Celebración del embarazo – Rafael Duarte

TU comienzo fue un hilo de peces momentáneos,
de anémonas crecidas en las algas del cuerpo.
Vegetal y marino ascendiste a la sangre,
secreto y empujado de esperanzas pacíficas.

En el fondo del lago cereal de la madre
una niebla redonda de ceras y de uvas
fue entornando su vientre de corolas esféricas
donde el mundo empezaba de nuevo su manzana.

Eras, hijo, una incógnita de eléctricos corales,
atolón de un cariño de grávidas cadenas.
El linaje encendido. Una isla en el gozo
rodeada de mares de escarcha y de misterio.

Tentaste un abanico de besos boreales,
conmoviste el sigilo de anchuras y caderas,
elevaste los pechos a los tallos del nácar
rizando los jazmines aéreos de la leche
al latir tu relámpago de harinas y de lunas.

Rocío frutal de carne pegujal del abrazo,
gramínea y aumentada primavera escondida,
aroma circundante de espirales ternuras,
en cúpula creciente del polen del deseo.

Nadie pudo arrancarme la rosa de tu júbilo,
ni diezmar tu presencia con temores impunes.
Nacerás porque vienes masticando la vida,
curvando la cintura en un arco de mimos,
consumación global de un deleite enlazado
por la raíz redonda, circular de tu espera.

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