Con su pelo un poco largo,
con sus largas piernas rubias,
se acurruca en el asiento
del metro: adopta una pose
soñadora.
Pensarías: Es un niño.
No es un niño y no es un hombre.
Todavía es esto otro,
volátil. Que nos permita
mirarlo mientras es esto.
Cuando levanto los ojos
ya no está. ¿Cuándo se ha ido?
No lo hemos visto irse.
Archivos Mensuales: noviembre 2025
escucho los ladridos, distintamente… – Vanesa Pérez-Sauquillo
escucho los ladridos, distintamente,
pero nada sé de ese perro que arde
ni del dibujo de su huella por la tierra abrasada.
Reconozco a los que lo han mirado
frente a frente. Escucho sus historias.
He pasado varias veces la mano
ante sus ojos blancos desde entonces
y he sentido una llama calentarme los dedos.
Pero yo solo escucho los ladridos.
Incluso cuando salen de mi boca.
Nada sé de poesía.
My first Love (Mi primer amor) – F. Scott Fitzgerald
All my ways she wove of light,
Wove them all alive,
Made them warm and beauty-bright...
So the shining, ambient air
Clothes the golden waters where
The pearl fishers dive.
When she wept and begged a kiss
Very close I'd hold her,
OhI know so well in this
Fine fierce joy of memory
She was very Young like me
Tho' half an aeon older.
Once she kissed me very long,
Tip-toed out the door,
Left me, took her light along,
Faded as a music fades...
Then I saw the changing shades,
Color-blind no more.
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De luz todos mis caminos ella tejió
medio vivos los tejió,
los hiló con radiante belleza y amor...
para que el vivo aire ambiente
vista las doradas aguas donde
los pescadores de perlas se sumergen.
Cuando ella lloró e imploró un beso
muy fuerte yo la abracé,
¡ay!, sé muy bien que en este
dulce y cruel gozo del recuerdo
ella era joven como yo
aunque media época más vieja.
Una vez un beso interminable me dio,
de puntillas por la puerta salió,
me dejó, con ella la luz se llevó,
igual que la música se desvaneció,
y entonces vi las sombras mutantes,
para siempre sensible al color.
Vendrá un desfiladero – Vanesa Pérez-Sauquillo
Vendrá un desfiladero.
Vendrá.
Vértigo, bruma, luz.
Y pondrá aire
donde solo había roca.
Un principio y un fin
donde solo había cuerpo
ensimismado.
Hastío – Juan José Domenchina
Hastío -pajarraco
de mis horas-. ¡Hastío!
Te ofrendo mi futuro.
A trueque de los ocios
turbios que me regalas,
mi porvenir es tuyo.
No aguzaré las ramas
de mi intelecto, grave.
No forzaré mis músculos.
¡Como un dios, a la sombra
de mis actos -en germen,
sin realidad-, desnudo!
¡Como un dios -indolencia
comprensiva-, en la cumbre
rosada de mi orgullo!
¡Como un dios, solo y triste!
¡Como un dios, triste y solo!
¡Como un dios, solo y único!
REINA DE LAS NIEVES – Vanesa Pérez-Sauquillo
A solas con mis infidelidades
miro cómo mis manos
se transforman
en ese mar de hielo
inhóspito
que temo
que temo que me toque
ancho y estéril
todo el cuerpo
miro como mis ojos ya ven la realidad
a través de esa escarcha
finalmente cumplida
y toda yo soy vidrio
de promesas en grietas
contemplando mi propia
transparencia
Soledad en la muerte – José María Pemán
Hay que morir sin compañía...
Esposa mía y compañera:
tuya es mi vida toda entera,
¡pero mi muerte es sólo mía!
Toda la gracia del vivir
te di con mano generosa:
pero el cogollo de la rosa
no lo podemos compartir.
Tienes la vida y la verdad
del compañero y del amigo.
Pero aquel día... ¡yo conmigo
en mi infinita soledad!
Dos almas tienen sólo un Dios
y dos estrellas sólo un cielo.
Dos vidas viven un anhelo
¡pero no hay muertes para dos!
Por esa puerta no entrarás.
En esa senda no serás
ya mi consuelo y mi maestra.
Toda mi vida ha sido nuestra.
¡Mi muerte es mía, nada más!
tú que también escupes secretamente… – Vanesa Pérez-Sauquillo
tú que también escupes secretamente
en el abrigo que escogió tu corazón
y desconoces el porqué de lo elegido en sangre.
No busques el sentido de este libro.
Tú tampoco quisiste ser pastor
ni le has dado comida a lo lejano.
No me pidas un arma.
Mi dedo no señala. Tan solo
nos dibuja en la saliva.
Canto a la felicidad – Juan Gil-Albert
A veces en el fondo de mi alma
bulle una antigua fe resplandeciente,
como un grumo de púrpura extendido
tiñe mi corazón y de ese gozo
sube a mi faz con fértiles destellos
una espléndida sombra de tristeza.
Minutos cual suspiros, leve tiempo
que nadie ve pasar, aquí se siente
como una verde espada que se templa
en la carne gentil de la poesía.
¿Será verdad que el mundo está rodando
en sus inexorables fuerzas ciegas?
¿Que hay lastimeros ayes, que hay matanzas
en los oscuros días de los hombres?
¿Por qué yo pues me siento redimido
y esta alegre tensión de mis entrañas
hace ascender dichosa hasta mis labios
una dorada espuma? Viejos monstruos,
destructoras legiones de infortunio,
espíritus aciagos que pretenden
sellar al hombre dulce como bestia
sometido a la paz de su rebaño:
Doblad ante mi júbilo indefenso
vuestra horrenda cerviz, llorad al menos
vuestra insana impotencia rebelada,
cuando no habéis podido aniquilarme,
y cual nocturno beso del rocío
hace brillar la tierra entre cendales
de tenebrosos sueños, un ser puede,
con sólo abrir sus labios encantados,
hacer brotar de sí la dicha ajena.
PÚRPURA REAL – Vanesa Pérez-Sauquillo
Cuentan que eran necesarios
nueve mil caracoles marinos
para lograr un gramo de púrpura fenicia.
Nueve veces nueve mil caracolas
para lograr la música abisal
de tu mirada perdida.