El día que me quieras tendrá más luz que junio;
la noche que me quieras será de plenilunio,
con notas de Beethoven vibrando en cada rayo
sus inefables cosas,
y habrá juntas más rosas
que en todo el mes de mayo.
Las fuentes cristalinas
irán por las laderas
saltando cristalinas
el día que me quieras.
El día que me quieras, los sotos escondidos
resonarán arpegios nunca jamás oídos.
Éxtasis de tus ojos, todas las primaveras
que hubo y habrá en el mundo serán cuando me quieras.
Cogidas de la mano cual rubias hermanitas,
luciendo golas cándidas, irán las margaritas
por montes y praderas,
delante de tus pasos, el día que me quieras...
Y si deshojas una, te dirá su inocente
postrer pétalo blanco: ¡Apasionadamente!
Al reventar el alba del día que me quieras,
tendrán todos los tréboles cuatro hojas agoreras,
y en el estanque, nido de gérmenes ignotos,
florecerán las místicas corolas de los lotos.
El día que me quieras será cada celaje
ala maravillosa; cada arrebol, miraje
de "Las Mil y una Noches"; cada brisa un cantar,
cada árbol una lira, cada monte un altar.
El día que me quieras, para nosotros dos
cabrá en un solo beso la beatitud de Dios.
Archivos Mensuales: septiembre 2023
Caracolas Marinas – Francisco Villaespesa
ESCUCHA cuando estés entristecido,
en el silencio de tus noches solas,
estas maravillosas caracolas
que de remotas playas he traído.
Y oirás, entre el tumulto de las olas,
cantar a las sirenas en tu oído:
¡Ni bálsamo ni jugos de amapolas
producen un tan inefable olvido!
Te irás adormeciendo sus canciones,
soñando con nereidas y tritones…
Y si algún día tu soñar despierta,
en la playa verás, bajo una palma,
la desnudez de una sirena muerta,
¡de la sirena que murió en tu alma!
Pardo Adonis – Clara Lair
De la uva exhausta de mis cinco sentidos exprimo
en tu honor, pardo Adonis, esta gota de vino…
¡Vino de tedio tinto!
¡Hincha a solas el río seco de mi instinto!
¡Hincha y suelta mi río hacia el bosque perdido
de lo desconocido!
El día, pardo Adonis, donde mi tedio estanco,
es todo blanco…
¡Tedio de la blancura, del color sin color…!
¡Por tu cuerpo y la noche, de mis ojos lo arranco!
¡Mis ojos quieren sombra!
¡Mis ojos quieren triste resplandor!
Mi pena quiere alfombra
y cortinaje negro…
Mi pena quiere frente a sí el allegro
de máscara de tu reír sin fondo…
¡Tu risa, flor de hiel!
Días sin cabeza – Angélica Morales
Estos son mis días sin cabeza.
Colores de mármol
que agitan su temblor.
Bajo las hojas del otoño
hay una selección de niños disléxicos
que llegan a la ciudad
atados a sus perros.
Buscan los inhóspitos arrabales,
el vacío de una hora inocente
que bebe y goza.
Sastrería -Óscar Hahn
Me he probado la muerte como un traje
que por ahora me queda grande
Y tengo mucho miedo
de que mi cuerpo empiece a crecer
hasta alcanzar el tamaño de mi muerte
y que de pronto la ropa me quede bien:
los zapatos holgados
la camisa impecable
el traje a la medida
Los elementos de la noche – José Emilio Pacheco
Bajo el mínimo imperio que el verano ha roído
se deshacen los días.
En el último valle
la destrucción se sacia
en ciudades vencidas que la ceniza afrenta.
La lluvia extingue
el bosque iluminado por el relámpago.
La noche deja su veneno.
Las palabras se rompen contra el aire.
Nada se restituye ni devuelve
el verdor a la tierra calcinada.
Ni el agua en su destierro sucederá a la fuente
ni los huesos del águila volverán por las alas.
La urgencia es ahora, la palabra es ahora – Mariasole Ariot
Donde el nudo cobija
el viento borra y no junta.
De silencio en silencio desquicia
de blanco en vertical se arroja.
En la primera planta un rostro agarra
—y el cielo avanza lento: la penumbra es mi artimaña.
El exilio que no soy y que ya soy,
de exilio me condeno a la palabra.
Mis zaguanes oscuros – Rocío Arana
MIS zaguanes oscuros mis vestíbulos
en sombra mis pasillos insondables
tan largos como tardes de domingo
sin un trozo de sol en mis pupilas
mis alcobas cerradas.
Tus raudales de luz en mis cortinas
entrando como viento vengativo
haciendo laborables mis mañanas
tu silencio que viene, que desborda
tu voz plena de luz tu voz festiva
poblando mis rincones de domingos
con sol tu voz tranquila
tu voz abriendo puertas en la noche.
Pies que dejé en París – Enrique Lihn
Pies que dejé en París a fuerza de vagar
religiosamente por esas calles sombrías
La ciudad me decía no eres nada
a cada vuelta de sus diez mil esquinas
y yo: eres bella, a media legua, hundiéndome
otro poco en el polvo deletéreo:
nieve a manera de retribución,
y en la boca un sabor a papas fritas.
La mariposa negra – Antonio Preciado
La mariposa negra
vino temprano.
Llegó la misma noche
y se fue volando.
¡Ah, niño, si algún lucero
llenara de luz tu cuarto!...
La muerte viene cerrando
una sombra que te alcanza.
Ves, niño, la mariposa
te abrió sus alas.
¡Ah la lumbre de un lucero
en el filo de tu cama!...
Pero, ya ves, los luceros
crecen a mucha distancia,
y tendríamos que andar
abismos para alcanzarla.
¡Ay, niño, la mariposa
hacía tiempo te buscaba!...