Trigesimoctava variación – Álvaro Pombo

El alba es un laúd lejano
El cielo es una gaviota imaginada
E imaginado es todo hasta el olvido

No hay más acá que sirva de paréntesis
Ni más allá que sirva de horizonte
Imaginado es todo hasta la muerte

E imaginé tu amor que no existía
E imaginé que imaginé tu amor que no existía
E imaginé que imaginé que imaginé tu amor que no existía

El olvido y la muerte fueron reales sin embargo

Variaciones (1977)

5436 – Álvaro Pombo

Fingí abrir la cancela
Y se abrió la cancela
El parque dibujado al fondo

Se ve la fuente apoyada en el crepúsculo
Hundidas las mejillas
Desdentada y postiza

Carne desmoronada en el confuso
Reino

Del invierno desunido
Esmeralda voluble
De tus labios abandonados

Me equivoqué hice trampa
Los dioses se ríen de los viejos
He muerto civilmente

Protocolos (1973)

Un principio de nieve… – Álvaro Pombo

Un principio de nieve
al final de la tarde
es la nieve del todo
que ha venido a buscarte

La lana de tu gorro
acaricio al mirarte
Vienes y no has venido
Llegas sin avisarme

Entrelazo tus dedos
que abrigaban los guantes
Recuerdo los paseos
que nunca dimos antes
los que nunca daremos

El viento atravesado 
arrebata el romance

Ah la estufa encendida
Laurel cabeceante
Todo sucede ahora
Y no ha venido nadie

Los enunciados protocolarios (2009)

Esta tarde – Alfonsina Storni

AHORA quiero amar algo lejano...
Algún hombre divino
Que sea como un ave por lo dulce,
Que haya habido mujeres infinitas
Y sepa de otras tierras, y florezca
La palabra en sus labios, perfumada:
Suerte de selva virgen bajo el viento...

Y quiero amarlo ahora. Está la tarde
Blanda y tranquila como espeso musgo,
Tiembla, mi boca y mis dedos finos,
Se deshacen mis trenzas poco a poco.

Siento un vago rumor... Toda la tierra
Está cantando dulcemente... Lejos
Los bosques se han cargado de corolas,
Desbordan los arroyos de sus cauces
Y las aguas se filtran en la tierra
Así como mis ojos en los ojos
Que estoy soñando embelesada...

Pero
Ya está bajando el sol tras de los montes,
Las aves se acurrucan en sus nidos,
La tarde ha de morir y él está lejos...
Lejos como este sol que para nunca
Se marcha y me abandona, con las manos
Hundidas en las trenzas, con la boca
Húmeda y temblorosa, con el alma
Sutilizada, ardida en la esperanza
De este amor infinito que me vuelve
Dulce y hermosa...

Siesta – Alfonsina Storni

SOBRE la tierra seca
El sol quemando cae:
Zumban los moscardones
Y las grietas se abren...
El viento no se mueve.
Desde la tierra sale
Un vaho como de horno;
Se abochorna la tarde
Y resopla cocida
Bajo el plomo del aire...
Ahogo, pesadez,
Cielo blanco; ni un ave.

Se oye un pequeño ruido:
Entre las pajas mueve
Su cuerpo amosaicado
Una larga serpiente.
Ondula con dulzura.
Por las piedras calientes.
Se desliza, pesada,
Después de su banquete.
De dulces y pequeños
Pájaros aflautados
Que le abultan el vientre.

Se enrosca poco a poco,
Muy pesada y muy blanda.
Poco a poco se duerme
Bajo la tarde blanca.
¿Hasta cuándo su sueño?
Ya no se escucha nada.
Larga siesta de víbora
Duerme también mi alma.

La espina – Alfonsina Storni

VAGABA yo sin destino,
Sin ver que duras retamas
Curioseaban con sus ramas
El placentero camino.

Brazo de mata esmeralda,
De largas puntas armado,
Clavó una espina en mi falda
Y me retuvo a su lado.

Así tus ojos un día
En que vagaba al acaso
Como una espina bravia
Me detuvieron el paso.

Diferencias: de la hincada
Espina, pude librarme,
Mas de tu dura mirada,
¿Cuándo podré libertarme?

Qué alegría, vivir… – Pedro Salinas

Qué alegría, vivir
sintiéndose vivido.
Rendirse
a la gran certidumbre, oscuramente,
de que otro ser, fuera de mí, muy lejos,
me está viviendo.
Que cuando tos espejos, los espías,
azogues, almas cortas, aseguran
que estoy aquí, yo, inmóvil,
con los ojos cerrados y los labios,
negándome al amor
de la luz, de la flor y de los nombres,
la verdad trasvisible es que camino
sin mis pasos, con otros,
allá lejos, y allí
estoy besando flores, luces, hablo.
Que hay otro ser por el que miro el mundo
porque me está queriendo con sus ojos.
Que hay otra voz con !a que digo cosas
no sospechadas por mi gran silencio;
y es que también me quiere con su voz.
La vida -¡qué transporte ya!-, ignorancia
de lo que son mis actos, que ella hace,
en que ella vive, doble, suya y mía.
Y cuando ella me hable
de un cielo oscuro, de un paisaje blanco,
recordaré
estrellas que no vi, que ella miraba,
y nieve que nevaba allá en su cielo.
Con la extraña delicia de acordarse
de haber tocado lo que no toqué
sino con esas manos que no alcanzo
a coger con las mías, tan distantes.
Y todo enajenado podrá el cuerpo
descansar, quieto, muerto ya. Morirse
en la alta alta confianza
de que este vivir mío no era sólo
mi vivir: era el nuestro. Y que me vive
otro ser por detrás de la no muerte.

Poesía de todas la épocas y nacionalidades