Todas las entradas por Ricardo Fernández

Aficionado a la ciencia ficción desde hace más de 40 años. Poeta ocasional y lector de poesía, novela negra, ensayo, divulgación científica, historia y ciencia ficción.

Vacío – Elvio Romero

Doblé lo que era nuestro. Ciertamente
te amé como a ninguna. Destruí cuanto
amaba. Un sueño malo
-de rencores antiguos- oscureció mis frondas.
Titiritero falso, solté todos los hilos que me unían
al eco fiel de tu alma, a tu secreto encanto;
mal leñador, talé ramajes vanos con inútiles golpes;
tiré abajo la casa con la antigua violencia de mi gente
y la perdí, torcí el sendero y lo dejé en la arena
como una carta triste que se arroja en un cesto.

Como a ninguna, digo. Un alevoso
viento amargo ha soplado. Esto es el fin
de un largo viaje al esplendor de un beso.

Doblé lo que era nuestro.

Palabras – Mariluz Escribano

Con esta claridad del frío
con que algunas palabras envejecen,
dejando los espacios del silencio
en relojes de arena,
las soledades llegan y se instalan
en las conversaciones,
en las calles heridas por las sombras
donde las gentes, mudas,
ni se conocen ni se nombran
y acomodan sus pasos
a las prisas del agua.

Igual que las palabras envejecen,
la soledad nos pisa los talones.

Crónica primera – Olga Novo

De como fui cuarto creciente
y llegué aquí descalza entre laureles
de cómo fluí por demoras de cuerpos
desvariada
de como noté envuelta en los helechos de los proscritos
y de cómo la ocupación dos equinoccios.
De cómo crecí del robledal
de cómo fui capaz de tanta barcarola
y de cómo concebí la revolución en nuestros vientres.

Y es que yo soy a la vida
lo que la lava al volcán.

Castigos – Rafael Alberti

Es cuando golfos y bahías de sangre,
coagulados de astros difuntos y vengativos,
inundan los sueños.

Cuando golfos y bahías de sangre
atropellan la navegación de los lechos
y a la diestra del mundo muere olvidado un ángel.

Cuando saben a azufre los vientos
y las bocas nocturnas a hueso, vidrio y alambre.
Oídme.

Yo no sabía que las puertas cambiaban de sitio,
que las almas podían ruborizarse de sus cuerpos,
ni que al final de un túnel la luz traía la muerte.

Oídme aún.

Quieren huir los que duermen.
Pero esas tumbas del mar no son fijas,
esas tumbas que se abren por abandono y cansancio del cielo no son estables,
y las albas tropiezan con rostros desfigurados.

Oíd aún. Más todavía.

Hay noches en que las horas se hacen de piedra en los espacios,
en las venas no andan
y los silencios yerguen siglos y dioses futuros.

Un relámpago baraja las lenguas y trastorna las palabras.
Pensad en las esferas derruidas,
en las órbitas secas de los hombres deshabitados,
en los milenios mudos.

Más, más todavía. Oídme.

Se ve que los cuerpos no están en donde estaban,
que la luna se enfría de ser mirada
y que el llanto de un niño deforma las constelaciones.

Cielos enmohecidos nos oxidan las frentes desiertas,
donde cada minuto sepulta su cadáver sin nombre.

Oídme, oídme por último.

Porque siempre hay un último posterior a la caída de los páramos,
al advenimiento del frío en los sueños que se descuidan,
a los derrumbos de la muerte sobre el esqueleto de la nada.

