Todas las entradas por Ricardo Fernández

Aficionado a la ciencia ficción desde hace más de 40 años. Poeta ocasional y lector de poesía, novela negra, ensayo, divulgación científica, historia y ciencia ficción.

Lluvia – Matilde Alba Swann

Lluvia, hoy no te siento.
Hoy no eres nada
mas que agua vertical.
Apenas si te escucho
golpear el pavimento
y llamar con tu clave
sobre mi ventanal

Lluvia, hoy no eres nada
para mi desaliento
nocturno y abismal.

Cuando era niña hallaba
en tu canción un cuento,
y ya en mi adolescencia
me diste un madrigal.
Ahora, lluvia, tengo
tanta tristeza adentro,
que no me dices nada,
sólo te oigo golpear.

La Noche – Ramón Andrés

Nos desea fugaces
porque pide una estela.
Es la isla emergida para el lobo,
el tronco donde cuelga su candil la lechuza,
la mano que bendice al alejarnos.

Y si le fuera dado apagar las hogueras
lo haría escondida
tras el color del cuervo.
Porque está en el extremo de las cosas,
le cede a la aurora los volúmenes,
el quehacer de las voces, la embestida,
y al mar la incandescencia de los hijos
que vienen como restos de una fragua.

El amanecer – Álvaro García

Dormida,
en tu cansancio sólo hay cuerpo,
la materialidad del día grávido.
Soy yo quien imagina alma en tu alma,

la invento con mirar,
rozo tu sueño y eres toda
la que ni tú ni yo sabemos que eres.

Amanece lo exacto sin nosotros,
que nos quedamos fuera de su peso,
temblor de sol en la ventana.

Esta penumbra nos inhibe
de brusca realidad,
aunque amanezca.

Alma es dejar de ser
en algo
y amanece.

Lluvia – Salvador Espriu

De ninguna parte llega. ¿Partir?
No existe la mágica palabra que rompa
esta costumbre del ojo, este silencio
sonoro de dardos. La primavera, el lujo
de los años y de la luz, se perdía ahora
en el camino vencido. Las esperanzas
han muerto a tiempo. De nuevo, todo es perfecto
a lo largo del vacío: la lenta lluvia
no va a parte alguna.

Mi cumbre solitaria y opulenta… – Concha Urquiza

Mi cumbre solitaria y opulenta
declinó hacia tu valle tenebroso,
que oro de espiga ni frescor de pozo
ni pajarera gárrula sustenta.

En tu luz gravitante y macilenta,
quebrado el equilibrio del reposo,
vago sobre tu espíritu medroso
como un jirón de bruma cenicienta.

Libre soy de tornar a mis alcores
do Eros impúber la zampoña toca
ceñido de corderos y pastores;

mas a exilio perpetuo me provoca
la chispa de tus ojos turbadores,
la roja encrespadura de tu boca.

Los amantes de Pompeya – Odette Alonso

La luna era distinta hace un segundo
te iluminaba
entraba por la hendija como un sorbo.
Moriremos de amor amiga mía
presiento que un tropel desciende de las cumbres
siento su oleada tibia presionando mi espalda.
Moriremos de amor
todos los vientos llegan como una manotada
y yo cubro tu cuerpo lo incorporo
quiero aliviarme en ti.
Hace un segundo la luna era distinta
y no había ese susto en tu mirada.
Algo nos viene encima
ese sordo rumor es un presagio.
Cierra los ojos pronto amiga mía.
Es el amor que llega.