Porque el fantasma porque ayer porque hoy:
porque mañana porque sí porque no
Porque el principio porque la bestia porque el fin:
porque la bomba porque el medio porque el jardín
Porque góngora porque la tierra porque el sol:
porque san juan porque la luna porque rimbaud
Porque el claro porque la sangre porque el papel:
porque la carne porque la tinta porque la piel
porque la noche porque me odio porque la luz:
porque el infierno porque el cielo porque tú
Porque casi porque nada porque la sed
porque el amor porque el grito porque no sé
Porque la muerte porque apenas porque más
porque algún día porque todos porque quizás
Archivos Mensuales: julio 2024
Finis Terrae – Bibiana Collado Cabrera
EMPEÑADOS con vehemencia en el olvido,
guardamos las fronteras con dragones.
Los mapas de nuestros pasados
rebosan de finis terrae,
cada amor agotado en su sierpe.
Vencido el breve espacio del ahora,
confusa en la conquista de los límites,
habrá que dejar de luchar
contra mí misma.
Abandono la ficción de las fronteras.
Cada uno de los confines
de esta tierra me señala.
Mi corazón – Elías Nandino
Es mentira
que mi corazón porque palpita
esté despierto.
Sus latidos son tan sólo
el goteo
de su llanto glacial
como el que llora al fundirse
el témpano de hielo.
Es mentira
que mi corazón porque palpita
esté despierto.
Su misión se reduce
a mantener de pie
a un muerto
que esperanzado
aún persigue sus sueños.
El sol poniente – Ángel de Saavedra (Duque de Rivas)
A los remotos mares de Occidente
llevas con majestad el paso lento,
¡oh sol resplandeciente!,
alma del orbe y de su vida aliento.
Otro hemisferio con tu luz el día
espera ansioso, y reverente adora
ya un rayo de alegría
con que te anuncia la risueña aurora.
Sobre ricas alfombras de oro y grana
que ante tus plantas el ocaso extiende,
tu mole soberana
lentamente agrandándose desciende.
La tierra que abandonas te saluda,
el mar tus rayos últimos refleja,
y la atmósfera muda
ve que contigo su esplendor se aleja.
Del lozano Posílipo la cumbre
ya oculta tu magnífica corona,
pero tu sacra lumbre
aún deja en pos una encendida zona;
y aún dora del Vesubio la agria frente,
y aún brilla en el espléndido plumaje
de humo y ceniza ardiente,
que sube hasta perderse en el celaje;
y aún esmalta con vivos resplandores,
y perfila con oro y con topacio,
los nítidos colores
de las nubes que cruzan el espacio.
Pero, a medida que de aquí te alejas,
tu regia pompa tras de ti camina,
y tan solo nos dejas
tibia luz pasajera y blanquecina.
Y queda sin color la tierra helada,
sin vislumbres la mar y sin reflejos,
y con niebla borrada
Capri se pierde entre confusos lejos;
mas también el crepúsculo volando
va en pos de ti, y al mar y tierra y cielo
la noche amortajando
con su impalpable y pavoroso velo.
¿Y no te siguen del mortal los ojos
anhelantes, confusos, arrasados;
y, al ver tus rayos rojos
desparecer, no quedan consternados?
¿No tiembla el hombre, y puede en su demencia
al sueño y al placer y a los amores
darse, sin que la ausencia
le aterre de tus puros resplandores?…
¿Quién la seguridad le da patente
(ni aun el orgullo de su ciencia vana)
de que al plácido Oriente
a darle vida y luz vendrás mañana?
¡Ay!… ¡Si el Criador del universo, airado
de ver tan solo en la rebelde tierra
el triunfo del malvado,
y la inicua ambición, y la impía guerra,
la inmensa hoguera en que ardes apagara
de un soplo, o de la ardiente
melena te llevara
a otro espacio su mano omnipotente!…
Mas no, fúlgido sol: vendrás mañana,
que no trastorna, no, su ley eterna
la mente soberana
que formó el universo y lo gobierna.
Mil veces y otras mil vendrás, en tanto
el plazo designado se consuma
que el Dios tres veces santo
dio a la creación en su sapiencia suma.
Sí; volverás y durarás, que tienes,
criatura predilecta, el don de vida,
y hermoso te mantienes,
burlando de los siglos la corrida.
No así nosotros, míseros humanos,
polvo que arrastra el hálito del viento,
efímeros gusanos
cuya vida es un rápido momento.
Nuestro afán debe ser solo, al mirarte
trasmontar y dejarnos noche umbría,
si aún vivos admirarte
no será concedido al otro día.
¡Ah!… ¿Quién sabe?… Tal vez, sol refulgente,
que has hoy mi pensamiento arrebatado,
mañana desde Oriente
darás tu luz a mi sepulcro helado.
Voyerismo – Fiama Valerio
Me infiltré como una rata en tu cañería,
contemplé el espectáculo
que del espejo se proyectaba.
