SE parece el dolor a la ebriedad:
el mundo irrumpe como espacio virgen
y los ojos advierten, asombrados,
un pálpito más vivo en torno nuestro.
Así la otra mañana nuestro duelo
iluminaba vívido el jardín
con una luz mojada; su oro crudo
bruñía las ciruelas como ópalos,
resudaba en el verde palpitante
de voraces hortensias; descubría
una vida imperiosa en los estambres.
Despiadado, en su gozo, cantó un pájaro.
Poesía – Eugenio de Nora
Bajo el alba,
entre rosas extasiadas,
salí camino del cielo,
para ver si te encontraba.
Para ver si te encontraba,
y tú, mi vida, no estabas.
Tú no estabas. Entre rosas,
llamándote, bajo el alba.
Hallé rosas de la aurora
venciendo mares de sombra.
Miré rosas de la tierra,
erguidas porque las quieran,
las besen.
Cántico del sol que muere,
vi las rosas del poniente.
Los ángeles las regalan.
Y tú, mi vida, no estabas.
Rosa de nadie, ignorada.
Tú, que te harás porque si,
y sin servir para nada.
De tu perfección avara,
purísima, alma del alma,
rosa bella, sin motivo,
oh, poesía mía, increada.
LECCIÓN PRIMERA – JOSÉ LUIS GARCÍA HERRERA
Acostúmbrate a morir cada noche
y a no darte por vencido. Aprende
las leyes no escritas de la vida y respeta
el orden en el que todo sucede.
Aunque nada sucederá si tú no lo provocas.
Haz de la caída un milagro y recuerda
que todo sacrificio responde a una victoria.
Acostúmbrate a que las heridas de ayer
sean memoria al borde del olvido, a que nada
perdure más allá de tus huellas, a que la noche
cubra de sombra la línea de tu sombra.
Recuerda que la palabra no nace del silencio
ni el amor se cobija en la región del abandono;
que todo lo dicho no mata cuando hiere
ni el corazón oculta su espalda a las traiciones.
Acostúmbrate a ser pasajero en la barca de la muerte,
pero no te des por vencido
porque vayas perdiendo vida mientras la vida pasa.
Acostúmbrate a nacer a cada instante.
Enamorada – Susana March
Hiéreme. No me importa.
Duéleme en todo lo mío;
en mi sangre y mi alma,
en mi corazón y en mis pensamientos.
Dame un hondo dolor
si no puedes darme un perdurable gozo.
¡Está en mí como sea!
Mi vida va bordeando tus orillas
como un río profundo, como un río
sin nacimiento y sin muerte,
dilatado en tus márgenes, sujeto
al cauce que le des…
Sommelear – Julia Santibáñez
Destiladísimo,
catamos este beso
con veinte años de añejamiento,
tinto de beso reposado de antojo,
en su punto de oscuro.
Doscientos cuarenta meses de saboreo
por este beso,
reserva de la casa
Porque escribí – Enrique Lihn
Ahora que quizás, en un año de calma,
piense: la poesía me sirvió para esto:
no pude ser feliz, ello me fue negado,
pero escribí.
Escribí: fui la víctima
de la mendicidad y el orgullo mezclados
y ajusticié también a unos pocos lectores;
tendí la mano en puertas que nunca, nunca he visto;
una muchacha cayó, en otro mundo, a mis pies.
Pero escribí: tuve esta rara certeza,
la ilusión de tener el mundo entre las manos
-¡qué ilusión más perfecta! como un cristo barroco
con toda su crueldad innecesaria-
Escribí, mi escritura fue como la maleza
de flores ácimas pero flores en fin,
el pan de cada día de las tierras eriazas:
una caparazón de espinas y raíces
De la vida tomé todas estas palabras
como un niño oropel, guijarros junto al río:
las cosas de una magia, perfectamente inútiles
pero que siempre vuelven a renovar su encanto.
La especie de locura con que vuela un anciano
detrás de las palomas imitándolas
me fue dada en lugar de servir para algo.
Me condené escribiendo a que todos dudaran
de mi existencia real,
(días de mi escritura, solar del extranjero).
