si no se esfuman
hay que tener cuidado
con los fantasmas
Todas las entradas por Ricardo Fernández
Haiku 23 – Mario Benedetti
la vida es breve
lo afirmaron a una
falla y onetti
Haiku 22 – Mario Benedetti
no hay alegría
más alegre que el prólogo
de la alegría
Haiku 21- Mario Benedetti
óyeme oye
muchacha transeúnte
bésame el alma
Haiku 20 – Mario Benedetti
cada suicida
sabe dónde le aprieta
la incertidumbre
¿Ars Poetica? – Czeslaw Milosz
Siempre he aspirado a una forma más plena
que estuviese libre de las demandas de la poesía o de la prosa,
y que nos permitiera comprendernos sin exponer
al autor o al lector a sublimes agonías.
En la propia esencia de la poesía hay algo indecente:
una cosa de la cual ignorábamos su existencia es extraída de nuestro interior,
así que pestañeamos como si un tigre hubiera emergido de nosotros
y se postrara a la luz, azotando su cola.
Por tanto, es correcto afirmar que la poesía ha sido dictada por demonios,
aunque sea una exageración sostener que debieron ser ángeles.
Es difícil suponer de dónde proviene el orgullo de los poetas
cuando continuamente se avergüenzan de la evidencia de su fragilidad.
¿A qué hombre razonable le gustaría ser una ciudad de demonios,
que se comportasen como si estuvieran en casa y hablasen en muchas lenguas;
y quienes, no satisfechos con manipular sus labios o sus manos,
le cambiaran el destino a su propia conveniencia?
Es cierto que lo mórbido es altamente valorado hoy en día;
y quizá crean que sólo bromeo,
o que compruebo simplemente uno más de los significados
del elogiable arte ayudándome de la ironía.
Hubo una época en que sólo se leían libros de sabios
que nos ayudaban a soportar el dolor o la miseria;
esto, sin embargo, no es exactamente lo mismo
que hojear miles de obras frescas, procedentes de clínicas psiquiátricas.
Y sin embargo el mundo es diferente de lo que aparenta ser
y nosotros somos distintos de los que vemos en nuestro delirio;
por eso la gente conserva una silenciosa integridad
que le permita ganar el respeto de parientes y vecinos.
El propósito de la poesía es recordarnos
qué tan difícil es permanecer como una sola persona
pues nuestra casa está abierta, las puertas no tienen llave
e invisibles invitados entran y salen a placer.
De acuerdo: lo que estoy diciendo aquí no es poesía,
pues los poemas deben escribirse raramente y de mala gana,
bajo una coacción insoportable, y con la sola esperanza
de que los buenos espíritus y no los perversos, nos han elegido como su instrumento.
Silencio en poema – Elías Nandino
Para poder decirte lo que ansío
busco lo más sutil, lo más celeste,
lo que apenas se acerque al alba pura
de iniciar su existencia,
sin haber sido herido
ni por una mirada
ni tampoco por nadie imaginado.
El aroma del sueño,
la estela sin color que va quedando
cuando la nube avanza,
la oración que se eleva de la espuma
al nacer y morir,
la queja que pronuncia la corola
cuando vuela el rocío
o el íntimo gorjeo
del agua que abandona su venero:
no pueden ayudarme
porque ya están violados sus secretos
y opacan la avidez
del solo intento de querer pensar
lo que anhelo decirte.
No hay palabra, ni canto de paloma,
ni roce, ni suspiro, ni silencio,
que puedan expresar la frase virgen
con que yo quiero hablarte.
Es idioma que traigo sumergido
en estado naciente, inmaculado,
que lucha atravesando mis tinieblas
como la luz de estrellas ignoradas
que viene, desde siglos, descendiendo
para tocar la tierra…
Así es la profunda voz sedienta
que llevo atesorada
como raíz de antigua resonancia
en mi marino caracol de entraña,
y que vive conmigo, desde siempre,
brotando del amor inapagado
del amor primitivo de otros seres
que amaron antes, con el mismo amor,
y prosiguen en mí
fundidos en espera
enamorando aún lo inalcanzable.
Para poder decirte lo que anhelo
me falta lo inasible, lo perfecto,
y al no poder tenerlo:
con sombras duras, con dolor desnudo,
con el creciente caos de mi delirio
y el humo intacto del callar que oprimo,
escarbo el pozo donde entierro a solas
la forma del intento,
el inmóvil temblor
de quererte expresar los inexpresable.
Si sobrevives – Jaime Sabines
Si sobrevives, si persistes, canta,
sueña, emborráchate.
Es el tiempo del frío: ama,
apresúrate. El viento de las horas
barre las calles, los caminos.
Los árboles esperan: tú no esperes,
es el tiempo de vivir, el único.
Isla del suicidio… – Clara Janés
Isla del suicidio
en apariencia muda,
arranca la sonrisa
de tu cara.
Muestra la ambigüedad
de tus aromas,
de tus viejas
cuyos ojos vuelven la espalda,
de tus hermosos jóvenes con la mueca drogada.
En tu silencio, isla,
hablas y hablas,
pero no se limita la opción
a tu propuesta
entre el pasado la nada o la distancia
No,
no se puede salir, dice Holan,
por puertas
que en las paredes
están
sólo
pintadas.
La blanca soledad – Leopoldo Lugones
Bajo la calma del sueño,
Calma lunar de luminosa seda,
La noche
Como si fuera
El blanco cuerpo del silencio,
Dulcemente en la inmensidad se acuesta…
Y desata
Su cabellera,
En prodigioso follaje
De alamedas.
Nada vive sino el ojo
Del reloj en la torre tétrica,
Profundizando inútilmente el infinito
Como un agujero abierto en la arena.
El infinito,
Rodado por las ruedas
De los relojes,
Como un carro que nunca llega.
La luna cava un blanco abismo
De quietud, en cuya cuenca
Las cosas son cadáveres
y las sombras viven como ideas,
y uno se pasma de lo próxima
Que está la muerte en la blancura aquella.
De lo bello que es el mundo
Poseído por la antigüedad de la luna llena.
y el ansia tristísima de ser amado,
En el corazón doloroso tiembla.
Hay una ciudad en el aire,
Una ciudad casi invisible suspensa,
Cuyos vagos perfiles
Sobre la clara noche transparentan.
Como las rayas de agua en un pliego,
Su cristalización poliédrica.
Una ciudad tan lejana,
Que angustia con su absurda presencia.
¿Es una ciudad o un buque
En el que fuésemos abandonando la tierra.
Callados y felices,
y con tal pureza,
Que sólo nuestras almas
En la blancura plenilunar vivieran?…
Y de pronto cruza un vago
Estremecimiento por la luz serena.
Las líneas se desvanecen,
La inmensidad cámbiase en blanca piedra,
y sólo permanece en la noche aciaga
La certidumbre de tu ausencia.