No Sabéis Lo Que Es El Amor (Una Tarde Con Charles Bukowski) – Raymond Carver

No sabéis lo que es el amor dijo Bukowski
Tengo 51 años miradme
estoy enamorado de esa piba
Piqué el anzuelo pero ella también está colgada
así que perfecto tío así debe ser
Me llevan en la sangre y no pueden echarme
lo intentan todo para apartarse de mí
pero acaban volviendo
Todas vuelven excepto
una a la que dejé plantada
Lloré por ella
pero aquellos días lloraba por todo
No me paséis un peta de esos
luego me vuelvo insoportable
Podría quedarme aquí sentado
bebiendo cerveza con vosotros toda la noche
Podría beberme diez latas de esta cerveza
y sería como agua
pero no me paséis un peta tíos
os echaré por la ventana
tiraré a todo el mundo por la ventana
ya lo he hecho
Pero no sabéis lo que es el amor
No lo sabéis porque nunca
habéis estado enamorados así de simple
Conseguí a esta piba es maravillosa
me llama Bukowski
Dice Bukowski con esa voz suave
y yo digo Qué
No sabéis lo que es el amor
Os lo estoy diciendo
pero no me escucháis
Ninguno de vosotros lo reconocería
si subiera a esta habitación
y os diera por el culo
Siempre pensé que las lecturas de poesía son una claudicación
Mirad tengo 51 años y mucho andado
Sé que son una claudicación
pero me digo Bukowski
pasar hambre es peor que rendirse
así que vas y nada es como debería ser
Aquel tipo cómo se llamaba Galway Kinnel
He visto su foto en una revista
Tiene buena pinta
pero es profesor
Cristo podéis creéroslo
Resulta que vosotros también
ya os estoy insultando
No, no le he escuchado
ni he oído nada de él
Termitas todos ellos
Puede que sea yo ya no leo mucho
pero esos tipos que se hacen
un nombre con cinco o seis libros
termitas
Bukowski dice
por qué escuchas música clásica todo el día
No sabéis cómo lo dice
Bukowski por qué escuchas música clásica todo el día
Os sorprende no
nunca pensaríais que un bruto bastardo como yo
pudiera escuchar música clásica todo el día
Brahms Rachmaninoff Bartók Telemann
Mierda no podría escribir aquí si no
Demasiado silencio demasiados árboles
Me gusta la ciudad ése es mi sitio
Pongo música clásica cada mañana
y me siento frente a la máquina de escribir
enciendo un cigarrillo como éste y lo fumo
y me digo Bukowski eres un hombre con suerte
Bukowski has pasado por todo
y ahora eres un hombre con suerte
y el humo azul flota sobre la mesa
y miro por la ventana la Avenida Delongpre
y veo a la gente subir y bajar por la acera
y echo una calada así
y dejo el cigarrillo en el cenicero
y respiro profundamente
y comienzo a escribir
Bukowski así es la vida me digo
está bien ser pobre está bien tener hemorroides
está bien enamorarse
Pero no sabéis lo que es
No sabéis lo que es estar enamorado
Si pudierais verla sabríais de lo que hablo
Pensaba que me acostaba con alguien aquí arriba
lo sabía
me dijo que lo sabía
Mierda tengo 51 años y ella 25
estamos enamorados y está celosa
Jesús es maravilloso
me dijo que me sacaría los ojos si me tiraba a alguien
aquí arriba
Eso es amor
Qué sabéis vosotros de eso
Dejadme deciros algo
he encontrado en la cárcel tipos con más estilo
que la gente que merodea por la universidad
y acude a lecturas de poesía
Sanguijuelas que van a ver
si el poeta lleva los calcetines sucios
o si le huele el sobaco
Creedme no les decepcionaré
Pero quiero que no olvidéis esto
esta noche sólo hay un poeta en esta habitación
sólo un poeta esta noche en la ciudad
puede que sólo un verdadero poeta en este país esta noche
y ése soy yo
Qué sabéis vosotros de la vida
Que sabéis de nada
A quién de los que estáis aquí han echado del trabajo
o le ha dejado su piba
o la ha dejado él
Me echaron de Sears and Roebuck cinco veces
Me echaban y luego me volvían a contratar
Fui chico de almacén para ellos cuando tenía 35
y luego me echaron por meter nenas dentro
Yo sé de que va eso estuve ahí
Tengo 51 años y estoy enamorado
Esta pibita dice
Bukowski
y yo digo Qué y ella dice
estás lleno de mierda
y yo digo tú sí que me entiendes cariño
Ella es la única en el mundo
hombre o mujer
por quien dejaría esto
Pero no sabéis lo que es el amor
Todas vuelven al final
todas ellas
excepto la que os dije
una que dejé plantada
Estuvimos siete años juntos
Bebíamos mucho
Veo un par de copistas en esta habitación pero
no veo a ningún poeta
No me sorprende
Tienes que haber estado enamorado para escribir poesía
y vosotros no sabéis lo que es estar enamorado
ése es el problema
Dadme un poco de esa mierda
Bueno no hace frío bien
está bien hace agradable
así que sigamos este circo en la calle
Ya sé lo que dije pero cataré sólo uno
Este parece bueno
Venga vamos entonces dame éste para recuperarme
Que más tarde nadie se quede cerca
de una ventana abierta

Libro de los 39 escalones – Carlota Caulfield

1
En los espejos
diez esferas y diez decires
especulan a libro abierto:
la luz del ojo brota de la pupila
de la siempre sorprendida.

