La mujer imposible,
La mujer de dos metros de estatura,
La señora de mármol de Carrara
Que no fuma ni bebe,
La mujer que no quiere desnudarse
Por temor a quedar embarazada,
La vestal intocable
Que no quiere ser madre de familia,
La mujer que respira por la boca,
La mujer que camina
Virgen hacia la cámara nupcial
Pero que reacciona como hombre,
La que se desnudó por simpatía
(Porque le encanta la música clásica)
La pelirroja que se fue de bruces,
La que sólo se entrega por amor,
La doncella que mira con un ojo,
La que sólo se deja poseer
En el diván, al borde del abismo,
La que odia los órganos sexuales,
La que se une sólo con su perro,
La mujer que se hace la dormida
(El marido la alumbra con un fósforo),
La mujer que se entrega porque sí,
Porque la soledad, porque el olvido...
La que llegó doncella a la vejez,
La profesora miope,
La secretaria de gafas oscuras,
La señorita pálida de lentes
(Ella no quiere nada con el falo),
Todas estas walkirias,
Todas estas matronas respetables
Con sus labios mayores y menores
Terminarán sacándome de quicio.
Archivo de la categoría: Premio Nacional de literatura
El galán imperfecto – Nicanor Parra
Una pareja de recién casados
Se detiene delante de una tumba.
Ella viste de blanco riguroso.
Para ver sin ser visto
Yo me escondo detrás de una columna.
Mientras la novia triste
Desmaleza la tumba de su padre
El galán imperfecto
Se dedica a leer una revista.
Defensa del árbol – Nicanor Parra
Por qué te entregas a esa piedra
Niño de ojos almendrados
Con el impuro pensamiento
De derramarla contra el árbol.
Quien no hace nunca daño a nadie
No se merece tan mal trato.
Ya sea sauce pensativo
Ya melancólico naranjo
Debe ser siempre por el hombre
Bien distinguido y respetado:
Niño perverso que lo hiera
Hiere a su padre y a su hermano.
Yo no comprendo, francamente,
Cómo es posible que un muchacho
Tenga este gesto tan indigno
Siendo tan rubio y delicado.
Seguramente que tu madre
No sabe el cuervo que ha criado,
Te cree un hombre verdadero,
Yo pienso todo lo contrario:
Creo que no hay en todo Chile
Niño tan mal intencionado.
¡Por qué te entregas a esa piedra
Como a un puñal envenenado,
Tú que comprendes claramente
La gran persona que es el árbol!
Él da la fruta deleitosa
Más que la leche, más que el nardo;
Leña de oro en el invierno,
Sombra de plata en el verano
Y, lo que es más que todo junto,
Crea los vientos y los pájaros.
Piénsalo bien y reconoce
Que no hay amigo como el árbol,
Adonde quiera que te vuelvas
Siempre lo encuentras a tu lado,
Vayas pisando tierra firme
O móvil mar alborotado,
Estés meciéndote en la cuna
O bien un día agonizando,
Más fiel que el vidrio del espejo
Y más sumiso que un esclavo.
Medita un poco lo que haces,
Mira que Dios te está mirando,
Ruega al señor que te perdone
De tan gravísimo pecado
Y nunca más la piedra ingrata
Salga silbando de tu mano.
Conversación con Elisa – Luis García Montero
CUANDO cierres la puerta
y traigas en los ojos
la próxima derrota,
piensa que yo he perdido
más batallas que tú.
Cuando tu soledad
pese en las multitudes
y los indiferentes,
piensa que yo he vivido
más solo que tú.
Cuando nadie comprenda
la realidad de un sueño
herido por el mundo,
piensa que yo he fallado
más veces que tú.
Y cuando te avergüencen
por acudir al frío
de los que te llamaban,
piensa que yo he deshecho
más nieve que tú.
La vida nunca es fácil,
pero vas a entender
su corazón alegre,
tenaz y melancólico,
igual que yo.
Porque aparecerá
cualquier día del año
alguien mucho más joven
y más desobediente,
igual que tú.
Recibirás entonces
la mejor recompensa.
Todo tendrá el sentido
y una mirada limpia,
igual que tú.
Me estás enseñando a amar… – Gerardo Diego
Me estás enseñando a amar.
Yo no sabía.
Amar es no pedir, es dar,
noche tras día.