Todos los que sirvieron y los que fueron servidos
digo que pasarán porque escribí
y hacerlo significa trabajar con la muerte
codo a codo, robarle unos cuantos secretos.
En su origen el río es una veta de agua
-allí, por un momento, siquiera, en esa altura-
luego, al final, un mar que nadie ve
de los que están braceándose la vida.
Porque escribí fui un odio vergonzante,
pero el mar forma parte de mi escritura misma:
línea de la rompiente en que un verso se espuma
yo puedo reiterar la poesía.
Estuve enfermo, sin lugar a dudas
y no sólo de insomnio,
también de ideas fijas que me hicieron leer
con obscena atención a unos cuantos sicólogos,
pero escribí y el crimen fue menor,
lo pagué verso a verso hasta escribirlo,
porque de la palabra que se ajusta al abismo
surge un poco de oscura inteligencia
y a esa luz muchos monstruos no son ajusticiados.
Porque escribí no estuve en casa del verdugo
ni me dejé llevar por el amor a Dios
ni acepté que los hombres fueran dioses
ni me hice desear como escribiente
ni la pobreza me pareció atroz
ni el poder una cosa deseable
ni me lavé ni me ensucié las manos
ni fueron vírgenes mis mejores amigas
ni tuve como amigo a un fariseo
ni a pesar de la cólera
quise desbaratar a mi enemigo.
Pero escribí y me muero por mi cuenta,
porque escribí porque escribí estoy vivo.
Esas y no otras – Julia Santibáñez
A las casas pequeñas
las cuidan faroles en la puerta,
las resguardan vallas de arbusto.
A las niñas que viven dentro
nada las defiende en sus camitas,
nada,
de las noches confusas
y calladas.
Canción de la que puede y no puede – Yolanda Castaño
Cuéntame un canto de sílice y luna,
hazme una historia de paño y satén,
tráeme un molino bajo la noche,
cántame un barco que se acune bien.
¿Y si me pincho la sonrisa?
¿Y si la sed me atraganta?
¿Si se me marea el juicio,
si el cincel se me adelanta?
Mi abuela modista y no sé coser.
Mi abuelo cantero y no puedo labrar.
Zahorí mi padrino y no encuentro el agua.
Fue marino mi padre y no sé navegar.
Cuándo la noche – Julia Santibáñez
Pobre de ti.
No tengo tu camisa, el cinturón,
no tu anillo,
el dije por fetiche.
Me quedé sin un botón
que fuera sobre tu cuerpo
a manera de amuleto.
Ni tu cuerpo.
Entonces no sé cómo el presagio
dónde el invierno
cuándo la noche.
Pobre,
pobre de ti.
Tristania – Nach
Es imposible recordar aquel techo
porque nunca lo miramos juntos,
solo teníamos nuestros ojos conectados,
o uno estaba siempre encima del otro.
¿Recuerdas?,
movíamos las manecillas del reloj
a nuestro antojo, tan fundidos y enormes
que parecíamos una escultura de Botero
sobre (y a los lados, y detrás y bajo) la cama.
Pero que estratega es la memoria
que nos guarda una sola foto finish,
y deja lo demás anclado en un lodo
de imaginación demasiado insegura.
Ya no te acuerdas, pero yo sí.
Para eso estoy aquí, convencido,
sacando aquellas Polaroid mentales
del cajón del dolido subconsciente.
Tu sabías que la nostalgia no era asunto tuyo,
mientras esas comisuras apuntaban hacia arriba
tus silencios interrogaban mis temores,
¡qué divertido era adivinarnos!
Jugábamos a deshacer las sombras
y sus nudos negros que nos perseguían,
nuestra propia ropa de repente
era diez tallas más grande,
convertidos en lo que se convierten quienes aman,
dos niños salvajes.
Hoy tristeza,
tristania
tristeria
tristorno
porque tú fuiste una nube
que ni se espera ni se deja atrapar,
y yo fui un estúpido por querer
volverme adulto demasiado rápido.
Porque
he buscado tu olor en otras pieles,
porque
he mirado a hurtadillas otro pelo,
porque
he intentado repetirte tantas veces,
pero eran guerras
tan perdidas
como yo.