2
Pintar el mundo al revés
es recordar:
la risa del rey estalla
sobre la corona y la volatiliza.
El camino lleva a Gerona.

3
Las letras se combinan
con agua, tierra, madera,
piedras, cañas y hierro:
mientras Belleza juega
llegaré al observatorio.

4
En el universo de las notas
la armonía se define
en el peor dibujo del triángulo:
soy Antonello da Messina,
el de las trampas visuales.

5
Baúl abierto de las sustancias.
Viaje en círculos de lo que creo es.
Las pirámides, los rombos y los hexágonos
se divierten con la flor:
trazo lo oscuro y el poema se imagina luz.

6
Emana la sombra de la forma
y de la forma las desapariciones.
Mientras más se mira menos se ve:
la síntesis de todo y su opuesto
es llama propia en el interior del baúl.

7
El tejido de esencias
se hace ave, rombo y espiral.
Los sueños maduran entre los hilos
de la clave de sol hecha semilla:
el libro mudo es reflexión de azar.

8
El tiempo reposa en su apariencia
y las que soy yo viven en las paredes:
el juego de manos se resume
en un teclado que ríe peligros.
Quiero que la silla abra su nido.

9
Sin querer parecerse a nadie,
sin ser nadie,
se llega al silencio
que se parece a todo y es todo:
bordo el manto terrestre.

10
Cuando de apariciones se trata
los ojos y el alma forman el reino.
Cuando se habla de desapariciones
la consonancia se disuelve en el espejo:
dime si es hora de trazarte.

11
La niñez es una caravana sin eje:
en el medio del cero
la semilla de mostaza camina a paso lento.
Mi proceso de iniciación fue
un peregrinaje a la memoria.

12
Para emprender la búsqueda
no vale lanzarse tras el espejo:
abandona tu nave en la humedad del puerto
que el viento es favorable
y la ribera quietud y visión interior.

13
Los profetas ya no están
y los sabios son ausencia:
los sueños son ahora profetas y sabios
bienaventurados en tus santuarios
de 32 pilares matemáticos.

14
Angelo Milfastos en tu barquito pintado
ibas a dejar caer tu cuchillo en el agua:
el mundo se despoja de los ojos
y el microcosmos nos levanta por el aire.
Sin títulos me muevo por el pabellón de los cangrejos.

15
Regresamos a la fuente de los sueños y vemos las voces:
leámonos hasta la saciedad
(desterremos el color azul y seamos astutos)
despiértenos la música, cantemos el «Lekha Dodi»
en la armonía del telar de las hadas celtas.

16
Si la jornada está hecha de metáforas.
viajemos con el vagabundo, carta del tarot o cuadro:
no hay criatura más preciosa que un gato
para el alma volar tras su memoria.
Dentro de la visita al pasado margino preceptos.

17
El boceto de nuestras caras son dos espejos de mano
con nuestras manos enlazadas en el banquito del mar:
el primer beso anida en el majestuoso gigante pasado.
Amamos las cosas imbuidas de misterio.
El tesoro tiene el prestigio de lo inaccesible.

18
En el encuentro nos vimos y no sabemos quién es quién:
somos dos y una entidad que tras la pared se escurre del cofre.
Tus ojos son mis ojos que escuchan,
tras la lámpara, el poema «Zum Storchen» de Paul Celan
y recuerdan que un día también fuimos Paracelso.

19
El fragmento de arriba está timbrado
por el Splendor Solis :
campanitas, banderas, capillas, ruedas dentadas.
Si seguimos la Vía Seca o la Vía Húmeda
seremos adeptos de la nada.

20
Las planchas del espejo
contienen nuestros signos zodiacales.
Veámonos las caras de león, de cabra,
de cangrejo, de pavo real y de pez:
la magia musical es mi propósito.

21
Volemos con el papalote que nos da Remedios:
ya salimos a la calle en el tándem de huesos de pollo.
En cuanto al simbolismo del texto,
digamos que tiene un valor aproximado
de chorro de leche que cae al mar.

22
Salgo del sicoanalista con mi traje verde
después de recoger las Doce Llaves de Basilio Valentín:
el doctor Jung me ha aconsejado que con la última llave
abra el laboratorio en cuyo centro está mi padre
junto al león que vomita la serpiente.

23
La iconografía del pelo nos permite pasearnos
con la certeza de que el viaje es más seguro.
Llegaremos a tiempo para que la presencia inesperada
nos acaricie la espalda con su lengua:
ignoremos el encuadre y entremos.

