Mi Cara
En mi cara redondita
tengo ojos y nariz,
y también una boquita
para hablar y para reír.
Con mis ojos veo todo,
con la nariz hago achís,
con mi boca como como
palomitas de maíz
Mi Cara
En mi cara redondita
tengo ojos y nariz,
y también una boquita
para hablar y para reír.
Con mis ojos veo todo,
con la nariz hago achís,
con mi boca como como
palomitas de maíz
Dejaste de masticar la sangre: la vida se resumía en suero porque el suero es el nuevo oro.
Ya no buscamos diamantes, queremos longevidad.
Hay reinas que coleccionan comida bajo la cama y todas se creen princesas. ¿Recuerdas el
cuento? Hay musculatura. Tu medicina no olía bien.
Hay reinas que coleccionan comida, y en sus venas el suero. Y en sus estómagos los perros.
Ahora dicen que tienes náuseas pero yo sé que cada eructo es un canto.
Una bolsa azul con tu nombre y el del asesino.
Pero tú quieres alimentarte.
Tú quieres decirlo: sobrevivir cansa.
Lluvia, hoy no te siento.
Hoy no eres nada
mas que agua vertical.
Apenas si te escucho
golpear el pavimento
y llamar con tu clave
sobre mi ventanal
Lluvia, hoy no eres nada
para mi desaliento
nocturno y abismal.
Cuando era niña hallaba
en tu canción un cuento,
y ya en mi adolescencia
me diste un madrigal.
Ahora, lluvia, tengo
tanta tristeza adentro,
que no me dices nada,
sólo te oigo golpear.
Hundido entre juncales,
eludí la pasión
de la mujer sin carne.
Eludí la pasión,
dentro de mi ramaje
y sin quererlo yo.
Perdida entre arenales
la mujer, ya voló
mi carne con su carne.
Nos desea fugaces
porque pide una estela.
Es la isla emergida para el lobo,
el tronco donde cuelga su candil la lechuza,
la mano que bendice al alejarnos.
Y si le fuera dado apagar las hogueras
lo haría escondida
tras el color del cuervo.
Porque está en el extremo de las cosas,
le cede a la aurora los volúmenes,
el quehacer de las voces, la embestida,
y al mar la incandescencia de los hijos
que vienen como restos de una fragua.
De tu trozo de mundo eres dueña,
niña de agua
que tiempo dentro te anuncias.
Con retumbos y piruetas
le borras a mi talle toda forma.
Pesas mis pechos, los estrías,
me amasas como quieres las costuras
hasta que un día,
soberbia, ocupes tu silla
y me dejes hecha una tonta,
sin poder reconocerme en mi cintura.
Dormida,
en tu cansancio sólo hay cuerpo,
la materialidad del día grávido.
Soy yo quien imagina alma en tu alma,
la invento con mirar,
rozo tu sueño y eres toda
la que ni tú ni yo sabemos que eres.
Amanece lo exacto sin nosotros,
que nos quedamos fuera de su peso,
temblor de sol en la ventana.
Esta penumbra nos inhibe
de brusca realidad,
aunque amanezca.
Alma es dejar de ser
en algo
y amanece.
Mueren las rosas
a pesar de la lluvia.
Mi corazón doliente
poco alimento
puede cederles ya.
Dame la mano.
Tu agonía
en la mía
logrará ser más fuerte
que el agosto
y teñir con su sangre
ese desesperado
último aliento,
cerrar el grito
que nos lanzan
desde el color marchito
que casi envuelto en oro
amenaza irremediablemente sus corolas.
De ninguna parte llega. ¿Partir?
No existe la mágica palabra que rompa
esta costumbre del ojo, este silencio
sonoro de dardos. La primavera, el lujo
de los años y de la luz, se perdía ahora
en el camino vencido. Las esperanzas
han muerto a tiempo. De nuevo, todo es perfecto
a lo largo del vacío: la lenta lluvia
no va a parte alguna.
están puestas las eras de la noche
y una temprana inteligencia de luz
enciende la melancolía
era líquida aún
y lloraba
Todavía brilla tu morir
violeta dura