Son ya tantas las flores de este valle
que se abrieron queriendo recordar;
tantas las horas idas, en caricia
de hombros desnudos al amanecer;
tan hondas, tan del alma las estrellas
con música apretando el corazón...
Las veces en que el agua y tu cintura,
la luz y tu sonrisa, el palpitar
de las ramas del aire y los suspiros
los enlazó mi sueño porque tú
no estabas —aunque estabas—; tanto fue
el cariño que di por ti en miradas,
en pensamientos, tanto fue el amor...
Que cuando llegues —bajo tu luz misma
como el sol súbito en el ancho mar—,
verás de pronto, cieleado, inmenso,
un mundo sólo florido hacia ti
y en el que todo, en ala de caricia
dirá: «soy yo; te quiero, te esperé».
Para ti sola, por la madrugada
de luz antigua que en tus ojos hay;
para que sacies con tus manos rosas,
sobre el anhelo en flor de la canción
abro esta página de primavera...
Eres tú misma. Llega a ti. ¡Ven!
Todas las entradas por Ricardo Fernández
El amor – Pablo Neruda
Pequeña
rosa,
rosa pequeña,
a veces,
diminuta y desnuda,
parece
que en una mano mía
cabes,
que así voy a cerrarte
y a llevarte a mi boca,
pero
de pronto
mis pies tocan tus pies y mi boca tus labios,
has crecido,
suben tus hombros como dos colinas,
tus pechos se pasean por mi pecho,
mi brazo alcanza apenas a rodear la delgada
línea de luna nueva que tiene tu cintura:
en el amor como agua de mar te has desatado:
mido apenas los ojos más extensos del cielo
y me inclino a tu boca para besar la tierra.
Carmen del lago azul – Eugenio de Nora
A un lago azul te comparaba,
maravilloso, claro.
Pues, como ya nada en el mundo
tenía sentido, como ya el descanso
sólo podía traerlo el gran regreso,
la muerte misma, yo, anhelando,
con el corazón joven
busqué lo más cercano
a morir: entregarse,
amar perdidamente, darlo
todo.
...Queda un lago encantado.
*
«Aquí llegaron los amantes»,
dirán.
Y si la primavera,
igual que ahora con nosotros
florece en las orillas tiernas,
han de pensar:
«Por estos lirios
de los bordes, por la pradera
venían... Pero las flores, bajo el tiempo,
eran aún más bellas...
y ellos siguieron, hasta el fondo.
(Maravilloso era
ver cómo entraban al palacio
del agua, sonriendo,
soñando, mano en mano...)»
«Aquí llegaron...»
Y en la noche
—fuego de astros bajo el lago—,
dirán:
«Se fueron a buscar estrellas
que en lo hondo de sus ojos palpitaron...»
*
Nosotros, ya, seremos
canción sólo en sus labios.
...Pero labios de amor. Y se oirán besos
al chasquido del agua en lo estrellado.
Maldición – María Mercedes Carranza
Te perseguiré por los siglos de los siglos.
No dejaré piedra sin remover
Ni mis ojos horizonte sin mirar.
Dondequiera que mi voz hable
Llegará sin perdón a tu oído
Y mis pasos estarán siempre
Dentro del laberinto que tracen los tuyos.
Se sucederán millones de amaneceres y de ocasos,
Resucitarán los muertos y volverán a morir
Y allí donde tú estés:
Polvo, luna, nada, te he de encontrar
Carmen de unos recuerdos – Eugenio de Nora
Hermosa,
sólo hermosa.
Estrellas tibias en tu pelo suelto
que el aire combatía;
prados floridos, cielos
en el agua, curvados
animales ligeros cuerpo abajo, ladera
abajo; pechos
gacelas; áureas
caderas con caballos. Todo, fuego
en un río de espacio musical, cauce de astros
infinito.
Sí: bella,
hermosa. Sonreías
como cálida nieve; mirabas pasar ríos;
concedías labiales
claveles oprimidos, auroras
vacilantes, luz negra,
hiedras ardientes cuerpo adentro.
