Voy por tu cuerpo
con la avidez
gozosa
de un lobo que demarca
su nuevo territorio,
preciso tu latido,
tu miel,
tu levadura,
el tacto que me brinda
paraísos contrarios.
-Tu piel,
con su fragancia
de tierra lloviznada,
transpira como un niño
que juega entre la niebla-.
Con manos
como olas,
con labios
como insectos,
con el abrasado viento
de mínimas palabras
me aferro
a tus costados,
deambulo
por tu cuerpo,
convoco en tus fronteras
el solapado fuego.
Y, así,
de toque a beso,
de humedad a silencio
te creces en ternura,
te viertes
en codicia,
aprendo de tus manos
mi resplandor más hondo,
y bebo
en tu saliva
mis sales y mi aroma.
En el sueño – Ana Blandiana
Los grillos cantan solo en el sueño,
De día los grillos son solo insectos,
Déjalos dormir y protégelos, hierba,
De los días sospechosamente honestos;
Que el Señor cristalino, dueño del rocío,
De la seca y vana verdad los proteja,
Y que aquello que nunca llegarán a vivir
Al menos en sus sueños acontezca;
Atados a sus propias cuerdas,
Deja que en sus pesadillas canten
Su cricrí, ofrenda de gráciles príncipes
A la luna y a su soledad.
Himno a la castidad – Juan Gil-Albert
La canción ignorada entre las valvas
del corazón sospecho floreciente
como un ímpetu ciego que me tienta.
Que sea no lo sé, pero me llama
esta fruición oculta que sorprendo
dentro de mí tendiéndome en sus brazos
como en lecho de sierpes entre cercos
de algún rosal. Tristeza o alegría,
no sabría decirlo cuando sopla
un viento rumoroso en que vacila
el torpe sueño y déjame sumido
en una despiadada trascendencia,
mientras yo estoy rendido y arrullado
por unas leves coplas que acompañan
al feliz corazón. ¿Qué inarmonía
junta la desazón y el entusiasmo
en estas largas noches en que gime
la castidad? Las voces interiores
dícenme un embeleso de palabras
que cual un vino sienten derramarse
por los lánguidos miembros. Vanas ansias
del pecador mordido por el fuego
de aquella fuerza ignota cuando sangran
sus ilusiones. Mas todo se nubla,
y suspenso en su flor se desvanece
si una voz misteriosa nos convida
a sonreír cubiertos de laureles
como un fiel desposado al que se rinde
la falaz apariencia.
Estoy cansada – Ana Blandiana
Estoy cansada de nacer de la Idea,
Estoy cansada de no morir...
He elegido una hoja,
Mira, naceré de ella,
A su imagen y semejanza, levemente,
Su savia fresca penetrará en mí
Y su nervadura formará mis frágiles huesos;
De ella aprenderé a temblar, a crecer,
Y de tanto dolor llegaré a brillar;
Luego me desprenderé de la rama
Como una palabra de los labios,
Del mismo modo infantil
En que
Muere
La hoja.
LA ODALISCA – JUAN AROLAS
¿De qué sirve a mi belleza
la riqueza,
pompa, honor y majestad,
si, en poder de adusto moro,
gimo y lloro
por la dulce libertad?
Luenga barba y torvo ceño
tiene el dueño
que con oro me compró,
y al ver la fatal gumía
que ceñía,
de sus besos temblé yo.
¡Oh, bien hayan los cristianos,
más humanos,
que veneran una cruz,
y dan a sus nazarenas
por cadenas
auras libres, clara luz!
Ellas al festín de amores
llevan flores,
sin velo se dejan ver,
y en cálices cristalinos
beben vinos
que aconsejan el placer.
Tienen zambras con orquestas,
y a sus fiestas
ricas en adornos van,
con el seno delicado
mal guardado
de los ojos del galán.
Más valiera ser cristiana
que sultana
con pena en el corazón,
con un eunuco atezado
siempre al lado,
como negra maldición.
Dime, mar, que me aseguras
brisas puras,
perlas y coral también,
si hay linfa en tu extensión larga
más amarga
que mi lloro en el harén.
Dime, selva, si una esposa
cariñosa
tiene el dulce ruiseñor,
¿por qué para sus placeres
cien mujeres
tiene y guarda mi señor?
