Otros podrán ganar mucho dinero
pero yo he sacrificado ese dinero
por escribirte estos cantos a ti
o a otra que cantaré en vez de ti
o a nadie.
Todas las entradas por Ricardo Fernández
Epigrama 3 – Ernesto Cardenal
De estos cines, Claudia, de estas fiestas,
de estas carreras de caballos,
no quedará nada para la posteridad
sino los versos de Ernesto Cardenal para Claudia (si acaso)
y el nombre de Claudia que yo puse en esos versos
y los de mis rivales, si es que yo decido rescatarlos
del olvido, y los incluyo también en mis versos
para ridiculizarlos.
Epigrama 2 – Ernesto Cardenal
Cuídate, Claudia, cuando estés conmigo,
porque el gesto más leve, cualquier palabra un suspiro
de Claudia, el menor descuido,
tal vez un día lo examinen eruditos,
y este baile de Claudia se recuerde por siglos.
Claudia ya te lo aviso.
Epigrama 1 – Ernesto Cardenal
Te doy, Claudia, estos versos, porque tú eres su dueña.
Los he escrito sencillos para que tú los entiendas.
Son para ti solamente, pero si a ti no te interesan,
un día se divulgarán tal vez por toda Hispanoamérica…
Y si el amor que los dictó, tú también lo desprecias,
otras soñaran con este amor que no fue para ellas.
Y tal vez verás, Claudia, que estos poemas,
(escritos para conquistarte a ti) despiertan
en otras parejas enamoradas que los lean
los besos que en ti no despertó el poeta.
Soneto del amor absoluto – Fernando Cazón Vera
Ya poniendo mi pie sobre el estribo
o al desandarle un mes al calendario,
sobre los días siempre sucesivos
te amo sin beneficio de inventario.
Que con la roja sangre que te escribo,
del breve surco al cielo planetario,
te amará entre los muertos y los vivos
este pequeño amor extraordinario.
Te amo con mi alegría dolorosa,
en la delgada sombre de la espiga,
en el desnudo fuego de la rosa.
Y yo que te amo infinidad de veces,
sin treguas, sin cansancio y sin fatiga,
de nuevo estoy en este amor que crece.
Corazón – Elena Medel
De puntillas bajaré al sótano del mundo,
donde las niñas remedan su torso hueco
con los juguetes que encuentran por la calle.
Si te acercas a mi pecho
un dragón blandito te quemará los ojos,
fabricando con sus pupilas una brújula
que me pierda en el pasillo hasta tu cuarto.
La música – Antonio Hernández
La música, poeta.
Es la que paga todas
nuestras deudas, las adquiridas
y las que pueden venir.
Que no cojee la luz.
Vals de atardecer – Ángel González
Los pianos golpean con sus colas
enjambres de violines y de violas.
Es el vals de las solas
y solteras,
el vals de las muchachas casaderas,
que arrebata por rachas
su corazón raído de muchachas.
A dónde llevará esa leve brisa,
a qué jardín con luna esa sumisa
corriente
que gira de repente
desatando en sus vueltas
doradas cabelleras, ahora sueltas,
borrosas, imprecisas
en el río de música y metralla
que es un vals cuando estalla
sus trompetas.
Todavía inquietas,
vuelan las flautas hacia el cordelaje
de las arpas ancladas en la orilla
donde los violoncelos se han dormido.
Los oboes apagan el paisaje.
Las muchachas se apean en sus sillas,
se arreglan el vestido
con manos presurosas y sencillas,
y van a los lavabos, como después de un viaje.
Nací para poeta o para muerto… – Gloria Fuertes
Nací para poeta o para muerto,
escogí lo difícil
—supervivo de todos los naufragios—,
y sigo con mis versos,
vivita y coleando.
Nací para puta o payaso,
escogí lo difícil
—hacer reír a los clientes desahuciados—,
y sigo con mis trucos,
sacando una paloma del refajo.
Nací para nada o soldado,
y escogí lo difícil
—no ser apenas nada en el tablado—,
y sigo entre fusiles y pistolas
sin mancharme las manos.
Y pensar que pudimos – Ramón López Velarde
Y pensar que extraviamos
la senda milagrosa
en que se hubiera abierto
nuestra ilusión, como perenne rosa…
Y pensar que pudimos
enlazar nuestras manos
y apurar en un beso
la comunión de fértiles veranos…
Y pensar que pudimos
en una onda secreta
de embriaguez, deslizarnos,
valsando un vals sin fin, por el planeta…
Y pensar que pudimos,
al rendir la jornada,
desde la sosegada
sombra de tu portal y en una suave
conjunción de existencias,
ver las cintilaciones del zodíaco
sobre la sombra de nuestras conciencias…