Archivo de la etiqueta: Poesia española

Amante – Vicente Aleixandre

Lo que yo no quiero
es darte palabras de ensueño,
ni propagar imagen con mis labios
en tu frente, ni con mi beso.
La punta de tu dedo,
con tu uña rosa, para mi gesto
tomo, y, en el aire hecho,
te la devuelvo.
De tu almohada, la gracia y el hueco.
Y el calor de tus ojos, ajenos.
Y la luz de tus pechos
secretos.
Como la luna en primavera,
una ventana
nos da amarilla lumbre. Y un estrecho
latir
parece que refluye a ti de mí.
No es eso. No será. Tu sentido verdadero
me lo ha dado ya el resto,
el bonito secreto,
el graciosillo hoyuelo,
la linda comisura
y el mañanero
desperezo.

Era apacible el día – Rosalía de Castro

Era apacible el día
Y templado el ambiente,
Y llovía, llovía
Callada y mansamente;
Y mientras silenciosa
Lloraba y yo gemía,
Mi niño, tierna rosa
Durmiendo se moría.
Al huir de este mundo, ¡qué sosiego en su frente!
Al verle yo alejarse, ¡qué borrasca en la mía!

Tierra sobre el cadáver insepulto
Antes que empiece a corromperse... ¡tierra!
Ya el hoyo se ha cubierto, sosegaos,
Bien pronto en los terrones removidos
Verde y pujante crecerá la yerba.

¿Qué andáis buscando en torno de las tumbas,
Torvo el mirar, nublado el pensamiento?
¡No os ocupéis de lo que al polvo vuelve!...
Jamás el que descansa en el sepulcro
Ha de tornar a amaros ni a ofenderos
¡Jamás! ¿Es verdad que todo
Para siempre acabó ya?
No, no puede acabar lo que es eterno,
Ni puede tener fin la inmensidad.

Tú te fuiste por siempre; mas mi alma
Te espera aún con amoroso afán,
Y vendrá o iré yo, bien de mi vida,
Allí donde nos hemos de encontrar.

Algo ha quedado tuyo en mis entrañas
Que no morirá jamás,
Y que Dios, porque es justo y porque es bueno,
A desunir ya nunca volverá.
En el cielo, en la tierra, en lo insondable
Yo te hallaré y me hallarás.
No, no puede acabar lo que es eterno,
Ni puede tener fin la inmensidad.

Mas... es verdad, ha partido
Para nunca más tornar.
Nada hay eterno para el hombre, huésped
De un día en este mundo terrenal,
En donde nace, vive y al fin muere
Cual todo nace, vive y muere acá.

Carencias – Pilar Adón

Aquella lamparilla encendida me indica que las excursiones son posibles,
que el día sigue existiendo. Que nada ha destruido mi hogar
y que volver a casa sigue siendo una opción.

Creer. Creer en los brazos abiertos y en una palabra.
La noche tranquila que sucederá a un día de no tristeza.
Creer en el ángel perpetuo que cuida de mí.
Olvidar, de una vez, el irredento desasosiego que me acoge
y se burla de toda mi voluntad.

Con su pelo un poco largo… – Carmen Jodra Davó

Con su pelo un poco largo,
con sus largas piernas rubias,
se acurruca en el asiento
del metro: adopta una pose
soñadora.
Pensarías: Es un niño.

No es un niño y no es un hombre.
Todavía es esto otro,
volátil. Que nos permita
mirarlo mientras es esto.
Cuando levanto los ojos
ya no está. ¿Cuándo se ha ido?
No lo hemos visto irse.

escucho los ladridos, distintamente… – Vanesa Pérez-Sauquillo

escucho los ladridos, distintamente,
pero nada sé de ese perro que arde
ni del dibujo de su huella por la tierra abrasada.

Reconozco a los que lo han mirado
frente a frente. Escucho sus historias.
He pasado varias veces la mano
ante sus ojos blancos desde entonces
y he sentido una llama calentarme los dedos.

Pero yo solo escucho los ladridos.
Incluso cuando salen de mi boca.

Nada sé de poesía.

Hastío – Juan José Domenchina

 Hastío -pajarraco		
de mis horas-. ¡Hastío!		
Te ofrendo mi futuro.		

A trueque de los ocios		
turbios que me regalas,		
mi porvenir es tuyo.		

No aguzaré las ramas		
de mi intelecto, grave.		
No forzaré mis músculos.		

¡Como un dios, a la sombra		
de mis actos -en germen,		
sin realidad-, desnudo!		

¡Como un dios -indolencia		
comprensiva-, en la cumbre		
rosada de mi orgullo!		

¡Como un dios, solo y triste!		
¡Como un dios, triste y solo!		
¡Como un dios, solo y único!

REINA DE LAS NIEVES – Vanesa Pérez-Sauquillo

A solas con mis infidelidades
miro cómo mis manos
se transforman
en ese mar de hielo
inhóspito
que temo
que temo que me toque
ancho y estéril
todo el cuerpo
miro como mis ojos ya ven la realidad
a través de esa escarcha
finalmente cumplida
y toda yo soy vidrio
de promesas en grietas
contemplando mi propia
transparencia

Soledad en la muerte – José María Pemán

Hay que morir sin compañía...		
Esposa mía y compañera:		
tuya es mi vida toda entera,		
¡pero mi muerte es sólo mía!		

Toda la gracia del vivir		
te di con mano generosa:		
pero el cogollo de la rosa		
no lo podemos compartir.		

Tienes la vida y la verdad		
del compañero y del amigo.		
Pero aquel día... ¡yo conmigo		
en mi infinita soledad!		

Dos almas tienen sólo un Dios		
y dos estrellas sólo un cielo.		
Dos vidas viven un anhelo		
¡pero no hay muertes para dos!		

Por esa puerta no entrarás.		
En esa senda no serás		
ya mi consuelo y mi maestra.		
Toda mi vida ha sido nuestra.		
¡Mi muerte es mía, nada más!

 

tú que también escupes secretamente… – Vanesa Pérez-Sauquillo

tú que también escupes secretamente
en el abrigo que escogió tu corazón
y desconoces el porqué de lo elegido en sangre.
No busques el sentido de este libro.

Tú tampoco quisiste ser pastor
ni le has dado comida a lo lejano.

No me pidas un arma.
Mi dedo no señala. Tan solo
nos dibuja en la saliva.