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Mira si es verdad mi hombro – Pureza Canelo

La soledad es, como siempre,
quien más me hace recordar tu nombre.
Pero cuidado, también el mediodía, y el gazpacho,
y la zapatilla mal atada en el segundo botón,
y las gotas de agua bajo la ducha,
y la fiebre que no invento en la siesta
y las ganas de no dormir para leer
y el beso que te doy a las siete de la tarde,
y el volcán en Italia que no vuelve a sonar,
y las cabras que pasan ahora por mi casa
como novios buenos y otra vez la lucha de ángeles,
y la noche otra vez,
y la mañana idéntica por su triunfo,
y el salto del langosto ahora mismo,
y la hierba mal regada bajo mi bañador,
y el higo trasnochado en la nevera,
y el perro lamiéndome los pies cuando salgo del río
y yo le huelo más que él a mí,
y el amor, y tu nombre,
y el vestido que me pongo,
y mi cuerpo interior como yo misma,
y el recuento de tu voz,
y otra vez el río,
y la cerveza y el panchito que te dejo,
y el verde tristón de este verano que es rojo,
y éste y único para tu nombre,
para decir que tengo tu frasco de ahora mismo,
y tu sentido, y tu olfato,
y el garabato que sale de tu lengua.
Yo soy todo lo que tú eres en este julio del demonio,
frita como los pájaros al mediodía
y cansada como un perro a las cuatro de la tarde.

Escribirte esta carta es escribirla,
y así lo hago;
letras que me salen de esta forma aparatosa y santa
y sólo para tu armario donde me guardas el surco.
El balcón se ha abierto para mí, estoy en mi casa.
Me entra la luz, lo que dura la tarde,
lo que quiero atar de corazón y simiente
si no vacío mi rincón y la sal.
Un periódico se ha hecho amigo del aire
y viaja, y viene, sin descanso.
¿Dónde está la cigüeña de que me hablaban?
¿Quién comunica el calor al rostro?
Ceras al lado del altar,
bellotas en la encina para la tarde,
viaja todo, no baja el avión,
mi blusa abierta como una ventana,
rezo por el olvido, por el olvido no rezo,
una nube en vez de este trozo azul,
mi vestido, mi recuerdo,
esta compasión para seguir mi calle.
Que bien, ya el carro que regresa por Moraleja,
el ovillo de los hilos está guardado porque rodó;
la vocación de cubrir, de adorar lo que se escapa,
Moraleja abierta, dormida en su sal poco astuta,
porque ella no se ve, no monta tanto,
el tiempo está en una hora más que su alianza.

Así va julio.
Nombre de hombre cerca de mi ternura tuya, no me estoy equivocando.
Cabecea la campana a las ocho,
oración para cuatro, para mí y somos cinco;
la caja rodando,
mi balcón abierto, mi blusa, mi ventana;
cuando me toque ir a dormir lo haré
abriéndome de nuevo nuestro rostro que comparto;
los lazos, yo no tengo lazos,
y bebo el agua desde mi puente,
arriba un quiosco nuevo, legiones de cerezas perdidas,
mi lágrima que no se pierde.
Rezo por el olvido,
por el olvido no rezo,
la higuera es de verdad, verde, hojas desde abajo
para dorar las fuentes,
abuelo de su casa a la mía
y se recogen los besos
en cualquier mirada.

Tu nombre, me he olvidado de tu nombre,
te sigo escribiendo, perdona el lapsus,
sigo en tu baúl, amor escondido aquí
y en la otra tierra donde tú vives.

Y tu nombre
no lo digo.

El barco del agua – Pureza Canelo

Si escribo tan oscuro, tan dentro,
será por esa duda
que vegeta en la cuesta
del hombre que camina
y otro tobogán reaparece.

Los misterios se atreven
a una labor
del inocente que los prolonga.
¿Quién no está tentado, convencido,
de bajar por la cuerda
al pozo que nos mira desde arriba?
¿Alguien que era ciego
no abrió su maleta
en el campo esperando
el terrible adorno de la luz?
Pero ni siquiera se me puede consentir que explique,
porque la moneda cayó antes del dominio
propio de la palabra.

