Dormía la arboleda; las ventanas
llenábanse de luz como pupilas;
las sendas grises se tornaban lilas;
cuajábanse la luz en densas granas.
La estrella que conoce por hermanas
desde el cielo tus lágrimas tranquilas,
brotó, evocando al son de las esquilas,
el rústico Belén de las aldeanas.
Mientras en las espumas del torrente
deshojaba tu amor sus primaveras
de muselina, relevó el ambiente
la armoniosa amplitud de tus caderas,
y una vaca mugió sonoramente
allá, por las sonámbulas praderas.
Derrota – Flor Alba Uribe
Anuncio mi regreso al límite marcado.
Al reloj con sus rígidas señales,
a las siglas convenidas y ese rictus
que amedrenta
los símbolos vitales.
Sí, ya estoy aquí, vedme desnuda
de toda rebelión, de todo intento,
del fuego primordial de la esperanza,
fracción de vida
con su perfil anónimo.
Ya enjaulé mis ensueños migratorios,
exilié mis verdades insurgentes,
ahuyenté mis fantasmas libertarios
y renegué de
mis locuras esenciales.
Ya soy de nuevo la cifra en el rebaño,
la postulante de toda cobardía,
os invito, sin rencor, al gran evento,
de mis remordimientos
y nostalgias.
Simulacro – Meleagro
Un placentero ensueño — un joven con su clámide
de dieciocho años y de sonrisa suave—
trajo una noche Eros debajo de mi manta: al aplicar el pecho
a su piel deliciosa, cuánta esperanza hueca cosechaba.
Aún es tibio el deseo en la memoria, y al dormir, con los ojos
a aquel espectro alado siempre quiero dar caza.
Alma de amor perdida, deja de arder en sueños
por vanos simulacros de belleza.
Era ella… – Chus Pato
Era ella
un epitafio violento
como las mariposas que, entrando ya el otoño, apenas pueden
volar y son alzadas por el viento
sobre las matas de dalias
y qué feliz entrando en el bosque y sentir como se cierra cuando
avanzamos
Cerca de nuestro fuego, aquella noche… – Joseph Brodsky
«El cielo oscuro aligeró sus pasos
y no pudo fundirse con la sombra».
Cerca de nuestro fuego, aquella noche,
fue cuando vimos al caballo negro.
No puedo recordar nada tan negro.
Sus patas eran como unos carbones.
Del color de la noche, del vacío.
De la crin a la cola, todo negro.
Pero en su lomo sin montura había
un color negro un poco diferente.
Se quedó inmóvil. Como si durmiese.
Sus oscuras pezuñas asustaban.
Era tan negro que no daba sombra.
Nada había que fuese más oscuro.
Tan negro como espectro a medianoche.
O como el interior de alguna aguja.
Tan negro como el bosque ante nosotros,
o un lugar en el pecho, entre costillas;
hueco en la tierra para la simiente.
Lo negro habita dentro de nosotros.
Sin embargo, ¡sus ojos eran negros!
Los relojes marcaban medianoche.
No dio siquiera un paso hacia nosotros.
En sus ancas, la oscuridad sin fondo.
No se podía distinguir su lomo,
ni un destello de luz por ningún sitio,
solo el brillo azabache de sus ojos
y esas pupilas fijas, tan extrañas.
Era como lo negativo de alguien.
¿Por qué entonces detuvo su carrera
y estuvo con nosotros hasta el alba?
¿Por qué no se apartó de nuestro fuego?
¿Por qué el aire sombrío, enrarecido?
¿Por qué crujieron las oscuras ramas
y una luz negra brotó de sus ojos?
Un jinete buscaba entre nosotros.
Cree… – Chus Pato
Cree
no, con ojos no
a no ser que los ojos sean un sagrado
y en el iris les gorgotee la laguna
y en la pupila nenúfares de Antela
Es el mundo quien ve:
las imágenes
las que se abren en la noche
se rasgan
tienen el fulgor de un verdel
croan como batracios
y son resto de una mente anterior y final
de una mente que se abre en espiral
y sólo en la distancia calca un trazo último
en un amanecer mayor
El tuyo
tu cuerpo es Orión
un órgano que se derrama
un instante antes de morir
la visión de una escala de notas
el calor de lo invisible
en los bosques
En este Interlunio: – Ana Cristina Cesar
En este interlunio
Soy diluvio o me ahogo.
Y entre espectros que comprimen,
Nada se cumple,
El destino se hace polvo.
De querella y harina se yergue un ojo.
Las voces despetalan,
Los períodos se ablandan,
Oraciones enteras lentas se consumen,
En pozos hay sumirse de palabras sordas.
En este interlunio
Soy centella o hulla inerte.
Enorme tórsalo entra cuerpo adentro,
Entre los dientes, carne.
Arde el ente y escupe,
Escupida inútil invadiendo espacio.
Moléculas blandas coleando,
Víboras vagas rimándose,
Poetas quietos entreviendo
Cosas cosas que fallecen.
En este interlunio,
Soy cosa o poeta.
ESA CARTA QUE NUNCA VES – Chus Pato
La luz única llegará desde el sobre
un rayo blanco
cromado
llamando,
de llevarlo, será en el bolsillo, porque las manos tienen que ser libres
las necesitas para salir
Cuando hablamos de honestidad
señalamos la fidelidad a un nombre
que no somos capaces de recordar
No es que al abrir el sobre se nos presente nimbado
él mismo es el aura
Klee nos propone un viaje al país del Mejor Conocimiento
en algún instante cruzaremos las aguas
nos sumergiremos en el lecho
con las lampreas
y a lo lejos serán los arcos frágiles del puente
ya en la ribera otra
quizá
vayamos a dar con una compañera de viaje
dirá
«caminamos erguidas porque nuestras columnas son paralelas
a la subida de la savia cuando florecen los manzanos»
La mayoría de los árboles ya han perdido sus hojas
aguardan el beso invernal
el sol de la mayor distancia
Hoja de diario – Julia Santibáñez
Lunes
Noto que F. me ronda de nuevo. De espalda
dos números más grande, tan sin respiro.
Martes
Tiene manos sólidas. Cuando lo noto me
quedo inmóvil, como un insecto que ante el
peligro finge estar muerto.
Miércoles
Miles de pájaros. Y vértigo. Quiero que él
huela mi cabello.
Jueves
Como si fuera el aire y yo apenas, su beso es
ávido.
Viernes
Todo siempre, para siempre. Es tan acérrimo.
Sábado
Persevera en sus pequeños defectos, como un
héroe en casa.
Domingo
El aliento pesa cuando espesa. Tan cómodo.
Lunes
L. es de ojeras fúnebres. Me inquieta su
sombra.
No las recuerdo… – Chus Pato
No las recuerdo
no les puedo tomar fotografías
se nutren del aliento de la tierra
son secuencias
al alba
adquieren la consistencia de palabras
huelen a caverna en hibernación
Indican que la tierra es la mente
y aguarda