A mi Ángel – María Zambrano

... Y no hay misterio
sólo trabajos, pesadumbre,
y esa amarga yerba.
Pero tú me conduces
y nada te pido.
Sí, quiero ser tus alas
caídas, ahora, llanto,
lluvia de lágrimas por mí.
Porque tú me lloras,
lloras mi no ser
porque me sientes amantísima a tu lado.
Soy tu fealdad, tu impotencia
extranjera a ti confiada.
Cómo te peso,
yo, la invisible,
soy tu piedra,
el aceite que unta tus alas,
tu rémora
y, en instantes infinitos,
tu desesperación.
¡Oh, Ángel!
¿Seré tu infierno?
Eterno retorno
de tu ligereza por mí aprisionada.
Como una oscura cosa
me ofrezco a tus pies
para ser quemada, ahumada,
víctima necesaria de tu libertad.
No me dejes existir, pues que te
peso.
Tú me mides,
soy tu irreductible,
¿hasta cuándo?,
tu condena.

Desnudez total – Idea Vilariño

Ya en desnudez total
extraña ausencia
de procesos y fórmulas y métodos
flor a flor,
ser a ser,
aún con ciencia
y un caer en silencio y sin objeto.

La angustia ha devenido
apenas un sabor,
el dolor ya no cabe,
la tristeza no alcanza.

Una forma durando sin sentido,
un color,
un estar por estar
y una espera insensata.

Ya en desnudez total
sabiduría
definitiva, única y helada.

Luz a luz
ser a ser,
casi en amiba,
forma, sed, duración,
luz rechazada.

Al pie de la letra – Rosario Castellanos

Desde hace años, lectura,
tu lento arado se hunde en mis entrañas,
remueve la escondida fertilidad, penetra
hasta donde lo oscuro —esto es lo oscuro: roca—
rechaza los metales con un chispazo lívido.

Plantel de la palabra me volviste.
No sabe la semilla de qué mano ha caído.
Allá donde se pudre
nada recuerda y no presiente nada.

La humedad germinal se escribe, sin embargo,
en la celeste página de las constelaciones.
Pero el que nace ignora, pues nacer es difícil
y no es ciencia, es dolor, la vida a los vivientes.

Lo que soñó la tierra
es visible en el árbol.
La armazón bien trabada del tronco, la hermosura
sostenida en la rama
y el rumor del espíritu en libertad: la hoja.

He aquí la obra, el libro.

Duerma mi día último a su sombra.

Voces – Juan Gelman

eugenio triste era un
triste que a veces preguntaba
si solamente era verdad
la lejanía el cierto olvido
más cierta la hoja seca que
el brote nuevo preguntaba
eugenio el harto mi reDiós
de tanta técnica o científica
o máquinas que nunca le
devolvieron la mujer muerta

de su mujer nacían números
otros abstractos sin calor
color olor o simple vida
a modo de ruido insolente
o gran saliva en el amor
o equivocadas dolorosas
las dos distancias que se ataban
o ardían sin cuidar el arte
del rizo o raso sobre el labio
sin cuidar fuegos como lujos

ah camarada en la tristeza
linda podrida del revés
le subían exactitudes
planetas ya vacíos como
los vestidos sin cuerpo donde
amarilleaban los aromas
los encuentros los desencuentros
que hubo o hubieron como hubiesen
o celebrando la pasión
o las porfías espantosas

eh camarada triste triste
eh triste eugenio raro es
el mundo el barro el río el tiempo
que te dio vuelta el rostro para
que te miraras el través
la espalda que latía bajo
el diente que le hincaron y
agujeritos como perros
que no respetan dioses se
cubren de dorados ungüentos

¿también a usted lo preocupaba
el rigor mortis conturbat me
a manera de perfección
de grande pájaro en su luz
quieto en innúmeras regiones
del corazón acomodado
mientras rumores en la noche
crecían como desamparos
y se desceñían los mirtos
que lo honraban especialmente?

ah caballadas del pesar
lo galoparon o dejándole
un gran polvo en la boca o
una verdad como una furia
o sea como una tristeza
le taparon el ojo del
alma como se dice y un
tajo hondo le dejaron donde
pasa volando el amor de oro
¡oh niño tierno ciego no!

con eugenio hicieron un vuelo
que buscaba una amiga dulce
para dormir para dormir
de las que ven la luz del sol
no tienen doble la salud
y fluyen como ríos como
los animales en su pico
gallos que anuncian la mañana
también para el silencio hay
una recompensa sin riesgo

¿cuándo levantarás un palo
con tu pedazo ya mitad
en los cajones de la cielo
y no apagando nunca lámparas
como cenizas triste triste
y de las manos te salieran
toda la ausencia como miel
la dolor como suave pájaro
la sufrimiento como mundo
y el adverbio con yerba encima?

