La mujer del circo – Han Kang

Una mujer suspendida en el aire,
envuelto su cuerpo semidesnudo
en una larga tela roja.
        
En el techo del sepulcro, intensas estrellas azules.
Enterrados vivos, brillan nuestros ojos 
cada vez que 
una vuelta de tela se desenrolla de tu cuerpo. 
¡Tuc!
¡Tuc!
Es la vida que se precipita.

No te preocupes,
tengo nueve vidas, 
quizás diecinueve o noventa y nueve.

Cuando abra los ojos después de morir noventa y ocho veces,
arquearé la espalda acurrucada como un feto
y me dejaré caer una vez más con agilidad. 
			 
Estiraré aún más la pierna 
envuelta en la cuerda roja.
			 
Enderezaré en el vacío
hasta el tobillo roto.
			 
Como las bolas de colores 
que lanza el payaso con los ojos vendados 
caeré cada vez más rápido 
o me perderé para siempre.
			 
¡Tuc!
¡Tuc!
Si oigo un canto fúnebre,
sollozos de dolor,
saldré a su encuentro
más y más 
abajo.

Me asomé, lejos, a un abismo… – Emilio Prados

Me asomé, lejos, a un abismo...
(Sobre el espejo que perdí he nacido.)

Clavé mis manos en mis ojos...
(Manando estoy en mí desde mi rostro.)

Tiré mi cuerpo, hueco, al aire...
(Abren su voz los ojos de mi sangre.)

Rodé en el llanto de una herida...
(Nazco en la misma luz que me ilumina.)

Se coaguló mi llanto en sombra...
Carne es la luz y el nácar de mi boca.)

Dentro de mí se hundió mi lengua...
(Siembro en mi cielo el cuerpo de una estrella.)

Se pudrió el tiempo en que habitaba...
(Brota en mi espejo un cielo de dos caras.)

Huyó mi cuerpo por mi cuerpo...
(Bebo en el agua limpia de mi espejo.)

¡A mi existencia uno mi vida!
(Espejo sin cristal es mi alegría.)

El reloj y la muerte – Francisco Brines

Lento voy con la tarde
meditando un recuerdo
de mi vida, ya sólo
y para siempre mío.

Y en el ciprés, que es muerte,
reclino el cuerpo, miro
la superficie blanca
de los muros, y sueño.

El sol da en la varilla
de hierro, y una sombra
señala en la pared,
lentamente la mueve.

Cierro los ojos. Llega
la brisa, gira las hojas,
roza mis sienes. Abro
nuevamente los ojos.

En la pared anida
la tarde oscura. Nada
visible late, rueda.
Callan el mar y el campo.

Muy despacio se mueve
el corazón, señala
las horas de la noche.
Lucen altas estrellas.

Vive por él un muerto
que ya no tiene rostro;
bajo la tierra yace,
como el vivo, esperando.

Sueño de sueños – Josefina Pla

Secreta noche herida de menguante
cae donde no hay agua ni tierra.
Marcha a cortar el filo de la luna,
mis raíces, que están donde no estuve.

...Traerán mi corazón, negra violeta 
que se durmió en la orilla de otro sueño.
Lo he de llamar y no sabrá su nombre.
Me ha de cantar, y no he de comprenderle. 

Y llevaré, camino en mediodía
de veinte cielos con opuestos soles, 
mi angustia en veinte voces sin mi sangre.

He de llorar mil años sin mi llanto
y he de dormir mil años sin mis ojos
noche con veinte pétalos de luna.

Una carta de amor – Julio Cortázar

Todo lo que de vos quisiera
es tan poco en el fondo
porque en el fondo es todo,
 
como un perro que pasa, una colina,
esas cosas de nada, cotidianas,
espiga y cabellera y dos terrones,
el olor de tu cuerpo,
lo que decís de cualquier cosa,
conmigo o contra mía,
 
todo eso es tan poco,
yo lo quiero de vos porque te quiero.
 
Que mires más allá de mí,
que me ames con violenta prescindencia
del mañana, que el grito
de tu entrega se estrelle
en la cara de un jefe de oficina,
 
y que el placer que juntos inventamos
sea otro signo de la libertad.

Publicidad engañosa – María Rosal

Busco

Que sea tierno ante todo.
Que esté conmigo
no más de veinte días.
Que se vuelva de amor
y de remate loco
y que luego se vaya
sin ruegos, ni exigencias,
ni mentiras...

Así las condiciones.

Abstenerse los que creen en dios,
en sacramentos,
en la ley de los hombres.

Soy solo una mujer
con la espera entreabierta
para el que oculta veneno en la saliva
un cuchillo en los dientes
y entre las piernas
la razón poderosa de la desgracia.

Lo llaman desencanto – Raquel Lanseros

Soñé que era verdad lo que es mentira
pues es embaucadora la apariencia
se disfraza traidora de inocencia
efímero espejismo de quien mira.

La esperanza crepita hoy en tu pira
tras agotar el poso de paciencia
ante tu lacerante indiferencia
mi ilusión, mancillada, se retira.

¿Quién tendrá por fehaciente un vil engaño
y la cruel realidad por embustera?
¿Dónde está la virtud, dónde el amaño

dónde la infamia casi verdadera?
En el arca se vende hasta el mal paño
y a veces la razón no es lo que era.

Poesía de todas la épocas y nacionalidades