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Es como el agua en gracias generosas… – Leopoldo de Luis

Es como el agua en gracias generosas
por el frescor humilde de la arena:
un albo deshojar de húmedas rosas,
líquido florecer que de amor suena.

Sencillamente fluyes, te derramas
en amorosa ofrenda por mi orilla.
De agua encendida o de fluyentes llamas
tocada dejas esta humana arcilla.

Como en la húmeda tierra tengo huellas:
sobre mí de tu paso transparente,
y brillantes guijarros, como estrellas,
iluminados bajo tu corriente.

Mira el agua. Contémplate. En el fondo
de mi alma, amor, lo mismo fluyes.
Miro el agua. Te miro. Y en el fondo
del tiempo, acaso, como el agua huyes.

Arte poético – José Ángel Buesa

Ama tu verso, y ama sabiamente tu vida,
la estrofa que más vive, siempre es la más vivida.
Un mal verso supera la más perfecta prosa,
aunque en prosa y en verso digas la misma cosa.
Así como el exceso de virtud hace el vicio,
el exceso de arte llega a ser artificio.
Escribe de tal modo que te entienda la gente,
igual si es ignorante que si es indiferente.
Cumple la ley suprema de desdeñarlas todas,
sobre el cuerpo desnudo no envejecen las modas.
Y sobre todo, en arte y vida, sé diverso,
pues solo así tu mente revivirá en tu verso.

Bondad – Pureza Canelo

Obedecerla, amarla, me subyuga.
Siempre.
Tengo envidia de quien la posee
y vierte de su exquisita jarra
sobre la cabeza de los vivos.
Quedo muda, entusiasmada.
Quien la posee puede llevarme
a los repechos de los montes
para curar las alas del insecto y la rosa
pues ella sabe darme claridad
y emoción humana.

La bondad es el único poema
por el que seguiría buscando
el sueño de perseverar en él,
en agua salada, dulce
según las horas y sus barcos
yendo, viniendo.

Si la bondad llegara y me hiciera suya
para atravesar lo que va conmigo,
¿no olvidaría yo el camino de los lobos
la fatiga por los ríos aún no cruzados
cuando el deseo de una voz
canta y sabe que no canta?
No, no cambiaría la bondad humana
la del ser que la reparte
por el más alto poema de los siglos.

Fijaos bien en la doble travesía
donde me ahogo.

Pescador de luna – José Gorostiza

Cuando me mira los faroles rojos
en la orilla del mar,
mi pescador, el de profundos ojos,
pone sus negras redes a pescar.

( El mar ante la noche se ilumina,
y sus olas doradas, al nacer,
florecen como un ansia repentina
en ojos de mujer. )

Pez de luna bruñida no se pesca,
pescador.
Agua del golfo, la ondulada y fresca,
deja que riegue la orilla con amor.

No persigas la forma del lucero,
que ni el agua dormida la dará;
si él, como un sonámbulo viajero,
sólo viene y se va.

Que, pobres, las corrientes y la charca
encierran ilusión,
y ajenos al peligro de tu barca
vienen sueños de luz al corazón.

Con los ojos, ya tímidos, escarbas
en los mares rebeldes a cincel,
y puede correr llanto por tus barbas
de serpientes de miel.

El agua misma, la ondulada y fresca,
ponga un poco de sol en tu dolor.
¡Pez de luna bruñida no se pesca,
pescador!

Memoria del arder – Miguel Ángel Velasco

De cuanta mies cernida entre tú y yo,
de cuantos actos de preciso arder,
de fiebre singular, de gloria exacta
señora de su hora,
de aquel reconocerse el doble ausente
en el espejo mudo
del otro, qué gavilla
escasa de reflejos nos alcanza
la lente del recuerdo.

De aquella dulcedumbre de fundirse
solo y sola de gozo
en un cuerpo maestro, torneado
con las ondas sabidas del volver
la sed a su agua toda,
qué poco me retiene
el cuenco de mis lluvias.

Quedó quieto aquel vértigo
que te vi, que me viste, una celdilla
con la miel del amor
cuando nos jaleábamos,
y con todo y con tanto que celaba
la cámara del ámbar, qué tan parco
haz consiente la grieta
abierta en el olvido.

De aquella muchedumbre de los trigos
qué poco le rebosa al corazón
en su vaso de áridos.

El sexo – Vicente Aleixandre

I

¡Pendiente de ese tronco
el fruto consta en vida.
Su materia consiente
una verdad durable.
En la sombra él madura,
si por siglos, finito,
y no cae sino cuando
el árbol rueda en tierra.
Fruto de carne o masa
de vida congruente,
pálido en su corteza,
nudosa nuez compacta.
La sangre rueda y pasa,
y ardiente sigue y vase,
mientras el viento pone
la vida en llamas y arde
doble tiniebla absorta.
Eje del sol que un rayo
descargará sin duelo
y estallará en la liza
dentro en la sombra exacta.
Oh, conjunción del fuego
con su materia idónea.
Fuego del sol, o fruto
que al estallar se siembra.

II

Entre las piernas suaves pasa un río,
lecho insinuado para el agua viva;
entre la fresca sombra o un humo quedo
que en el terso crepúsculo está inmóvil.
Entre los muslos, sólo el tiempo quieto,
el tiempo que no pasa, eternamente,
inmortal, sin nacer, entre las sombras.
Entre las piernas bellas sólo un río
en el fondo se siente cruzar único.
Agua oscura sin tiempo que no nace
y que sobre la tierra desemboca.

Oh, hermosa conjunción de sangre y flor,
botón secreto que en la luz perfuma
el nacimiento de la luz creciendo
de entre los muslos de la bella echada.
Ruda moneda o sol que exhala el día
naciendo de ese cuerpo dolorido,
presto al amor cuando el cenit empuje
al adversario que agresivo avanza.
Misterio entonces del ocaso ardiente
cuando como en caricia el rayo ingrese
en la sima voraz y se haga noche :
noche perfecta de los dos amantes.