24
La mímesis que Hölderlin me confió
está otra vez de verde:
me siento y me vuelvo
el eje de los secretos quiméricos
bajo la mirada de Amach.

25
Nunca antes habíamos salido a cazar estrellas.
Alguien te habló del Uno-Todo y de la constelación no vista:
la piedra blanca muerde a la piedra roja
y vemos con el anteojo cómo el dragón enano
abreva en la fuente.

26
De Zürich a Venecia volamos
en un tren sombrilla:
nuestro prestigio está en el azar y el peligro.
La metáfora del camino nos ofrece
el tejido secreto de los orfebres, y no me olvides.

27
La ruptura del círculo vicioso lleva a la infancia:
mi aro me hace hablar de juegos y de fuegos
en el ojo absoluto de lo súbito.
En el cuadro se yergue un susurro -nazco de nuevo
con la luna enlazada a la copa que mira.

28
Los tratados árabes y sus recetas sobre la coloración del vidrio
son caminos visionarios que alcanzan la salida:
Jan van Eyck descubrió una fórmula de pintura al óleo
y tú llevas el mortero del alquimista al cuello.
Llamarte es la vivacidad de mi pelo enlazado al astro.

29
Dejemos las espirales y recorramos el palacio
que más allá del mundo está sin historia:
Fray Luis de Granada tiene un libro de maravillas
con hilos en la creación de mi destino
en aquellos otros muros.

30
En el viaje circular toda superioridad
se pone en tela de juicio:
da validez a tu lectura y ascendamos al Monte Análogo.
Si rompemos el círculo vicioso inventaremos
la totalidad y el vacío de nuestro itinerario.

31
Llegó la huida y nos confundieron con los emigrantes
en el trasmundo de mi exilio sin reino:
yo, como la malabarista, he hecho prodigios
ante una multitud insensible a mi acto de vuelo y
a mis inscripciones del «centro en el triángulo del centro».

32
De idénticos hilos es mi afán de belleza
desde que se desbordó el festejo del Sechseläuten:
encontrar tu luz en la nota de San Pedro
fue cambiar mi horario gremial, desfilar con los niños
y dejar que mi traje histórico terminara solo el cortejo.

33
De la visita a la catedral he salido
como un esqueleto y su clepsidra y su flecha:
toda mortificación ha sido necesaria para el éxito.
La tríada elemental se imagina pierna entre árboles
mientras soy media luna de plata unida al león verde.

34
Gozo de trajes alusivos y de nueve meses simbólicos
entre el espacio poético y los dibujos interiores.
La escritura es una visita inesperada, hilillo fino:
«Veo prodigios que me maravillan» y confundo la historia
de la catabasis hacia el reino de Hades con la del enano.

35
Tejemos con las agujas de nuestras plumas
y brindamos «Au bonheur des dames» con alambiques estelares:
las manipulaciones del pincel satisfacen mis impulsos
de un país de los locos sobre un caballo de cartón.
El Libro de San Cipriano bebe del espejo que escucha.

36
Mi casa tiene una cocina y un laboratorio
y una despedida de varias puertas
y un viaje ansioso de De Chirico
y el paraíso de los gatos:
Belleza busca en la memoria de mi mundo alterno.

37
La tejedora de Verona me ha escrito
una carta en metal bienaventurado de Praga:
los gabinetes de curiosidades de Rodolfo II
aún contienen cabezas compuestas y versos sueltos.
-Ámame poco, pero continúa, dice el tesoro.

38
-¡Cuéntame una mentira que he de contarte
otra más grande!, dice el hada gallega
con su alegría de siempre, y me canta
aquella cantiga que nadie nunca pudo aprender:
el huso y la rueca nos hilan a lo que estaba escrito.

39
Y si mis escalones a cada rato se transmutan
es porque un cierta Tabla de Esmeralda
se ha apoderado de las válvulas de mi corazón:
entre Tuatha de Dannan y aguafuertes de islas:
cada texto es dueño de su propia red, y «todo es uno».

El retrato – Jorge Galán

No veía sus manos ni el cuchillo que sostenía,
ese brillo que era semejante al sonido
de una tormenta de nieve vista desde muy lejos,
el ruido de lo inmensamente blanco.

Tampoco veía los restos de manzanas que cubrían sus pies,
ese color destruido que subía a sus labios
que se abrían a punto de pronunciar una palabra
que era el nombre verdadero del mundo.

