Todas las entradas por Ricardo Fernández

Aficionado a la ciencia ficción desde hace más de 40 años. Poeta ocasional y lector de poesía, novela negra, ensayo, divulgación científica, historia y ciencia ficción.

Cree… – Chus Pato

Cree
no, con ojos no
a no ser que los ojos sean un sagrado
y en el iris les gorgotee la laguna
y en la pupila nenúfares de Antela
Es el mundo quien ve:
las imágenes
las que se abren en la noche
se rasgan
tienen el fulgor de un verdel
croan como batracios
y son resto de una mente anterior y final
de una mente que se abre en espiral
y sólo en la distancia calca un trazo último
en un amanecer mayor
El tuyo
tu cuerpo es Orión
un órgano que se derrama
un instante antes de morir
la visión de una escala de notas
el calor de lo invisible
en los bosques

En este Interlunio: – Ana Cristina Cesar

En este interlunio
Soy diluvio o me ahogo.
Y entre espectros que comprimen,
Nada se cumple,
El destino se hace polvo.
De querella y harina se yergue un ojo.
Las voces despetalan,
Los períodos se ablandan,
Oraciones enteras lentas se consumen,
En pozos hay sumirse de palabras sordas.
En este interlunio
Soy centella o hulla inerte.
Enorme tórsalo entra cuerpo adentro,
Entre los dientes, carne.
Arde el ente y escupe,
Escupida inútil invadiendo espacio.
Moléculas blandas coleando,
Víboras vagas rimándose,
Poetas quietos entreviendo
Cosas cosas que fallecen.
En este interlunio,
Soy cosa o poeta.

ESA CARTA QUE NUNCA VES – Chus Pato

La luz única llegará desde el sobre
un rayo blanco
cromado
llamando,
de llevarlo, será en el bolsillo, porque las manos tienen que ser libres
las necesitas para salir
Cuando hablamos de honestidad
señalamos la fidelidad a un nombre
que no somos capaces de recordar
No es que al abrir el sobre se nos presente nimbado
él mismo es el aura
Klee nos propone un viaje al país del Mejor Conocimiento
en algún instante cruzaremos las aguas
nos sumergiremos en el lecho
con las lampreas
y a lo lejos serán los arcos frágiles del puente
ya en la ribera otra
quizá
vayamos a dar con una compañera de viaje
dirá
«caminamos erguidas porque nuestras columnas son paralelas
a la subida de la savia cuando florecen los manzanos»
La mayoría de los árboles ya han perdido sus hojas
aguardan el beso invernal
el sol de la mayor distancia

Hoja de diario – Julia Santibáñez

Lunes
Noto que F. me ronda de nuevo. De espalda
dos números más grande, tan sin respiro.

Martes
Tiene manos sólidas. Cuando lo noto me
quedo inmóvil, como un insecto que ante el
peligro finge estar muerto.

Miércoles
Miles de pájaros. Y vértigo. Quiero que él
huela mi cabello.

Jueves
Como si fuera el aire y yo apenas, su beso es
ávido.

Viernes
Todo siempre, para siempre. Es tan acérrimo.

Sábado
Persevera en sus pequeños defectos, como un
héroe en casa.

Domingo
El aliento pesa cuando espesa. Tan cómodo.

Lunes
L. es de ojeras fúnebres. Me inquieta su
sombra.

Estoy temblando… – Idea Vilariño

Estoy temblando
está temblando el árbol desnudo y en espejos
cantando
y cantando está la luna
riendo
sin silencios
la lírica y romántica
flauta y en cielo en hoz
por vez primera
se abren su luz cereza y el estiércol.
No se pueden quejar ni las mañanas
ni el ardiente sopor que por lo estéril
no canto más no canto
ni puedo deshacer en primavera
ni negarla y beber
ni matar sin querer
ni andar a tientas
ya que el aire está duro
y hay monedas locuras
esperando
la marca del el agua
en desazón riendo
riéndose riendo.
Ah si encono si entonces
ya no quiero
ya no pude se pasa nunca alcanza
una ola se vaga la marea
se desconcierta así
y el sol no existe aquí más que en palabras
Pero en cambio en el cielo
caben muchas pero muchas. A veces
se molestan se muerden
en los labios.

A quien sabrá perderme y acabarme – María Sanz

Aunque siempre viviste
con préstamos de amor, por cuenta ajena,
tú también necesitas
mirar alguna vez la luna llena
a través de los árboles;
perder el poco tiempo que te queda
buscando esa palabra
que significa todas las respuestas.
Te hace falta un milagro,
pero ¿en brazos de quién, qué primavera
vestirá lo desnudo
de esas cuatro paredes que te encierran?
Tú también eres noche,
ardiente oscuridad. Un hombre llega
tan sólo para darte
esas buenas razones de su ausencia.
No hace falta que pidas
más préstamos de amor a quien se acerca
procurando, inmutable,
que no termines de pagar tu deuda. 

Urara (ha llegado la primavera) – Toshiko Hirata

Aunque vaya al dentista la primavera es alegre
La primavera es alegre aunque sea dentista

Aunque florezca la primavera es alegre
La primavera es alegre aunque reverdezca

Aunque me suba a un autobús la primavera es alegre
La primavera es alegre aunque se me suba un autobús

Aunque reciba una carta la primavera es alegre
La primavera es alegre aunque reciba una sarta

Aunque tenga hambre la primavera es alegre
La primavera es alegre aunque tenga calambre

Aunque baje la escalera la primavera es alegre
La primavera es alegre aunque baje la marea

Aunque esté sola la primavera es alegre
La primavera es alegre aunque tenga cola

Aunque se me escape mi enamorado la primavera es alegre
¡La primavera es alegre aunque no sea alegre!

LA PRISIÓN – PATRICIO DE LA ESCOSURA

«Muchos, repetidos, muy graves pecados
los hombres hicieron y Dios se enojó:
en pena, de libres que fueron creados,
esclavos los hizo, tiranos les dio.

¡Tiranos! Con ellos, cadenas, prisiones,
castillos y guerras y el potro crüel.
¡Tiranos! Con ellos, rencor, disensiones…
¡Tremenda es la ira del Dios de Israel!

Castilla, hijo mío, sintió el torpe yugo,
y a fuer de briosa lo quiso arrojar.
En vano: ayudarnos al cielo no plugo;
Padilla el valiente cayó en Villalar.

Nosotros, Alfonso, también moriremos;
también nuestra sangre vertida será.
¡Qué importa! Muriendo felices, rompemos
las férreas cadenas que el mundo nos da».

Acuña, el obispo, patriota esforzado,
aquel que al tirano no quiso acatar,
el cuerpo de indignas cadenas cargado,
cual cumple a los libres, acaba de hablar.

En pie, silencioso, con aire abatido,
mancebo, que apenas seis lustros cumplió,
le escucha; y responde con hondo gemido
que el eco en la torre fugaz repitió.

«¡Tan bravo en las lides! —Acuña le dice—,
¡tan bravo! y, cobarde, tembláis el morir…».
«Teneos, obispo: muriendo es felice
quien solo en cadenas espera vivir.

Morir es más dulce que ver, como he visto,
caer a Padilla y a ciento con él.
Yo burlo la muerte, más, ¡ay!, no resisto
de amor a los tiros, ¡fortuna crüel!».

Oyole el obispo con pena, y callose:
maguer que ordenado, tiene corazón;
lágrima furtiva al ojo asomose.
El joven su mano besó con pasión.