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CREPÚSCULO DISTINTO – Juan Gelman

Ha caído el crepúsculo sobre la esquina
donde suelo esperarme con un violín.
(Una muchacha, sola de sonatina,
es en el aire una música gris.)

Pasan los infaltables pájaros tristes
que el crepúsculo inventa para que a mí…
(Y esa muchacha siempre sola en su música…
Y yo siempre esperándome con un violín…)

Pasan los niños, traen sobre la punta
de su alegría risas de ta te ti.
(Pienso que esa muchacha, sola en su música…
Pienso que en el crepúsculo, juan, mi violín…)

Pasan los hombres, luchan por su estatura,
por un pan milagroso de porvenir.
(¡ Pero, muchacha sola, deja tu música!
¡Pero, juan que me esperas, deja el violín!)
La vida es roja como la buena sangre.
Dura y alegre, nunca viste de gris.
Ven, muchacha, he llegado. Caminaremos.
(Deja atrás esa música triste.
Con mi juan, el del triste violín.)

NIÑO, tus cuatro letras de ternura
viven en mí.

Niño, seguramente naces cuando
el mar dice que sí.

Niño, te digo, voy por las orillas
de un alegre violín.

Llevo tus cuatro letras de ternura.
Viven en mí.

TÓCAME la mejilla por si encuentras
una humedad antigua y olvidada.
Es del tiempo en que quise ser caballo
para no ser fantasma.

Tócame la mejilla. Vamos, anda…

Una mujer y un hombre llevados por la vida… – Juan Gelman

Una mujer y un hombre llevados por la vida,
una mujer y un hombre cara a cara
habitan en la noche, desbordan por sus manos,
se oyen subir libres en la sombra,
sus cabezas descansan en una bella infancia
que ellos crearon juntos, plena de sol, de luz,
una mujer y un hombre atados por sus labios
llenan la noche lenta con toda su memoria,
una mujer y un hombre más bellos en el otro
ocupan su lugar en la tierra.

El juego en que andamos – Juan Gelman

Si me dieran a elegir, yo elegiría
esta salud de saber que estamos muy enfermos,
esta dicha de andar tan infelices.
Si me dieran a elegir, yo elegiría
esta inocencia de no ser un inocente,
esta pureza en que ando por impuro.
Si me dieran a elegir, yo elegiría
este amor con que odio,
esta esperanza que come panes desesperados.
Aquí pasa, señores,
que me juego la muerte.

Alza tus brazos… – Juan Gelman

Alza tus brazos,
ellos encierran a la noche,
desátala sobre mi sed,
tambor, tambor, mi fuego.

Que la noche nos cubra con una campana,
que suene suavemente a cada golpe del amor.

Entiérrame la sombra, lávame con ceniza,
cávame del dolor, límpiame el aire:
yo quiero amarte libre.

Tú destruyes el mundo para que esto suceda
tu comienzas el mundo para que esto suceda.

Gotán – Juan Gelman

Esa mujer se parecía a la palabra nunca,
desde la nuca le subía un encanto particular,
una especie de olvido donde guardar los ojos,
esa mujer se me instalaba en el costado izquierdo.

Atención atención yo gritaba atención
pero ella invadía como el amor, como la noche,
las últimas señales que hice para el otoño
se acostaron tranquilas bajo el oleaje de sus manos.

Dentro de mí estallaron ruidos secos,
caían a pedazos la furia, la tristeza,
la señora llovía dulcemente
sobre mis huesos parados en la soledad.

Cuando se fue yo tiritaba como un condenado,
con un cuchillo brusco me maté
voy a pasar toda la muerte tendido con su nombre,
él moverá mi boca por la última vez.

Fábricas del amor – Juan Gelman

Y construí tu rostro.
Con adivinaciones del amor, construía tu rostro
en los lejanos patios de la infancia.
Albañil con vergüenza,
yo me oculté del mundo para tallar tu imagen,
para darte la voz,
para poner dulzura en tu saliva.
Cuántas veces temblé
apenas si cubierto por la luz del verano
mientras te describía por mi sangre.
Pura mía,
estás hecha de cuántas estaciones
y tu gracia desciende como cuántos crepúsculos.
Cuántas de mis jornadas inventaron tus manos.
Qué infinito de besos contra la soledad
hunde tus pasos en el polvo.
Yo te oficié, te recité por los caminos,
escribí todos tus nombres al fondo de mi sombra,
te hice un sitio en mi lecho,
te amé, estela invisible, noche a noche.
Así fue que cantaron los silencios.
Años y años trabajé para hacerte
antes de oír un solo sonido de tu alma.