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Su belleza – Sophia de Mello Breyner Andresen

Su belleza es total
Tiene la nítida simetría de un Mantegna
Sin embargo como un Picasso de repente
Disloca lo visual

Su torso recuerda el respirar de la vela
Su cuerpo es solar y frontal
Su belleza a fuerza de ser bella
Promete más que placer
Promete un mundo más entero y más real
Como patria del ser

El Dios que es transparencia – António Ramos Rosa

Nadie me saluda en las esquinas del papel.
Ningún dios me acompaña por las calles desiertas.
Pero en los dedos siento el rumor de un secreto
vegetal.
Es como si buscara alargar la mano de los dioses.
Es como arder con el agua en la blancura deslumbrante
de la resaca. Y las palabras de la casa se levantan
la ventana la puerta la cama y la silla.
Son espesas y nítidas presencias en el perfil.
Se forma así un círculo con energía alzada
en las sílabas rellenas por la coherencia del mundo.
Maternas son las sombras en torno un centro verde
que fue tal vez un dios antiguo que se olvidó
y el olvido es su signo: la transparencia.

En silencio descubrí esa ciudad en el mapa – Herberto Hélder

En silencio descubrí esa ciudad en el mapa
a toda velocidad: gota
sombría. Descubrí el polvo que golpeaba
como peces en la sangre.
A toda velocidad, en silencio, en el mapa —
como se descubre una letra
de otro color en medio de las hojas,
temblando en los olmos, en silencio. Gota
sombría en un girasol —
esa letra, esa ciudad en silencio,
golpeando como sangre.

Estaba mi ciudad al norte del mapa, 
en una velocidad llamada
mundo sombrío. Sus peces temblaban
como letras en lo alto de las hojas,
polvo de otro color: girasol que se descubre
como una gota en el mundo.
Descubrí esa ciudad, puliendo tablas
lentas como rosas vigiladas
por las letras de los espinos. Estaba en silencio
como una gota
de savia lenta en una tabla pulida.
Descubrí que tenía alas como una pera
que desciende. Y a esa velocidad
volaba para mí aquella ciudad del mapa.
Yo golpeaba como los peces golpeando
dentro de la sangre —peces 
en silencio, llenos de hojas. Yo escribía,
puliendo en la tabla
todo mi silencio. Y la savia
sombría venía escurriéndose en el mapa
del mundo. En la sombra de la sangre, temblando
como las letras en las hojas
de otro color.

Ciudad que estrecho, batiendo las alas —ella-
en el aire del mapa. Y que estrecho
contra cuanto, temblando en mí con hojas, 
escribo en el mundo.
Que estrecho con el amor sombrío contra 
mí: peces de gran velocidad,
letra monumental descubierta entre el polvo.
Y que yo amo lentamente hasta el fin
de la tabla por donde se escurre
en silencio pulido en otro color:
como una pera volando,
un girasol del mundo.

Ecos – Ana Luisa Amaral

En voz alta, ensayé tu nombre:
la palabra se quebró
Ni eco ínfimo en esta habitación
casi vacío de mobiliario

Casi un tiempo de vida durmiendo
a tu lado y el desapego es esto:
un eco ausente, una ausencia de nombre
repitiéndose

Saber que nunca más: reducida
a una esquina de esta larga cama,
el calor sofocante

En lugar de: mi pie izquierdo
cruzado al lado izquierdo
de esta cama

Tu nombre en un suelo
no de saudades

Si muero pronto – Fernando Pessoa

Si muero pronto,
Sin poder publicar ningún libro,
Sin ver la cara que tienen mis versos en letras de molde,
Ruego, si se afligen a causa de esto,
Que no se aflijan.
Si ocurre, era lo justo.

Aunque nadie imprima mis versos,
Si fueron bellos, tendrán hermosura.
Y si son bellos, serán publicados:
Las raíces viven soterradas
Pero las flores al aire libre y a la vista.
Así tiene que ser y nadie ha de impedirlo.
Si muero pronto, oigan esto:
No fui sino un niño que jugaba.
Fui idólatra como el sol y el agua,
Una religión que sólo los hombres ignoran.
Fui feliz porque no pedía nada
Ni nada busqué.
Y no encontré nada
Salvo que la palabra explicación no explica nada.

Mi deseo fue estar al sol o bajo la lluvia.
Al sol cuando había sol,
Cuando llovía bajo la lluvia
(Y nunca de otro modo),
Sentir calor y frío y viento
Y no ir más lejos.

Quise una vez, pensé que me amarían.
No me quisieron.
La única razón del desamor:
Así tenía que ser.

Me consolé en el sol y en la lluvia.

Me senté otra vez a la puerta de mi casa.
El campo, al fin de cuentas, no es tan verde
Para los que son amados como para los que no lo son:
Sentir es distraerse.

Sólo un poco de Goya: carta a mi hija – Ana Luisa Amaral

¿Te acuerdas que decías la vida es una fila?
Eras pequeña y el cabello más claro,
pero iguales los ojos. En la metáfora dada
por la infancia, preguntabas del espanto
de la muerte y del nacer, y a quién se seguía,
y por qué se seguía, o de la total ausencia
de razón en esa cadena en sueño de ovillo.

Hoy, en esta noche caliente que estalla
en junio, tu cabello claro más oscuro,
quería contarte que la vida también es eso:
una fila en el espacio, una fila en el tiempo,
y que tu tiempo al mío seguirá.
En un estilo que me agrada, ese de un hombre
que un día habló de Goya en una carta a sus
hijos, quería decirte que la vida es también
esto: un arma a veces cargada
(como decía una mujer sola, grande
como un jardín). Darte dulce de leche, dejarte
testamentos, hablarte de tazones – es siempre
mirarte amor. Pero es también enseñarte a la
vida, atrincherarnos en fila discontinua
de mentiras, en cariño de verso.

Y yo quería hablarte de los nexos de la vida,
de quién la habita más allá del aire.
Y que el respeto entero e infinito
no precisa venir después del amor.
Ni antes. Que las filas son sólo útiles
como formas de mirar, maneras de ordenar
nuestro espanto, pero que son posibles puntos
paralelos, espejos y no ventanas.

Y que todo está bien y es bueno: fila
u ovillo, dos cabezas en un mismo cuerpo,
o un dragón sin fuego, o unicornio
amenazando con llamas muy vivas.
Como el cabello claro que tenías en ese tiempo
se volvió castaño, pero aún claro,
y la metáfora hecha por la infancia
se reveló tan cierta en el poema. Se revela
tan útil para hablar de la vida, esa que,
sin tazones, intactos o partidos, sigue
siendo buena, aunque en disonancia de ovillo.

No sé qué te dirán en un futuro más cercano,
si quien así habita los espacios de las vidas
tiene ojos de gigante o cuernos asombrosos.
Porque te amo, deseaba un antídoto
igual a un elixir que te hiciese grande
de repente, volando, como hada, sobre la fila.
Pero al amarte, no puedo hacerte eso,
y en esta noche cálida rasgando junio,
quiero hablarte de la fila y del ovillo
y de todas las formas diversas de amar,
pero hechas de pequeños sonidos de espanto,
si lo justo y lo humano se abrazan allí.

La vida, hija mía, puede ser hecha
de otra metáfora: una lengua de fuego;
una camisa blanca color de pesadilla.
Pero también ese bulbo que me has dado,
y que ha florecido ahora, pasado un año.
Porque hubo tierra, algún agua leve,
y un balcón liberándole los pasos.