Ella y sus ojos – Pureza Canelo

Lo mejor de sus Ojos,		
mi constancia.		

Deprisa quieren madrugada,		
mi ofrecimiento.		

Si los miro		
prendiendo fuego al vértice		
crecen dentro, y hablan.		

Lo mejor de sus Ojos		
es un punto que comienza		
en el asombro.		

Y su hebra, a lo mejor		
es la mía, que busca		
la materia.		

Va y viene.		
Llamo al mundo. Se hace mundo.		
Golpea, pero no a esta boca hiere.		
Si lo hiciera, un brote de luz		
bajaría		
del paladar a los labios.		

Es mi espacio de emoción		
y la tela más pura		
a mi único brazo.		

Es la creación.		
En la creación.		
En sus Ojos.		

El verso- Pureza Canelo

Es un coloquio		
que me bebe;		
no me orienta, me adentra,		
responde a mi ceguera		
y acaba perdonándome en su rostro.		
Trae fortunas heredadas,		
abrazos de otros, leyendas visibles,		
invisibles, rectas de la muerte,		
volutas del momento,		
cántico rodado de hace mucho,		
el verso.		

Resbala del pelo a la garganta,		
me hace tropezar de veras,		
guiña su ojo		
tiende el mar		
y yo me tiento.		

El verso es un ojo		
pensado para ciegos,		
para mí,		
un caballo al fondo		
volver a casa		
y encender la lámpara del miedo,		
del miedo o la pregunta.		

Tanto		
me estrecha la cintura,		
se escapa de mis brazos,		
me adentra en la campana del llanto,		
de oros con llanto, del din don,		
en la plegaria.		
Y coge mi mano recién hecha		
al vacío		
y no me deja en paz		
aunque lo mate.		

El verso		
puede con mi vida		
sin pedirme permiso para la muerte.		

Presencia – Pureza Canelo

En ti toda la hora buscando		
la distancia más alta del insecto,		
la fibra de la montaña		
envuelta en pinos, en la leyenda		
de parte a parte, de boca a boca,		
como la oscuridad del verso.		
Y sueño mi corazón.		
Bajo el peldaño de la concha,		
bajo otra, bajo más		
la compañía de ti, amor de la noche		
bajo el sol,		
tú, conservador del alma mía,		
de los besos que no existen,		
con todas las nubes acampanadas,		
el tiempo sin el olvido,		
en mi perseverancia.		

Amor, tú, único domador de mis huesos,		
de la distancia,		
de la copla sonámbula,		
este destino en que deshaces mis nudos		
como en ventana abierta.		
Y aquí en la tarde		
cuando la presencia no va a dormir nunca		
no es tu cabeza quien me convoca a ti		
sino el hormiguero de vuelta ya		
que encontrará en la noche		
su martillo silencioso.

Estanque de abril – Pureza Canelo

¿Eres tú
o soy yo
Narciso?
Dejemos de beber en esa fuente
y vamos al regazo, amor mío
destapando la esencia
cuerpo a cuerpo no borroso
del tiempo sin fisura
ni compasión por los mortales
ajenos a la enorme
conversación de cuando se ama
en la vecindad de sus casas
cruzándonos la selva
de la tierra magnífica.

¿Eres tú
o soy yo
la maravilla
al fondo?
Si te duermes abandonarás
la poesía de mi estanque
la poesía del recuento
la poesía nido en alto
la poesía del rayo abril
la del tesoro cuando
se desgranan las horas
de tu boca
en mi ser como castigo.

Si tu cuerpo
oprime mi pensamiento
escribo lo mismo
de la travesía
y dudo si es amanecer
o si es noche, mediodía
crepúsculo pero sí hace
sabe a amor.

Noviembre – Pureza Canelo

Antes de que llegaras
abriendo el cielo de mi vida
la poetisa hacía cosas extrañas.
Era la soledad, era el decoro, era
la inteligencia sobre asno de plata.
Un asno hermoso, cristal tapiado
que iba empujando su estatura
para la caverna del poema
y sólo él.