Tus mejillas se ruborizaban como bayas silvestres,
solo faltaba que las aves te picaran.
Las aureolas de tus pezones se agrandaron
como la apertura del capullo.
Galopabas, pero sin equino.
Escuché tus gemidos, similares a un sermón,
hasta que se contractaron tus músculos
y te sosegaste en el tiempo.
Una corriente de viento refrescó mi cuerpo
mientras mi otro yo sexual
se entrometía un vibrador abajo del periné.
Mis manos se ungieron de esperma,
poco a poco me fui apaciguando
hasta quedar dormitado en tu fontanería.
María Magdalena – Claribel Alegría
Te amé, Jesús
te amé
y tú también me amaste
entre todos los rostros
me buscabas
y me anhelabas cerca.
Me sedujo tu voz
la serena pasión
de tu palabra.
Sentí temblar tu carne
sentí temblar al hombre
cuando ungí tu cuerpo
con perfumes
y enjugué tus pies
con mis cabellos.
Pude haberte hechizado
y no lo hice
me frenó tu mirada
tu renuncia
entre todos los hombres
fuiste el hombre
y no quiero curarme
de este amor.
Historia de amor – Antonio Colinas
Pesaba en nuestros cuerpos la hermosura
de un nuevo atardecer estremecido.
Cruzábamos aquellos matorrales
altos, desnudos, que en la primavera
se aroman todos, se hacen más profundos
con el trino y el juego de los pájaros.
Brotaba una gran luna amoratada
detrás de los zarzales y en el césped
había escarcha, estrellas diminutas,
hojas brillantes, mínimas de fuego
que tanto nos gustaba contemplar.
Volvíamos del río, de la orilla
húmeda y vaporosa de los álamos.
Luego, ya por las calles, todo el pueblo
quedaba sorprendido, nos pedía
razón de aquella luz que en nuestros ojos,
apaciguada, estaba delatándonos.
En nuestros rostros se alió el rubor
con la alegría temerosa y clara
del que le han sorprendido en buen secreto.
Aquel tesoro acumulado lento,
los callados instantes del abrazo,
cada hora que el amado dio a la amada,
quedaron descubiertos para siempre.
Alguien habló, dijeron que nosotros
éramos de otro mundo, que en las frentes
nos brillaba una luz desconocida.
Hubo un júbilo extraño y cada casa
abrió todas sus puertas a la historia
fantástica y veraz de nuestro amor.
Gritar – Paul Éluard
Aquí la acción se simplifica
He derribado el inexplicable paisaje de la mentira
He derribado los gestos sin luz y los días impotentes
He arrojado por encima de la tierra lo que he leído y oído
Me he puesto a gritar
Todos hablaban bajo hablaban y escribían
Demasiado bajo
He hecho retroceder los límites del grito
La acción se simplifica
Pues arrebato a la muerte esta visión por encima de la vida
Que le adjudicaba su lugar ante mí
Con un grito
Tantas cosas han desaparecido
Que ya no desaparecerá nunca nada
De lo que merece vivir
Estoy seguro ahora que el verano
Canta debajo de las puertas frías
Bajo armaduras opuestas
Las estaciones arden en mi corazón
Las estaciones los hombres sus astros
Que tiemblan porque son tan semejantes
Y mi grito desnudo sobre un peldaño
De la inmensa escalera del gozo
Así he aquí el fruto que madura
Quemado de frío escarchado de sudor
He aquí el lugar generoso
Donde no duermen más que los que sueñan
El tiempo es hermoso gritemos más fuerte
Para que los soñadores duerman mejor
Envueltos en palabras
Que hacen bello el tiempo en mis ojos
Estoy seguro que en todo momento
Hijo y abuelo de mis amores
De mi esperanza
La dicha brota desde mi grito
Para la busca más alta
Un grito del que el mío sea el eco
Yo pienso en ti – Claudio Bertoni
Yo pienso en ti
sufro y me masturbo a medias
y a más y a menos que a medias
y rumio y pulo mis mensajes de texto
y paro la oreja por los inexistentes tuyos
y tú duermes y hablas de paltas y tomates
cuando te mando besos densos de amor en inglés
duermes y duermes y me olvidas y no te disculpas como se debe
y yo me muerdo las uñas y te quiero.
Balada – Francisco Villaespesa
Llamaron quedo, muy quedo,
a las puertas de la casa.
-¿Será algún sueño- le dije-
que viene a alegrar tu alma?
-¡Quizás! -contestó riendo...
Su risa y su voz soñaban.
Volvieron a llamar quedo
a las puertas de la casa...
-¿Será el amor?-grité, pálido,
llenos los ojos de lágrimas...
-Acaso- dijo mirándome...
Su voz de pasión temblaba...
Llamaron quedo, muy quedo,
a las puertas de la casa.
-¿Será la Muerte? -le dije...
Ella no me dijo nada...
Y se quedó inmóvil, rígida,
sobre la blanca almohada,
las manos como la cera
y las mejillas muy pálidas.