Archivo de la categoría: Premio Nacional de Poesía

Alegría – José Hierro

Llegué por el dolor a la alegría.
Supe por el dolor que el alma existe.
Por el dolor, allá en mi reino triste,
un misterioso sol amanecía.

Era alegría la mañana fría
y el viento loco y cálido que embiste.
(Alma que verdes primaveras viste
maravillosamente se rompía).

Así la siento más. Al cielo apunto
y me responde cuando le pregunto
con dolor tras dolor para mi herida.

Y mientras se ilumina mi cabeza
ruego por el que he sido en la tristeza
a las divinidades de la vida.

Sublevación – Antonio Gamoneda

Juro que la belleza		
no proporciona dulces		
sueños, sino el insomnio		
purísimo del hielo,		
la dura, indeclinable		
materia del relámpago.		

Hay que ser muy hombre para		
soportar la belleza:		
¿quién, invertido, separa,		
hace tumbas distintas		
para el pan común y la		
música extremada?		

Ay de los fugitivos,		
de los que tienen miedo		
de sus propias entrañas.		
Si una vez el silencio		
les hablase, ¿sabrían		
respirar la angustiosa		
bruma de los espíritus?		
¿Cantarían su propia		
conversión al espectro?		

Y aquellos otros, estos		
miserables amados,		
justificados por el dolor:		
advertid que tan sólo		
a los perros conviene		
crecimiento de alarido.		

Algo más puro aún		
que el amor, debe		
aquí ser cantado;		
en cales vivas, en		
materias atormentadas,		
algo reclama curvas		
de armonía. No es		
la muerte. Este orden		
invisible		
        es
           la libertad.

La belleza no es		
un lugar donde van		
a parar los cobardes.		

Toda belleza es		
un derecho común		
de los más hombres. La		
evasión no concede		
libertad. Sólo tiene		
libertad quien la gana.		

Solicito		
una sublevación		
de paz, una tormenta		
inmóvil. Quiero, pido		
que la belleza sea		
fuerza y pan, alimento		
y residencia del dolor.		

Un mismo canto pide		
la justicia y la		
belleza.		
       Sea la luz
un acto humano.		
            Se puede
morir		
    por esta
libertad.

Por el camino de tu lengua yo podría llegar … – Piedad Bonnett


Por el camino de tu lengua yo podría llegar
hasta la negra Abisinia
o cabalgar hasta Bengala o Nankin
porque ella es sabia como un viejo maestro que
enseña sobre el cielo
las rutas de los pálidos cometas

porque tu lengua es poderosa como la de la mantis
que da vida y da muerte
y sabe tejer formas como la poesía
y es diestra en lides y ducha en argucias
y canta una canción remota y mágica que invita al extravío

Pero por el camino de tu lengua viajo más hondo
hasta el lugar donde naces gimiendo con un tremor antiguo
y me sientes flotar reciente y húmeda

hasta el origen
donde sueña la bestia su sueño más profundo
y el placer es un banco de peces que relumbra
entre sales marinas

hasta mi centro
donde veo lo que no ven mis ojos cegados por las
luces del mundo
donde no existe la palabra

la torpe mercenaria

Elegía – Carilda Oliver Labra

Los besos se me han vuelto telarañas,
la casa se ha venido abajo,
se derrumba;
ya está rota
aunque tiembla entre gajos y vitrales.

Abierta como madre
la aluden los crepúsculos;
es un desierto borrado por mis pies
que no siguen a nadie.
He claveteado estas persianas
para que no examinen la agonía,
el polvo es mi señor.

Sepultada
por gatos y papeles
jamás sospecharán que vivo.

Canción de la que puede y no puede – Yolanda Castaño

Cuéntame un canto de sílice y luna,
hazme una historia de paño y satén,
tráeme un molino bajo la noche,
cántame un barco que se acune bien.

¿Y si me pincho la sonrisa?
¿Y si la sed me atraganta?
¿Si se me marea el juicio,
si el cincel se me adelanta?

Mi abuela modista y no sé coser.
Mi abuelo cantero y no puedo labrar.
Zahorí mi padrino y no encuentro el agua.
Fue marino mi padre y no sé navegar.