así quisieron verte eugenio
los insectos alados que
por los caminos más oscuros
las algas viejas las ballenas
las dos maneras de la mar
los matrimonios instantáneos
buscan comer vírgenes suaves
goletas delirantes antes
de convertirse en sus retratos
como espectros los más humanos

ah pobres de la tierra nunca
terminarían de pagar
himnos que hacen brillar al sol
como bandidos que vigilan
viejos tesoros escondidos
puros terribles como plantas
curanderas del corazón
para el eugenio triste triste
al que jamás le devolvieron
la esposa muerta muerta muerta

ojos orejas para quién
boca nariz hacia qué carne
y así el eugenio se encerró
como rodeado de injusticias
se le caían astros antiguos
que él no iba a levantar
y una silencio lo envolvió
que lo hizo hablar por una vez
sin saber quién lo trajo o
como empezando su defensa

cuando sus palabras se hundieron
en la tierra que lo esperó
aún tuvo tiempo de mirar
la luz que le subía del pecho
afirmando que todo es muerte
afirmando que todo es vida
como una última mujer
o esposa con la que bajara
ya libres de escaleras por
lo que come a buenos y a malos

Luz sedienta – Jorge de Arco

CREPITAN esta noche entre mis manos
la luz sedienta,
el verbo amante,
la desnuda madeja de tu cuerpo...,
y a resguardo del sueño, resucito
la súbita avaricia de tu carne,
los jirones de luna diurna y nuestra.

Ahora,
la soledad reclama su lugar y su instante
y la misma agonía que respiran
las ruïnas recientes de mis párpados,
recorre los cimientos de este hogar,
de esta conciencia
de cal y llanto.

Me asomo al ventanal de la memoria
y la lenta alborada me devuelve
el río ardiente de tus pies descalzos.
Entonces, el pasado, pareciera
no haberse ido,
no haber disuelto
la amante ceremonia del gozo en nuestros labios.
Pero ya sin remedio tus palabras golpean
los resquicios del alma,
y el eco de tu voz
se derrama en la sábanas del tiempo
desde el instante aquel en que dijiste
«Mi corazón ya late en otra casa».

La matanza de los inocentes – Joaquín Antonio Peñalosa

NOS quedamos sin ojos
nos quedamos sin lágrimas
nos quedamos sin cara
la túnica rasgada por inútil
tibia todavía del sueño de los hijos
eran como higos de Jericó: su redondez y una gota de leche
los cortaron del tronco, fruta en agraz, desperdiciada
colgaban sus cabezas de pájaro, nerviosas, desplumadas
nos desgajaron, nos desollaron desde los huesos
nos rasparon la corteza
eran como reflejos nacidos de los mármoles
nos destruyeron como a Jerusalén, piedras de ruinas
ladrones de la especie, salteadores de bancos de sangre
dinastías a la mitad, estirpes dislocadas
lo que el amor edificó en nueve meses,
padre Abrán, noventa veces nueve derrumbado
las descendencias quedaron paralíticas
como los vientres
pobres perras judías aullamos por los cachorros
nos repegamos al muro
montón de noches, puñado de ceniza
cuando los soldados llegaron, ay
las cabezas de pájaro brincaban
nos podaron la raíz del llanto y del arrullo
queremos abrir la boca y bramamos
gargantas sin azúcar de tanto nido huérfano
estamos secas, cocidas a cal y sangre
cuando saltaban sus manos como granizos, secas
cisternas rotas, cedros astillados, secas
malditos los que cortáis las tribus
por espada por miedo por farmacias
si tenéis un hijo aborrecido, dádnoslo
paralítico retrasado mental o sordomudo
lo que vosotros llamáis una desgracia
dadnos esa desgracia
por las colinas aquella tarde los becerros bajaban
balaban a sus madres
nos quedamos sin ojos
nos quedamos sin lágrimas
nos quedamos sin cara.

Los nombres – Jorge Guillén

Albor. El horizonte
Entreabre sus pestañas
Y empieza a ver. ¿Qué? Nombres.
Están sobre la pátina

De las cosas. La rosa
Se llama todavía
Hoy rosa, y la memoria
De su tránsito, prisa,

Prisa de vivir más.
A lo largo amor nos alce
Esa pujanza agraz
Del Instante, tan ágil

Que en llegando a su meta
Corre a imponer Después!
Alerta, alerta, alerta,
Yo seré, yo seré

¿Y las rosas? Pestañas
Cerradas: horizonte
Final. ¿Acaso nada?
Pero quedan los nombres.

Nostalgia de mujer – Carmen Conde

Mil años ante Ti son como sueño.
Como de aguas el grosor de una avenida.
Hierba que en la mañana crece,
florece y crece en la mañana
aunque a la tarde es cortada y se seca.

¿Qué es el tiempo ante Ti, qué son los truenos
que blandes contra mí cuando me nombras?

Pavor siento a tu idea, te veo hosco
mirándome en la lumbre de tu Arcángel.
La espada Tú también, eres el filo
y el pomo que se aprieta con el puño.

Para verte a Ti mismo me has nacido.
Por no estar solo con tu omnipotencia.
Soy la nada, soy de tiempo, soy un sueño...
Agua que te fluye, hierba ácida
que cortas sin amor...

Tú no me quieres.

No sabe qué es amor quien no te ama,… – Lope de Vega

No sabe qué es amor quien no te ama,
celestial hermosura, esposo bello;
tu cabeza es de oro, y tu cabello.
como el cogollo que la palma enrama.

Tu boca como lirio que derrama
licor al alba; de marfil tu cuello;
tu mano el torno y en su palma el sello
que el alma por disfraz jacintos llama.

¡Ay Dios!, ¿en qué pensé cuando, dejando
tanta belleza y las mortales viendo,
perdí lo que pudiera estar gozando?

Mas si del tiempo que perdí me ofendo,
tal prisa me daré, que un hora amando
venza los años que pasé fingiendo.