DOMINGO A SOLAS – Guillermo Marco Remón

Es cierto que creí
que el dolor me guiaría
por las habitaciones de la casa
a la que a veces llamo sin saber si hay alguien.
Esperando en la puerta
de ese hogar nos perdimos,
Dios y yo
nos hicimos humanos con la espera.
Él trajo las preguntas a la orilla
de la memoria cuando el balbuceo
era fe.
Y ahora evoco la oración, la duda.
Después de tantos domingos a solas,
perdóname:
he olvidado tu nombre.

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