¡Oh rosa
hija del tiempo, agua
del tiempo, floreciente
lago de tiempo!
Junto a tus orillas
he soñado la vida, y he mirado
anchos los cielos. Aunque todo pase,
yo amaré siempre.
Poso mi cabeza
sobre la roca, muevo el horizonte,
y oh sollozado ramo de palabras, golpeo
el agua clara. ¡Fuente,
luz del ser, con tu imagen!
¿Te soñaba? Tenía
una estrella en el pecho.
Y tú eras
hermosa, eras
hermosa; sonreías...
Cuchillos en abril – Pere Gimferrer
Odio a los adolescentes.
Es fácil tenerles piedad.
Hay un clavel que se hiela en sus dientes
y cómo nos miran al llorar.
Pero yo voy mucho más lejos.
En su mirada un jardín distingo.
La luz escupe en los azulejos
el arpa rota del instinto.
Violentamente me acorrala
esta pasión de soledad
que los cuerpos jóvenes tala
y quema luego en un solo haz.
¿Habré de ser, pues, como éstos?
(La vida se detiene aquí)
Llamea un sauce en el silencio.
Valía la pena ser feliz.
Carmen de las manos maravillosas – Eugenio de Nora
¡Versos de amor! Qué pronto queda
dicho todo, sin empezar.
Es igual que mirar al cielo
iluminado alguna vez.
Tan honda en lejanía, tan puro
lo que quisiéramos cantar.
Pero qué decir de una rosa
en la mano, en el corazón.
( Sentarse al borde de una fuente,
sedientos, y verla temblar
en el junco verde, en el pájaro
que alegra la onda de la luz.
Tan indecible y sin palabras
como adorar, quedar, sentir
al aire en flor de una sonrisa
toda nuestra felicidad. )
Yo no sé bien por qué, tentado
de imposible, quiero decir
cómo la dicha excede al hombre,
cómo es tan inefable ser;
¡ser, solamente, ser, completos,
esto que somos al amar!
Una lira sonora, ebria,
en manos...
ah, ¿de quién, de quién?
Huésped súbito – Manuel del Cabral
Ahora estás aquí.
¿Pero puedes estar?
Tú dices que te llamas... Pero no, no te llamas...
Desde que tengas nombre comienzo a no respirarte,
a confirmar que no existes,
y es probable que desde entonces no te nombre,
porque cualquier detalle, una línea, una curva,
es material de fuga;
porque cada palabra es un poco de forma,
un poco de tu muerte.
Tu puro ser se muere de presente.
Se muere hacia el contorno.
Se muere hacia la vida.
Carmen del destino – Eugenio de Nora
¡Vida plena, primavera!
¿Quién os podría negar
viéndoos?... Y si pasarais,
¡tiempo para recordar!
¡Ah!, ¿en qué mundo, o en qué sueño
he entrado, para encontrar
el alma que no tenía...?
¡Pudiera morirme ya!
Lo mejor de mí no es mío.
Lo que yo he de ser está
esperándome en tus ojos.
¡Cómo los iba a olvidar!
Morada – Jorge Riechmann
En alguna parte un pájaro escrito hace explosión
pues sus plumas estaban ordenadas
como las últimas páginas de un libro
Hay un imperceptible equilibrio de instantes
Si se moviese algo
el vacío se vertería en el vacío
De una habitación a otra
la luz puede seguirme voy andando despacio
Ante cada puerta
escucho largo rato sin atreverme a abrir:
un pianista manco impone silencio
en el sueño de un niño / sus manos en la tapa
ardiendo con la llama cortante del otoño
un ramo azul de rosas de jardines polares
una carta cerrada que contiene
el momento en que se abrirá
una ausencia disfrazada de ausencia / un frío tenue
un apenas error / una secreta sorpresa
que no alcanzo a distinguir
Dentro del azucarero he encontrado
en un charco áspero de lágrimas a
quien vive aquí