Tierra de campos – Carlos Álvarez

Le llamaron folklore a la miseria
y reserva moral al abandono;
le llamaron virtud a la ignorancia,
pecado al horizonte...
Se desnudó de mar, y echó sus anclas
a lo interior Castilla;
su impulso de expansión trocó en amarga
lección de narcisismo, y, por creerse
señora de la luz, cerró ventanas
a la canción del viento y al mensaje
forastero del agua.
Y así vivió en sí misma la meseta,
como la luz de sus contornos, plana.
¡Oh anacrónica monja de clausura
que medita su calma rutinaria
protegida por tocas ancestrales...
oh arruga invertebrada!

Silencio de una tierra ardiente y vieja
que por caminos lentos se desangra.

Tópico – Aurora Luque

Ya no atrapes el día -no se deja,		
no es tan fácil ser dueño del presente,		
persistir en la dicha o detenerla		
para el trámite mínimo		
de asignarle palabras.		
Y ni al acariciar		
las sienes o los pómulos o el pecho		
que con furia deseas, cuando la luz parece		
palparse con las yemas de los dedos,		
estás lejos al fin de los vampiros:		
la Utopía, el Vacío, la Memoria.		
Amas para escribirlo solamente,		
la dicha pide a gritos que un recuerdo		
del futuro la abrace y la duplique.		
No corras tras el día. Si no lo acosas puede		
que se tienda sumiso		
de noche en tu regazo.

Lección de gramática – Carlos Álvarez

Se rebela mi mano si la escribo,
me traiciona la lengua si la nombro,
se va de mascarada por las calles
la palabra que arranco de mi pecho.

La necesito aquí, junto a los míos,
en esta casa lóbrega y en este
momento de llorar, petrificado.
No quiero darle el pésame al espejo.

¿Qué le pasa a la gente que me mira?
¿O qué me pasa a mí si, como a un loco,
tapando la sonrisa me señalan
con un gesto de duda y aceleran

el paso? No comprendo lo que dicen.
No entienden lo que digo. Eso que veo
volando en torno a mí sé que es un pájaro.
¿Qué nombre le darán los que me niegan?

...de la misma manera, ellos pronuncian
«justicia», «libertad», «amor» y «patria»,
y sé que están nombrando algo distinto
de lo que esos vocablos significan.

¡Liberemos, amigos, el idioma!
Desnuda en su pureza la palabra
de la trampa social del adjetivo,
tendrá el mismo sentido para todos.

Serán las cosas todas para todos.

Causa incausada – Juana Castro

La noche de san juan		
en la hora más ciega se aparece		
coronada de rosas, como una llama blanca.		
¿A quién festeja, a quién		
busca encendida, a quién,		
lasciva y dulce, entregará su boca?		
Los que la vieron, sueñan		
con camelias azules estallando en las manos,		
con bambúes fragantes y caobas y garzas.		
Pero Ella, que mana de Sí misma		
y a Sí propia regresa,		
lleva en Sí todo el vino,		
toda la miel, el heno, la salvia y los enjambres		
florecidos en ojos y en caricias.		
Con el alma en las manos		
la Magna, la Dichosa, ferviente sobre atlas		
atraviesa la tierra,		
porque Ella es el mundo.

Poética al estilo de Espronceda – Carlos Álvarez

No sé esculpir el verso, pues prefiero
la paloma que vuela a la que mira
su graciosa silueta cincelada
sobre un rico cristal.

Palabras en reposo no las quiero,
ni la belleza estática me inspira;
me gusta la que colma, derramada,
su cauce natural:

el grito de liberación del río
que invade el mar; el bosque cuando canta
su agreste sinfonía a toda orquesta;
la euforia del volcán...

y vuela desbordado el verso mío
para el hombre que lucha y que levanta,
sin que le estorbe el miedo, su protesta
con los que piden pan.

De los jardines mágicos, dolientes,
bañados por la luna y por el frío,
de indolente belleza refinada,
no brota mi canción...

delante del rosal, indiferentes,
corren mis pensamientos como un río...
mas nunca desatienden la llamada
que angustia el corazón.

Y así son las palabras que os entrego,
dictada por el ansia y la certeza
de que un día vendrá para el hermano
que hoy sangra de sudor...

palabras que os entrego con un ruego:
que las tiréis si, bajo su corteza,
no tropezáis con la caliente mano
rendida del amor.

