Archivo de la etiqueta: poesia

Ulises de estos tiempos – Kazuko Shiraishi

Al volverse, no encontró rostro alguno
ni siquiera uno nuevo que le perteneciese
el rostro es un país
y el suyo era invadido por la ideología roja.
Sin rostro,
sin labios que besar, su propio rostro
dejándolo atrás
se pone en marcha.
Su tierra natal yace bajo un extraño mapa.
Sólo la fi rma del vientre de su madre
es el pasaporte del país natal
busca a tientas un nombre
él dejó su país
él es Ulises
no conoce el regreso.
Ulises, incapaz del retorno
Ulises, sin fecha posible de retorno.
Llevando a su mujer, niños y fl ores,
encendiendo la antorcha de un poema
Le grita al mar abierto:
¿hay alguien?
¿algún rostro que pruebe su existencia?
Mil, millones, billones de cambiantes criaturas
aman el mar nocturno
y las estrellas caen en las olas.
Él escucha su música
en búsqueda infructuosa del país interior.
Se une a los ascetas del amor.
Aunque pueda crear miles,
cientos, miles de rostros
nunca podrá encontrar
ni siquiera palpar
el rostro del país recién nacido.

Así que hoy, otra vez
Ulises cruza el mar
y toca tierra
en un antiguo pueblo del Midwest, en América.
Penetra a un edifi cio
a las dos de la tarde,
nadie repara en él
porque no es asistente personal del Presidente,
ni gánster con revólver,
ni un músculo campeón mundial de boxeo.
Él es alto, y es bello, con una nariz recta
posee una escondida dignidad, y un fuego
pero no es propietario de otras características.
Así que, si no es violento,
ni exhibe sobre el pecho medallas honorífi cas
la gente pasará por su lado, sin verlo,
porque la Filosofía es un ente invisible.
En estos tiempos nadie le tema a los fantasmas,
y si están vivos, menos,
por lo que pasa inadvertido durante miles de años.
No muere nunca.
No le está permitido.
Él es Ulises,
un invisible mito.
Muy borracho me dice:
“¡hoy me siento tan bien!”
Porque realmente puede llegar a estar borracho,
¿es que puede embriagarse en el mar de licor
oyendo las sirenas?
¿Conocerá en verdad a la Sirena?
La voz de la Sirena cambia a Elvis.
¿Es Presley una Sirena?
¿Puede un disco de la era rock and roll
llevarlo hacia Penélope?

Me habla sobre un hombre que visitó la India
nombrado Snyder, ávido de realizarse
me habla del arte de vivir libremente
pensando que es igual a devorar el arco iris.
o a hacer el amor con el mismo arco iris.
Él espera alcanzar esas nubes lejanas
mientras que la Sirena
se duerme sin que le hagan el amor
oyendo un disco de Elvis.

Ulises
se despierta,
regresa del almuerzo
y casi a la hora de acostarse descubre
que no hay rostros que pueblen el espejo
ni el cuarto donde habita,
de pronto se da cuenta que es Ulises
a quien le es imposible regresar.
No puede regresar
carece de país a donde ir.
Desplazándose siempre.
Oigo un blues
del país solitario de ese hombre sin nombre
más allá de ese jazz de Dixieland
retrocedo en el tiempo miles de años
hasta llegar al baño primigenio
del primer nacimiento de este mundo.

Himno a la juventud – Jaime Gil de Biedma

                      Heu! quantum per se candida forma valet! 
                                    Propercio, II, 29, 30

A qué vienes ahora,
juventud,
encanto descarado de la vida?
¿Qué te trae a la playa?
Estábamos tranquilos los mayores
y tú vienes a herirnos, reviviendo
los más temibles sueños imposibles,
tú vienes para hurgarnos las imaginaciones.

De las ondas surgida,
toda brillos, fulgor, sensación pura
y ondulaciones de animal latente,
hacia la orilla avanzas
con sonrosados pechos diminutos,
con nalgas maliciosas lo mismo que sonrisas,
oh diosa esbelta de tobillos gruesos,
y con la insinuación
(tan propiamente tuya)
del vientre dando paso al nacimiento
de los muslos: belleza delicada,
precisa e indecisa,
donde posar la frente derramando lágrimas.

Y te vemos llegar: figuración
de un fabuloso espacio ribereño
con toros, caracolas y delfines,
sobre la arena blanda, entre la mar y el cielo,
aún trémula de gotas,
deslumbrada de sol y sonriendo.

Nos anuncias el reino de la vida,
el sueño de otra vida, más intensa y más libre,
sin deseo enconado como un remordimiento
-sin deseo de ti, sofisticada
bestezuela infantil, en quien coinciden
la directa belleza de la starlet
y la graciosa timidez del príncipe.

Aunque de pronto frunzas
la frente que atormenta un pensamiento
conmovedor y obtuso,
y volviendo hacia el mar tu rostro donde brilla
entre mojadas mechas rubias
la expresión melancólica de Antínoos,
oh bella indiferente,
por la playa camines como si no supieses
que te siguen los hombres y los perros,
los dioses y los ángeles
y los arcángeles,
los tronos, las abominaciones...