Decid, libres mariposas,
que entre rosas
vagáis al amanecer,
¿por qué bajo llave dura,
sin ventura,
gime esclava la mujer?
Dime, flor, siempre besada
y halagada
del céfiro encantador,
¿por qué he de pasar un día
de agonía
sin un beso del amor?
Yo era niña, y a mis solas
en las olas
mis delicias encontré;
de la espuma que avanzaba
retiraba
con temor nevado pie.
Del mar el sordo murmullo
fue mi arrullo,
y el aura me adormeció:
¡triste la que duerme y sueña
sobre peña
que la espuma salpicó!
De la playa que cercaron
me robaron
los piratas de la mar:
¡ay de la que en dura peña
duerme y sueña,
si es cautiva al despertar!
Crudos son con las mujeres
esos seres
que adoran el interés,
y, tendidos sobre un leño,
toman sueño
con abismos a sus pies.
Conducida en su galera,
prisionera,
fui cruzando el mar azul;
mucho lloré, sordos fueron;
me vendieron
al sultán en Estambul.
Él me llamó hurí de aroma
que Mahoma
destinaba a su vergel;
de Alá gloria y alegría,
luz del día,
paloma constante y fiel.
Vi en un murallado suelo
como un cielo
de hermosuras de jazmín
cubiertas de ricas sedas;
auras ledas
disfrutaban del jardín.
Unas padecían celos
y desvelos;
lograban otras favor.
Quién por un desdén gemía,
quién vivía
sin un goce del amor.
Mil esclavas me sirvieron
y pusieron
rico alfareme en mi sien;
pero yo siempre lloraba
y exclamaba
con voz triste en el harén:
«¿De qué sirve a mi belleza
la riqueza,
pompa, honor y majestad,
si, en poder de adusto moro,
gimo y lloro
mi perdida libertad?».
Espejos – Ana Blandiana
Es tan difícil descubrir
Y tan fácil inventar:
Miles y miles de regentes
Para un rey muerto;
Para una única luna
Despliega miles de lagos;
Tengo sed de mí misma
Y bebo solo de espejos.
Miles de palabras a gritos
Para un significado que muere;
Tengo sed de sueño,
Tengo sueño de silencio.
Indicio – Rubén Márquez
Mi boca besó de ti la tarde
aquello de humedad fundida
que tienen las horas transcurriendo entre tu falda.
Siempre fuiste aquel momento
ese silencio escondido tras la brisa
ese dulzor que duele de tanto repetirse
como la lluvia que nos cambia.
Mis besos estuvieron tan presentes
que tocaron tu presencia y abrigaron tu partida
dejando huellas de humedad que se evapora.
Pero hoy el viento se escabulle
es un oleaje que te toca
un indicio
una mirada del tiempo que regresa.
La armadura – Ana Blandiana
Mi cuerpo
No es más que la armadura
Que un arcángel eligió
Para pasar por el mundo
Y disfrazado así,
Con sus alas vueltas
Hacia dentro,
Con la celada como sonrisa
Herméticamente sellada sobre mi rostro,
Avanza en el fragor de la batalla,
Se deja agredir y manchar
Por miradas viciosas
E incluso acariciar
La chapa de acero de su piel,
Debajo de la cual se va gestando
Un ángel exterminador.
Tomando místicamente el amor – Concha García
Raro debut de mi calambre.
Me costó la dicha saberla.
Me dijo panorama muy sancionadora.
Arrastré letargos y huecos días
mirándome las venas entre periódicos
releídos. Bajando la escalera del bar,
siempre con una enfermedad terrible
en mi soslayo recto. Entonces
supe desamar con elegancia,
sin diatribas.
Competencia de rosada quietud.
Dedos onomatopéyicos, o esa sed
tan rara.
Travesías – Ana Blandiana
De un extremo al otro del sueño
Me siento acorralada
Ante las inciertas y mal engarzadas
Travesías entre vidas:
Barcas que forman un puente improvisado
Sobre el río revuelto
Presto a separarlas;
Me duermo lento y con cuidado
De no pisar sobre la muerte
Y temo sobre todo el momento de despertar,
Cuando podría resbalar
Hacia una vida ajena
De la que no sabría regresar y en la que todo
Lo que haya habido sea culpa.