La Noche ama al Día, el claro
ama a la Oscura.
Qué amor tan perfecto y tan raro.
Tú mi ventura.
El Día a la Noche alza, besa
sólo un instante.
la Noche al Día -alba, promesa-
beso de amante.
Me estás enseñando a amar.
Yo no sabía.
Amar es no pedir, es dar.
Mi alma, vacía.
Oscuridad creadora – Rafael Guillén
Cierro los ojos y veo
la oscuridad. Te veo a ti
cuando no eras, cuando,
antes de ti, ya estabas destinada
a amarme. Tapo las rendijas
del corazón, no huyendo del externo
resplandor, sino para que no salga
afuera esta creadora
oscuridad en la que estoy amándote.
Cierro los ojos y desciendo al pozo
de tu amor y es su ciega
negrura de azabache la que presta
frescura al agua. Cierro
las ventanas que miran a lo extenso
de tu amor y lo más corpóreo y turbio
de ti se me sitúa
al alcance del beso.
Cierro los ojos para verte,
porque es desde la noche desde donde
amanece, porque es de las tinieblas
de donde surge el rayo, porque
es de la oscuridad de donde nace
todo lo que hace humana
la luz.
Sueños – Gerardo Diego
Anoche soñé contigo.
Ya no me acuerdo qué era.
Pero tú aún eras mía,
eras mi novia. ¡Qué bella
mentira! Las blancas alas
del sueño nos traen, nos llevan
por un mundo de imposibles,
por un cielo de quimeras.
Anoche tal vez te vi
salir lenta de la iglesia,
en las manos el rosario,
cabizbaja y recoleta.
O acaso junto al arroyo,
allá en la paz de la aldea,
urdíamos nuestros sueños
divinos de primavera.
Quizás tú fueras aún niña
-¡oh remota y dulce época!-
y cantaras en el coro,
al aire sueltas las trenzas.
Y yo sería un rapaz
de los que van a la escuela,
de los que hablan a las niñas,
de los que juegan con ellas.
El sueño es algo tan lánguido
tan sin forma, tan de nieblas...
¡Quién pudiera soñar siempre!
Dormir siempre ¡quién pudiera!
¡Quién pudiera ser tu novio
(alma, vístete de fiesta)
en un sueño eterno y dulce,
blanco como las estrellas!...
Imagen – Rafael Cadenas
Irás
de una tergiversación
a otra
en lenguas
(la costumbre
es tomar la medida
con éste o aquel metro
y echar el fallo)
pero a ti,
entero,
sólo te conoce
el vacío.
No está el aire propicio para estampar mejillas… – Gerardo Diego
No está el aire propicio para estampar mejillas.
Se borraron la flechas que indicaban la ruta
más copiosa de pájaros para los que agonizan.
Se arrastran por los suelos nubes sin corazón
y a la garganta trepa la impostura del mundo.
No está el aire propicio para cantar tus labios,
tu nuca en desacuerdo con las leyes de física
ni tu pecho de interna geografía afectuosa.
Las tijeras gorjean mejor que las calandrias
y no vuelven ya nunca si remontan el vuelo
y aquí en mi cercanía tres libros se aproximan,
abiertos en la página donde muere una reina.
Qué dulce despertar el del amor que existe
y qué existencia clara la del ojo que duerme,
velado por las alas remotas de los párpados.
Pétalos de difuntas miradas, llueven, llueven
y llueven, llueven, llueven. Me sepultan los pies,
las rodillas, el vientre, la cintura, los hombros.
Van a enterrarme vivo; van a enterrarme vivo;
No está el aire propicio para soñar contigo.
Insinuación – Gerardo Diego
Oh, ven, ven, ¿a qué esperas?
Los árboles te llaman
agitando sus miembros infinitos.
La tierra abre sedienta
la boca, y modifica
la incómoda postura de sus muslos.
Sus párpados entoldan los tejados.
Alborotan los niños de la escuela.
Se hace más tersa y suave
la mejilla frutal de las mujeres.
Y acarician mi frente anubarrada,
barriéndola de duros pensamientos
los plumeros de seda de la brisa.
Oh, ven pronto
a adormecer -silencio- nuestros sueños,
contándoles tu historia sin sentido,
tan casta y voluptuosa,
toda de besos mudos
y calladas sorpresas.