Duermen olas… – Abderrahmán El Fathi

Duermen olas
en el regazo de tu vientre.
Se asomó la Luna
en el manantial del estrecho
el silencio quebranta
y la puesta del sol
cada día
más noche
cada amanecer más estrecho,
y ella,
sola
entre el silencio.
Una madre, en las palmeras del desierto.
Así es el estrecho,
desierto, Luna, manantial, siempre
Silencio.

Indolencia – Susana March

¡No me digáis que sigo siendo
una pobre mujer
equivocada!
Lo sé.
y sé más cosas todavía.
Sé que he soñado tanto
que convertí en inútiles
las más puras verdades;
sé que inventé yo misma
los más altos obstáculos;
sé que la vida era otra cosa,
¡y entonces ya lo sabía!
Pero una nace a veces así, torpe
y desmesuradamente triste,
y todo cuanto toca
se le va convirtiendo en cenizas.
Porque yo tuve dieciséis años
y aspiré a ser como un dios en la tierra.
Aspiré a dignificar a los hombres,
a enorgullecerme de mí misma.
Pero, ¡ya pasó!
Todo cuanto vosotros podáis echarme en cara,
hace mucho que yo me lo vengo repitiendo.
Extranjera en el mundo,
he contemplado la dicha de los otros
con una desesperada indiferencia.
Pero ya nada importa nada.
Aquí sigo en mi puesto,
con mi adolescente actitud de ávido hastío,
con mi lamentable corazón de muchacha
apasionadamente muerto.
¿Qué más da sentirse desdichada
si apenas queda tiempo de llorarse?
Es tarde para rectificar toda una vida
y, además,
ya lo sabéis,
soy indolente…

Un viento extraño – Elvira Sastre

Cerré las puertas nada más verte,
anclé una nube al pomo
y tarareé otra canción mientras 
tú sonabas.

Cerré todas
y cada una
de las puertas
solamente
para que quisieras abrir las ventanas
y entraras así en mi vida,
de la única manera que debes hacerlo:
volando.

Con la fuerza de un viento extraño
que me colocara en el sitio correcto:
a tu lado.

Estás a la altura de las estrellas,
mi amor,
y yo ya voy de camino,
entre trueno y relámpago, 
con arena en los zapatos para no olvidar la tierra
y con sueños fugaces en los ojos
para no olvidarte a ti.

CONTRA EL OLVIDO – JOSÉ LUIS GARCÍA HERRERA

Escribo frente a ti y contra el olvido.
Escribo contra el olvido para vivir en ti
las horas del ayer que hoy me ofreces
con la lucidez de tu corazón y su memoria.
Sé que la muerte me espera al final de cada verso
y que tu presencia ahuyenta a los lobos del miedo.
En un rincón del mar trazo la línea de mi vida,
paralela al surco de tus huellas, al eco de tu voz
buscándome en la hazaña de las olas.
Sé que la muerte hundirá mis naves
y no tendré palabras para cubrir tu ausencia.
Avanzo a golpes, tropezando con las sombras
de soles derrotados, aferrándome a la noche
donde tu cuerpo resiste los envites del viento.
Sé que escribo frente a ti, frente a tu rostro
cercano como la luz que atraviesa mis sueños.
El tiempo nos vencerá, sí; pero este poema
quizá nos reviva en la llama de otros labios
y podamos seguir batallando juntos
—palabra, piel, corazón y vida—
contra las feroces alimañas del olvido.

El olvido – Idea Vilariño

Cuando una boca suave boca dormida besa
como muriendo entonces,
a veces, cuando llega más allá de los labios
y los párpados caen colmados de deseo
tan silenciosamente como consiente el aire,
la piel con su sedosa tibieza pide noches
y la boca besada
en su inefable goce pide noches, también.

Ah, noches silenciosas, de oscuras lunas suaves,
noches largas, suntuosas, cruzadas de palomas,
en un aire hecho manos, amor, ternura dada,
noches como navíos...

Es entonces, en la alta pasión, cuando el que besa
sabe ah, demasiado, sin tregua, y ve que ahora
el mundo le deviene un milagro lejano,
que le abren los labios aún hondos estíos,
que su conciencia abdica,
que está por fin él mismo olvidado en el beso
y un viento apasionado le desnuda las sienes,
es entonces, al beso, que descienden los párpados,
y se estremece el aire con un dejo de vida,
y se estremece aún
lo que no es aire, el haz ardiente del cabello,
el terciopelo ahora de la voz, y, a veces,
la ilusión ya poblada de muertes en suspenso.

Oda del dolor – Carlos Edmundo de Ory

Cuando estos labios míos pegados a la luna		
dejen ya de ser poma voz de arena y misterio		
bailaré como un ángel sabe solo bailar		
¿Qué hago aquí tanto tiempo? Gran deshollinador		
Sobre esta luz dorada del día me lamento		
¿A quién debo ofrecer el manto de mis llantos?		
¿A quién la lamedura que me lacra la voz?		
Dolor cuando tú pisas los párpados del hombre		
Extraño corazón con una espada en medio		
Nadie sabe decir por qué vuelan los pájaros		
muy por encima de nuestra frente mortal		
Alguien puede mirarme yo le enseño mis dedos		
Diez dedos ¿por qué diez? Manos son dos		
Una escribe una carta a un niño triste		
La otra mano espera siempre espera		
El pecho que respira y sangra es		
el futuro tambor del topo abajo		
¿Qué hago yo aquí más tiempo me pregunto		
borracho de salud y borracho de muerte?