Ponente – María Sanz

Fugaz está la luz en mi turgencia,
fugaz en la mirada que me vuelve
paisaje enrojecido,
con un hombre a la espera
del aire que desplazan mis destellos,
cuando va la ciudad a hacerse noche
dejándose acunar por fuegos fatuos.

Los brazos vespertinos
me han rendido despacio, mientras sigue
la anónima mirada
vagando por las calles,
buscando mi turgencia
rosácea, que le alumbre mientras muere
su luz de cada día. 

Pero este amor… – Carlos Álvarez

Pero este amor...
A veces me da miedo de este amor
que empuja,
que ciega,
que puede agarrotar mi mano en torno
de un pedazo de hierro, de un pedazo
de vida,
        porque
con el amor a mil que están debajo
del pan que no les llega,
del aire que no rozan,
del ocio de otras manos,
debajo
de todo lo que infecta mi garganta,
puedo
llenar hasta los bordes,
apurar
una copa de odio
para el hombre entre mil a quien no amo;
puedo
odiar hasta que cruce al otro lado
–orilla de la vida –
al que descarga el látigo,
comprueba los cerrojos,
esconde los trigales,
                     se emborracha
de espuma sin saberlo:
sin saber que se embriaga con su sangre.

Poeta – José Martí

Como nacen las palmas en la arena
Y la rosa en la orilla al mar salobre,
Así de mi dolor mis versos surgen
Convulsos, encendidos, perfumados.
Tal en los mares sobre el agua verde,
La vela hendida, el mástil trunco, abierto
A las ávidas olas el costado,
Después de la batalla fragorosa
Con los vientos, el buque sigue andando.

¡Horror, horror! ¡En tierra y mar no había
Más que crujidos, furia, niebla y lágrimas!
Los montes, desgajados sobre el llano
Rodaban; las llanuras, mares turbios,
En desbordados ríos convertidas,
Vaciaban en los mares; un gran pueblo
Del mar cabido hubiera en cada arruga;
Estaban en el cielo las estrellas
Apagadas; los vientos en jirones
Revueltos en la sombra, huían, se abrían,
Al chocar entre sí, y se despeñaban;
En los montes del aire resonaban
Rodando con estrépito; ¡en las nubes
Los astros locos se arrojaban llamas!

Río luego el Sol; en tierra y mar lucía
Una tranquila claridad de boda.
¡Fecunda y purifica la tormenta!
Del aire azul colgaban ya, prendidos
Cual gigantescos tules, los rasgados
Mantos de los crespudos vientos, rotos
En el fragor sublime. ¡Siempre quedan
Por un buen tiempo luego de la cura
Los bordes de la herida sonrosados!
Y el barco, como un niño, con las olas
Jugaba, se mecía, traveseaba.

Primeros pasos – Carlos Álvarez

Mis versos no son míos: lo confieso.
Estaban en el borde del camino
cubiertos por el polvo,
muy lejos de la ruta
vertical hasta el cielo de mis sueños,
y apenas alcanzaban
la incierta ingravidez de mis sandalias...
(la mano en los bolsillos, y en el pecho
la canción y el sosiego,
las estrellas dictaban mi camino).
No supe descubrirlos
hasta el primer tropiezo:
cuando azoté la tierra con las manos
y la noche murió sobre mi espalda,
y sólo entonces supe
que entre el polvo y el barro se escondían
el manantial primero
que alumbra el río,
el río de incansable singladura
que vierte sobre el mar su propia entrega,
el mar que se alimenta
de su escena de amor sobre la playa...
Pero caí de bruces en el polvo
y me dolió la tierra,
y cuando nuevamente
me alcé sobre mí mismo y contra el cielo
y la noche volvió a tener su espejo,
mis manos ya no estaban
ociosas en el fondo del bolsillo,
y buscaban con gesto sorprendido
la causa soterrada
de la voz dolorida que se apretó en mi carne;
la palabra antes dicha
gota a gota de sangre, verso a verso,
con amor y dolor puesta en barbecho
a cada nueva siembra
por los hombres que hicieron el camino
para que yo pudiera recorrerlo.