Dos instantes de agua tocaban sus orejas.
El cabello repartido sobre la frente
dividía en dos ecos el sonido de una ventana
que se abría, y en medio de la ventana,

una mancha de luz,

un retrato pintado durante miles de años
por los artistas de la humanidad.
La belleza depurada a través de millones de anteriores retratos
hasta llegar a la línea invisible, a la total imagen.

He llegado. Me acerco… – Álvaro Valverde

He llegado. Me acerco
con cautela a la orilla y distingo en las aguas
una suerte de antigua y fugaz transparencia.
Queda al lado un desierto, un lugar retirado
que una puerta franquea preservando el destino
de los hombres que huyen. Una breve vereda
que coronan cipreses nos conduce a la senda
reiterada, a los pasos
que se llegan a Yuste -el otoño dorado
de la hiedra rojiza y el estanque en penumbra-,
al jardín de Abadía -ruinas, mármol, canales,
Lope, acantos y olivos-.
Es difícil saber
sobre qué edificamos
la virtud. Qué lugares
-evocados o vistos- nos contienen.
Paredes,
tapias, huertos, bancales,
muros hechos de piedras
colocadas siguiendo cumplimientos idénticos.
Minuciosos remiten
a un estado de cosas que se pierde.
Enseñanzas
de la edad sometidas
a un complejo sistema en precario equilibrio.
Su presencia anticipa la verdad de la historia.
No es extraño volver, sorprendido, la vista
y caer en la cuenta: somos agua, y aun piedra;
árbol, río, retamas. Somos tierra. Hago mías
las razones de Anteo.

Arrancada a la roca la ruindad de los huertos,
empeñados en darle a las aguas su cauce,
embalsando su fuerza en los largos estíos,
aguardando la nieve transformada en torrente,
afinando en la viga la bondad de los troncos,
observando en las nubes la promesa de lluvia,
¿no cumplirnos un ciclo necesario e idéntico?

Cuestiones aplazadas – Antonio Lucas

Habré de escribir un día
cómo el hombre aprende a amar,
a tientas probablemente.
De qué delito esta hecho un cuerpo,
de qué estridencia viene,
de qué penumbra se hizo eco
para estar aquí,
y mantiene el equilibrio,
se hace viejo mirándose las manos,
y aprende de la sed y de la nieve,
igual que el pájaro.

Habré de escribir un día
a qué obedece esta sospecha anticipada,
a quién sirven mis dos ojos abiertos,
cómo nació la luz de una impaciencia,
o del saqueo de una estrella,
y de cómo se llenó la tierra
de párpados y de ventanas
aprendiendo a hacerse noche.

Habré de escribir un día
lo que ven los ciegos
en su lumbre blanca.
Qué moja el mar
a la altura de mis pasos,
a dónde va esa mercancía,
el eco de mi altura hecho de huellas,
la razón del peso de los hombres.

Habré de escribir un día,
quizá mas tarde,
de la sagrada aspiración de un dios
a ser dios sólo.
También de aquellos
que ya no espera nada
y alguna vez fuimos nosotros.
O de esos que distinguen
entre orden y deseo
y nunca desbaratan sus pasiones.

Habré de escribir un día
del piano envenenado por la música,
de los niños afilando sus garras en el miedo,
de bocas sujetando el mediodía,
de aquello que creímos ser
en frías azoteas con luna de cerveza
y ya nunca será igual.

Habré de escribirte un día todo esto.

¿Pero quién sobrevivirá a quién?

Confidencias – Felipe Benítez Reyes

Como todos los jóvenes, yo también he buscado
esa luz inquietante que brilla en la aventura.
Como todos los jóvenes, he arrastrado mis sueños
por el fango celeste de la vida nocturna.

El alcohol –que seduce– y los cuerpos –que embriagan–
me han dado la medida de unos mundos secretos
que van ya convirtiéndose en jardines de hastío,
y la pasión primera en un jardín de invierno.

Todo cansa y aburre. Las manzanas mordidas
dejan el gusto amargo de una falsa promesa:
su seducción se cumple y de pronto no es nada.
Consumar un deseo es besar a la niebla.

Como todos los jóvenes, he apostado al diablo
y he vendido mi alma a precio de inexperto;
supongo que he perdido la inocencia y la Gloria,
pero nunca los jóvenes temimos el Infierno.

Y aunque me quede tiempo y aunque el halago equívoco
del mundo me sujete, he muerto a las pasiones.
Porque todo es un lento bostezo. Y no me importa
apostar al fracaso. Como todos los jóvenes.