Atrevimiento, apareciste
un día cargado de noviembre.
Llegué a la cita como en los tiempos
mejores de mi infancia, ajena
chorreando el pelo y la cartera
hasta el sillón color azul
donde aguardabas.

Sorpresa:
esta mujer además de insobornable
esquiva -dicen que dicen dicen-
viene impresentable al salón, mojada.

Corría la tarde por nuestros vasos y
extraño que atendiera a palabras
de creación mundo que no fueran
las de mi bien atesorado asno.
De pronto en tal anchura
supongo que inocente
sin darme tiempo a ver paisaje
que hoy ya es nuestro
entré en tus grandes ojos
que iban tragándose los míos
en el comienzo de dos asaltos
vertiginosos de otra
nueva inteligencia.

Ni un roce de las manos hubo
ni billar ni baratarias
que tan deprisa empujan a los cuerpos
a contagiarse en nada.
Solamente nacían bajo las nubes
torrenciales de noviembre puro
dos rostros desesperados de perderse
echando por tierra sus antiguos
dominios
para un asno de plata atar
ya un bronce tu cabeza.

Ya fuera del lugar
me daba vueltas el mundo
daba placer cruzar la esquina
de otra soledad, otro decoro, otra
boca a recibir el agua
del cielo como agua del barro
de la noche entera.
En casa, perdida, como jamás estuve
no pude ordenar mi ropa
ni dar cuerda al reloj
ni adelantar la taza para mañana
ni ofrecer liturgia en el espejo.
Directamente me abracé
a la blancura de un bordado
que decía P.C.G.

La carta, el beso – Pureza Canelo

Llega una carta y rompe abre
la mañana en mis verdes ojos.
Ha llegado después
del cántaro de leche
de la cesta con higos
y otra sombra que cruzó
con oveja merendera y juncos
recién cortados
el portal de mi casa todavía
en la frescura del valle.

Deseando que buscara el sol
la ventana, el beso dice:
Te imagino quieta
es tan hermoso el existir
ofreciendo tempranura al mundo
espesada en el lecho
porque no estoy ahí
Mira que sin estarlo
sé cómo andas de transparencia
y fruta,
cómo endulzas ya tu amanecida
en la boca
y sé que en tu costura va este poema
escrito en el instante
que relees mi carta, tan firme como
mueves el brazo que yo amo
el café que sorbes pero te equivocas
que estoy bebiéndome aquí
insistencia de tu mirada
contra la distancia quiébrala
y sigue.

Ah, la distancia y su isla
es el lugar más oculto
que el amante ofrece cautivo
con su cuerpo y beso en tierra.
La distancia es una charca
cercada de pasto amarillo y antiguo
que ahora mismo se la regalo al mundo
con la belleza primera de los siglos.
La distancia es no morir de sed
sino de bebiéndola vivirte
si madruga el amor en el verde cristal
los abiertos brazos
que se han puesto a trabajar deprisa
con el rayo de sol, la carta, aquí el beso
y ya te alcanz0.
Sabes que te alcanzo mientras tenga
silencio de amarte, no en papel
en sábana bordada con una estrella
y su número pegado a los otoños
Mañana es siempre
planeando sobre mi casa todavía
en la frescura del valle.

Bondad – Pureza Canelo

Obedecerla, amarla, me subyuga.
Siempre.
Tengo envidia de quien la posee
y vierte de su exquisita jarra
sobre la cabeza de los vivos.
Quedo muda, entusiasmada.
Quien la posee puede llevarme
a los repechos de los montes
para curar las alas del insecto y la rosa
pues ella sabe darme claridad
y emoción humana.

La bondad es el único poema
por el que seguiría buscando
el sueño de perseverar en él,
en agua salada, dulce
según las horas y sus barcos
yendo, viniendo.

Si la bondad llegara y me hiciera suya
para atravesar lo que va conmigo,
¿no olvidaría yo el camino de los lobos
la fatiga por los ríos aún no cruzados
cuando el deseo de una voz
canta y sabe que no canta?
No, no cambiaría la bondad humana
la del ser que la reparte
por el más alto poema de los siglos.

Fijaos bien en la doble travesía
donde me ahogo.