisa tierna,
iba la pregunta muda,
naciendo ya, la mañana.
Aprisionada por la espuma (II) – Eunice Odio
II
Voy a tu cuerpo igual que ir a los ríos,
igual que van los ríos a los pájaros
y ellos al espacio desatado y florido.
Vengo de ti a la era
donde todo es de todos:
los que llegan, los que se han ido,
los que aún no han venido,
los que no volverán…
Porque eso es tu cuerpo:
un adentro, un afuera compartido
por mí y por el viento,
por el mar y los seres que lo guardan;
por el color y las embestidas del otoño,
y las andanzas del verano
¡que viste cosas silvestres
y es custodio de las abejas
y funde las hierbas en un crisol matutino,
en una prolongación de azucenas.