Estoy temblando… – Idea Vilariño

Estoy temblando
está temblando el árbol desnudo y en espejos
cantando
y cantando está la luna
riendo
sin silencios
la lírica y romántica
flauta y en cielo en hoz
por vez primera
se abren su luz cereza y el estiércol.
No se pueden quejar ni las mañanas
ni el ardiente sopor que por lo estéril
no canto más no canto
ni puedo deshacer en primavera
ni negarla y beber
ni matar sin querer
ni andar a tientas
ya que el aire está duro
y hay monedas locuras
esperando
la marca del el agua
en desazón riendo
riéndose riendo.
Ah si encono si entonces
ya no quiero
ya no pude se pasa nunca alcanza
una ola se vaga la marea
se desconcierta así
y el sol no existe aquí más que en palabras
Pero en cambio en el cielo
caben muchas pero muchas. A veces
se molestan se muerden
en los labios.

A quien sabrá perderme y acabarme – María Sanz

Aunque siempre viviste
con préstamos de amor, por cuenta ajena,
tú también necesitas
mirar alguna vez la luna llena
a través de los árboles;
perder el poco tiempo que te queda
buscando esa palabra
que significa todas las respuestas.
Te hace falta un milagro,
pero ¿en brazos de quién, qué primavera
vestirá lo desnudo
de esas cuatro paredes que te encierran?
Tú también eres noche,
ardiente oscuridad. Un hombre llega
tan sólo para darte
esas buenas razones de su ausencia.
No hace falta que pidas
más préstamos de amor a quien se acerca
procurando, inmutable,
que no termines de pagar tu deuda. 

Urara (ha llegado la primavera) – Toshiko Hirata

Aunque vaya al dentista la primavera es alegre
La primavera es alegre aunque sea dentista

Aunque florezca la primavera es alegre
La primavera es alegre aunque reverdezca

Aunque me suba a un autobús la primavera es alegre
La primavera es alegre aunque se me suba un autobús

Aunque reciba una carta la primavera es alegre
La primavera es alegre aunque reciba una sarta

Aunque tenga hambre la primavera es alegre
La primavera es alegre aunque tenga calambre

Aunque baje la escalera la primavera es alegre
La primavera es alegre aunque baje la marea

Aunque esté sola la primavera es alegre
La primavera es alegre aunque tenga cola

Aunque se me escape mi enamorado la primavera es alegre
¡La primavera es alegre aunque no sea alegre!

LA PRISIÓN – PATRICIO DE LA ESCOSURA

«Muchos, repetidos, muy graves pecados
los hombres hicieron y Dios se enojó:
en pena, de libres que fueron creados,
esclavos los hizo, tiranos les dio.

¡Tiranos! Con ellos, cadenas, prisiones,
castillos y guerras y el potro crüel.
¡Tiranos! Con ellos, rencor, disensiones…
¡Tremenda es la ira del Dios de Israel!

Castilla, hijo mío, sintió el torpe yugo,
y a fuer de briosa lo quiso arrojar.
En vano: ayudarnos al cielo no plugo;
Padilla el valiente cayó en Villalar.

Nosotros, Alfonso, también moriremos;
también nuestra sangre vertida será.
¡Qué importa! Muriendo felices, rompemos
las férreas cadenas que el mundo nos da».

Acuña, el obispo, patriota esforzado,
aquel que al tirano no quiso acatar,
el cuerpo de indignas cadenas cargado,
cual cumple a los libres, acaba de hablar.

En pie, silencioso, con aire abatido,
mancebo, que apenas seis lustros cumplió,
le escucha; y responde con hondo gemido
que el eco en la torre fugaz repitió.

«¡Tan bravo en las lides! —Acuña le dice—,
¡tan bravo! y, cobarde, tembláis el morir…».
«Teneos, obispo: muriendo es felice
quien solo en cadenas espera vivir.

Morir es más dulce que ver, como he visto,
caer a Padilla y a ciento con él.
Yo burlo la muerte, más, ¡ay!, no resisto
de amor a los tiros, ¡fortuna crüel!».

