Eres un rosbif que he comprado
y te relleno con mi propia cebolla.
Eres un bote que he alquilado por horas
y te dirijo con rabia hasta hacerte encallar.
Eres un vaso que he pagado para romper
y trago los trozos con mi saliva.
Eres la chimenea en la que caliento mis temblorosas manos,
abrasando la carne hasta que esté rica y jugosa.
Apestas como mi Mamá debajo de tu sujetador
y vomito en tu mano como un jackpot
sus fríos y contantes centavos.