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Noches – Josefina de la Torre

Noches sobre la playa: rumor de orilla fresca.		
Blanco batir de remos que la sombra sorprende.		
Sobre la barra grande los hachones de pesca,		
y un cuerpo perezoso que en la arena se tiende.		

En lo alto de la Isleta el faro gira y gira.		
Un denso olor a algas... Venus, la Osa Mayor...		
Rasguea una guitarra. Una mujer suspira.		
La brisa trae aromas de madreselva en flor.		

Y en las noches de luna, sentados en la acera,		
al ritmo melodioso de una antigua habanera		
lánguida y cadenciosa con su aire dulzón,		

evocar las figuras de la memoria mía		
(los padres, el hermano, Dolores y María)		
envuelta entre los pliegues de un viejo pañolón.

Habíamos dado más de mil órbitas – Diego Maquieira

Habíamos dado más de mil órbitas
sobre el mar sin haber jamás arribado
a ningún cabrón puerto
Coritani nos traía por mar perdidos
algún tiempo
para después dormirse
y dejarnos otra vez perdidos
No quedaba un solo Harrier a bordo
y las cargas de armamentos y alcohol
arrojadas al mar por unas rocas
que eran como olas varadas
MaCoritani hacía detener el viento
para salir a guerrear a cubierta
pero amodorrado por el rocío y el sueño
veía nubes que se hundían en el mar
Entonces alucinó hundir el portaaviones
hasta la mitad, hasta dejar flotando
sólo las gigantescas velas en cubierta
para que parecieran unas dunas de mármol
levantando una capilla
Mientras el arsenal de agua debajo del casco
y el mar rodeando por todos lados a la vez
hacía estremecer de gozo
a los rapsodas druidas
porque PatrescaOssavinci de una belleza
que mandaba a irse de lado al cielo
iba levantando el mármol y lo socavaba
con su cuerpo hurgándole un hombre
la ternura despiadada de un hombre
y con sus ojos hurgándole un faro.

La facilidad – Osías Stutman

Amores:

No hay consecuencias lógicas
del pasado. El pasado es
sólo suma y resta de defectos


elegidos. Recuerdos de la fama,
los cansancios, el corazón de vacíos.
Lo único que sirve es la soledad,


el aislamiento, insular vida
sin nadie. Eso es lo mejor.
Sonido sin ecos, palabra sin fulgor.


Oír y escuchar, en silencio, el oído
gana. Así se salvará la libertad
despótica y ruidosa, escandalizada.


Esperas:

Es ella la que me hipnotiza en silencio.
Soy su víctima, su higo rojo, mesmerizado,
en silencio, como una planta, un cactus,


un libro abandonado, mudo, peor que cenizas,
un pecado verdadero, imperdonable y vulgar,
en la biblioteca vacía, en su penumbra.


Todo está en la voz, la nuca
tensa, el tono, el suave pronunciar. Sólo
eso salva a la literatura y su hundimiento.


Imágenes:

Agua marina limpia en el rostro
y un portal de fuego, evocan poesía
como espuma de mar, oleaje, aire fino.


La mujer rubia hablando a un espejo,
el gran rodete de oro sobre la espalda,
diciendo que no puede esperar más.


El puerto en calma, rojo al atardecer
como un incendio. A lo lejos un hombre
mueve algo negro con un palo, sin esfuerzo.


Mirando el agua, mirando la leche hervir,
la carne temblando. Interminable lectura, seca,
desesperada, los olvidados textos en la mano.


Así la facilidad enseña, torpe, tranquila.
Impide escribir sobre la duda y la certeza,
engendra la lectura seca, interminable.

Soledad – Elena Martín Vivaldi

Y era un silencio duro como piedra;
un silencio de siglos.
Era un silencio adusto, impenetrable;
un silencio sin venas.
Era un dolor de amor, hecho de largas
noches sin el amado.
Hecho de fieles manos que se tienden 
estremecidas, solas.
Era una voz dormida entre las sombras,
unas lágrimas secas.
Febril temblor de labios, una loca 
esperanza desierta.

Edifícame en piedra – Mariluz Escribano

Si mi voz no te alcanza
ahora que estás dormido,
recréame en el mundo
de tus mágicos sueños.
Olvida cómo soy,
edifícame en piedra
para que así tu puedas
vivirme eternamente.

Inscrita en tu memoria
por los siglos seré
amor indestructible,
inamovible roca enamorada y alta.

Si mi voz no te alcanza
puesto que estás dormido,
déjalo para luego.
Soy tan frágil ahora
que la lluvia me hiere.
Edifícame en piedra,
suéñame inalterable.

Cantar – Gabriel Celaya

Perdido entre las cosas		
mi corazón, mi corazón		
que toma el nuevo nombre		
de cada nuevo amor.		

Una sonrisa basta,		
un jazmín, un color		
para llevarse entero		
mi corazón, mi corazón.		

El mundo en vilo viene		
a ser en mi canción,		
a ser él mismo siendo		
en mí que ya no soy.		

¡Oh pasos en la nada!		
Mi corazón, mi corazón		
diciendo los mil nombres		
y olvidando mi voz.		

¡Oh tú, que yo recreo		
más puro en la canción,		
que ya no eres tú mismo		
como yo no soy yo!		

Se me va, peregrino,		
mi corazón, mi corazón,		
pero me queda, eterno,		
el hijo de mi amor.