Oyole el obispo con pena, y callose:
maguer que ordenado, tiene corazón;
lágrima furtiva al ojo asomose.
El joven su mano besó con pasión.

Siento el dolor menguarme poco a poco,… – Garcilaso de la Vega

Siento el dolor menguarme poco a poco,
no porque ser le sienta más sencillo,
más fallece el sentir para sentillo,
después que de sentillo estoy tan loco.

Ni en sello pienso que en locura toco,
antes voy tan ufano con oíllo,
que no dejaré el sello y el sufrillo,
que si dejo de sello, el seso apoco.

Todo me empece, el seso y la locura;
prívame éste de sí por ser tan mío;
mátame estotra por ser yo tan suyo.

Parecerá a la gente desvarío
preciarme de este mal, do me destruyo:
y lo tengo por única ventura.

Destierro – Juana Castro

Yo no soy de esta tierra.		
Era ya extranjera en la distancia		
del vientre de mi madre		
y todo, de los pies a la alcoba, me anunciaba		
destierro.		
Busqué de las palmeras		
mi voz entre sus signos		
y perforé de hachones		
encendidos la amarga		
región del azabache. Yo no sé		
qué vuelo de planetas torcería		
mi suerte.		
Sobre el mudo desvío, sé que voy,		
como víbora en celo, persiguiendo		
el rastro de mi exilio.		

No encontrará mi alma su reposo		
hasta que en ti penetre		
y me amanezca		
y ría.

Hermosas ninfas, que, en el río metidas… – Garcilaso de la Vega

Hermosas ninfas, que, en el río metidas,
contentas habitáis en las moradas
de relucientes piedras fabricadas
y en columnas de vidrio sostenidas;

agora estéis labrando embebecidas
o tejiendo las telas delicadas,
agora unas con otras apartadas
contándoos los amores y las vidas:

dejad un rato la labor, alzando
vuestras rubias cabezas a mirarme,
y no os detendréis mucho según ando,

que o no podréis de lástima escucharme,
o convertido en agua aquí llorando,
podréis allá despacio consolarme.

El mar ausente del Sahara – Josefina Romo Arregui

Sí. Yo tuve un mar sobre mi arena.
Un mar grande sin límites, compacto.
La tierra de oro que abrasa soledades
estuvo henchida augusta del mar que ya no soy.

Picaban gaviotas mi cuerpo remeciente,
movíanse las naves arriba de mis olas.
Pues yo era el mar que hervía sobre la arena rubia,
la arena saturada que hoy clama por su agua.

¡Oh el mar aquí fantasma, el mar que finge el viento
desmelenando dunas al aventar mi arena!
¡Ay mar del agua espesa, la que corpórea y dura
ansían los caminantes de mi desierto blando!

¿Qué arcángeles de fuego evaporar pudieron
tanto mar que hube, llevándolo a un abismo?
Es mi arena abrasada la más sedienta boca
que gime por un agua que le bebieron dioses.

Los hombres me caminan soñándome poblado
de aquel mar que fue mío, el mar sobre el desierto.
Yo les mullo mi carne, les recibe mi arena,
y se quejan de sed junto a mi sed sin huelgo.

¡Oh gran mar de mi génesis, el mar que me escurrieron
a una zanja de llamas: cuánto pesa la arena!

Señora mía, si yo de vos ausente… – Garcilaso de la Vega

Señora mía, si yo de vos ausente
en esta vida turo y no me muero,
paréceme que ofendo a lo que os quiero,
y al bien de que gozaba en ser presente;

tras éste luego siento otro accidente,
que es ver que si de vida desespero,
yo pierdo cuanto bien bien de vos espero;
y ansí ando en lo que siento diferente.

En esta diferencia mis sentidos
están, en vuestra ausencia y en porfía,
no sé ya que hacerme en tal tamaño.

Nunca entre sí los veo sino reñidos;
de tal arte pelean noche y día,
que sólo se conciertan en mi daño.

Poesía de todas la épocas y nacionalidades