Las fechas negras – Luis de Paola

hay días como hoy que no quisiéramos
ejercer el oficio de estar vivos
y por si fuera poco
llueve alevosamente
sobre los tejados rojos
del madrid de los austrias
sobre sucias paredes con dibujos obscenos
llueve
llueve monótona
lenta
penosamente

desde mi buhardilla
oigo la musiquita del violín del otoño
(que diría verlaine)
repitiendo su queja sin fin
y es como si dijera que todo se acabó
que no hay nada que hacer

hay día (hoy es uno) que dan ganas
de cerrar de un portazo
el universo
y decirle a la vida que no insista
que no podemos atenderla

Dolor – Rocío Arana

DOLOR de ser contigo para ti
y no tener tus manos de silencio.
Dolor de ver la vida tan hermosa
desvestida de fiesta tras la lluvia
olor a pueblo, tierra, tulipanes
mojados en un patio blanco y rojo
y no tener un tú para contarlo.
Dolor de lo que fue, lo que no fue,
dolor de la callada por respuesta,
de tu llaga en mi boca derruida
doliéndome tu voz cuando callaste.
Dolor de ser feliz o de intentarlo,
dolor de ser feliz en este yermo
donde crecen las flores a deshora.

Mujer desnuda ante el espejo – Jaime Siles



Una mujer desnuda
delante del espejo
fluye por el cristal
anónimo del tiempo.
Flota en un mar de azogue
con su cielo hacia dentro
llevada por las olas
de su mismo reflejo.
Está ahí y no está
más cerca ni más lejos,
más allá de sus ojos,
más allá de su cuerpo.
Está siempre marchándose¡
y está siempre viniendo.
No se ha ido aún
y ya está de regreso.
Vuelve, se va y vuelve.
Vuelve y se va volviendo.
Borrada en la brisa
y en el color del viento.
Respirada, vivida
en el vaho soñoliento,
¿te creo o te imagino?,
¿te veo o te invento?
Tú, dentro del cristal,
y yo, dentro del tiempo,
sin poder encontrarnos,
sin poder poseernos.
Un relámpago rápido.
Un relámpago lento,
y nosotros, sumidos
en el son de lo eterno.

Rimas – Francisco Villaespesa

La noche me envolvió como un perfume;
y en el silencio tus pisadas eran
un lento resbalar de terciopelos
sobre una frágil ilusión de seda.

Tembló tu corazón bajo mi mano
con timideces de paloma presa,
y aspiré en el aliento de tu boca
todo el perfume de la primavera.

Tus rizos me envolvieron. Y entre el vago
olor a musgo de tu cabellera,
suspirante absorbí como un veneno
el acre aroma de tu carne enferma.

Los días tres… – Olvido García Valdés

Los días tres celebran la venida
del uno al otro y del quedarse, son
comienzo de meses y de años, mecanismo
que anuncia memorias que vendrán.
Si no es feliz la vida, sí es entera
y verdadera y se conocen y aman
como son, y la desdicha, y la luz, y
el amor son una sola cosa y el viento
en los árboles y el cuidar, saber
del otro que ya llega.

Pulso – Paul Auster

Esto que retrocede
se acercará a nosotros
al otro lado del día.

Otoño: una sola hoja
comida por la luz: y el verde
mirar del verde sobre nosotros.
Allí donde la tierra no se para,
allí también nosotros seremos esa luz,
incluso mientras la luz
muere
en la silueta de una hoja.

Mirada boquiabierta
en el hambre del día.
Donde no hemos estado
estaremos. Un árbol
arraigará en nosotros
hasta erguirse en la luz
de nuestras bocas.

El día se pondrá en pie ante nosotros.
El día nos seguirá
hasta el día.

SOBRE EL PÁRAMO AGRESTE – JOSÉ LUIS GARCÍA HERRERA

Escribo para no morir. Ese es mi oficio.
Unir palabras sobre una estepa blanca
donde no caben las mentiras y la verdad duele
aunque cure todas las heridas que no he visto.
Hablo contra el viento para escuchar
todo lo que he escrito antes de que el día
fallezca entre las fauces de la noche.
Son palabras que queman en la piel
los días vividos en el majal de la rutina,
en el apeadero de los sueños rotos
y en la cantina de las promesas incumplidas.
En los amaneceres de la nada escribo
para no morir, para saberme hombre
entre las calles que nadie recorre
llamándome con la voz de los milagros.
Escribo para quien, un día, quizá lejano,
encuentre entre mis versos un ápice de esa vida
que he ido dejando -gotas de sangre o tinta-
sobre el páramo agreste de todos mis silencios.

Cafiche de la muerte – Óscar Hahn

Cómo carne de cóndores hirvientes
o de tordos quemados como cresta
del rojo al negro se cambió la fiesta
y en silencio se fueron los clientes.
Se nos vació no más todo el prostíbulo
se vaciaron las camas y los bares
y todas las que estábamos de a pares
sollozamos de a una en el vestíbulo.
Por el pasillo viene la señora
siempre tan maternal siempre a la hora
con su taza de té y un trago fuerte.
Para qué te moriste desgraciado.
Mira mi pobre cuarto desolado
tipo traidor: cafiche de la muerte.

Canción de domingo – María Mercedes Carranza

Es inútil escoger otro camino,
decidir entre esta palabra herida y el bostezo,
atravesar la puerta tras la cual te vas a perder
o seguir de largo como cualquier olvido.
Es inútil rociar raíces
que sean quimeras, árboles o cicatrices,
cambiar de papel y de escenario,
ser arco, cuerda, puta o sombra,
nombrar y no nombrar, decidirse por las estrellas.
Es inútil llevar prisa y adivinar
porque no hay tiempo para ver
o demorarse la vida entera
en conocer tu rostro en el espejo.
Los lirios, el cemento, esos ojos zarcos,
las nubes que pasan, el olor de un cuerpo,
la silla que recibe la luz oblicua de la tarde,
todo el aire que bebes, toda risa o domingo,
todo te lleva indiferente y fatal hacia tu muerte.

Poesía de todas la épocas y nacionalidades